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Como Llegar a Isla Pasion Cozumel Desatando el Placer Prohibido

6292 palabras

Como Llegar a Isla Pasion Cozumel Desatando el Placer Prohibido

Estaba hasta la madre del pinche trabajo en el DF, con el jefe echándome carrilla todo el día y el tráfico que te hace querer aventarte de un puente. Una noche, sentada en mi depa con un mezcal en la mano, abrí la laptop y tecleé como llegar a isla pasion cozumel. Las fotos de playas turquesas, palmeras mecidas por la brisa y cuerpos aceitados bajo el sol me pegaron directo en las hormonas. Neta, necesitaba un escape. Compré boleto pa'l día siguiente: avión a Cancún, camión a Playa del Carmen y de ahí una lanchita exprés a Isla Pasion, ese paraíso chiquito frente a Cozumel que prometía aguas cristalinas y privacidad total.

El ferry zarpó al amanecer, el aire salado me azotó la cara y olía a mar y aventura. Me recargué en la barandilla, mi bikini rojo asomando bajo el pareo ligero, el viento jugando con mi pelo negro. Ahí lo vi: un wey moreno, alto, con músculos que se marcaban bajo la camiseta ajustada, ojos cafés intensos y una sonrisa que gritaba trouble. Se acercó con una cerveza en la mano.

¿Vas pa'la isla, guapa? Soy Marco, vivo allá. Si necesitas tips de como llegar a isla pasion cozumel sin perderte el chiste, aquí estoy.

Su voz grave, con ese acento yucateco ronco, me erizó la piel. Le seguí la corriente, coqueteamos mientras el barco cortaba las olas. ¿Qué chingados, Ana? ¿Un ligue de vacaciones? Ni madres, pero se ve cañón, pensé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas.

Al bajar en el muelle de madera, el sol ya calentaba como infierno, el arena blanca quemaba las plantas de los pies y el olor a coco y flores tropicales me invadió. Isla Pasion era un sueño: cabañas rústicas con techos de palapa, hamacas entre palmeras y playas donde no cabían ni diez personas. Marco me cargó la mochila sin pedir permiso, su mano rozando mi cintura. Puta madre, su piel está caliente.

Me instalé en mi cabaña frente al mar, tiré la maleta y me metí al agua. Nadé hasta que el cansancio se fue, el agua tibia abrazándome como un amante. Salí chorreando, el sol secándome la piel gota a gota. Ahí estaba él otra vez, con una cerveza fría y un pareo flojo que dejaba ver sus abdominales tallados.

Ven, échate aquí, dijo, palmeando la arena a su lado. Nos sentamos, platicando de la vida. Él era guía de snorkel, soltero, con historias de turistas locas que lo traían de corbata. Yo le conté de mi vida de oficinista estresada, de cómo como llegar a isla pasion cozumel fue mi salvación. La risa fluía fácil, sus ojos devorándome las curvas del bikini. El sol bajaba, tiñendo el cielo de naranja y rosa, el sonido de las olas rompiendo suave, como un susurro erótico.

La tensión creció cuando su mano rozó mi muslo "por accidente". ¿Le paro o sigo? Mi pulso se aceleró, el calor entre mis piernas ya no era solo del sol. Le miré fijo, mordiéndome el labio.

Marco, no seas pendejo. Si me tocas así, no me voy a quedar quieta.

Se rio bajito, su aliento cálido en mi cuello. ¿Y qué quieres hacer, reina? Su mano subió despacio, trazando círculos en mi piel sensible. El mundo se redujo a eso: su tacto áspero de manos trabajadas, el salitre pegado a mi piel, el olor a mar y hombre sudado. Lo jalé hacia mí, nuestros labios chocaron en un beso hambriento. Sabía a cerveza y sal, su lengua explorando mi boca con urgencia. Gemí contra él, mis uñas clavándose en su espalda.

Nos levantamos, tropezando hacia mi cabaña. La puerta se cerró con un golpe, la luz del atardecer filtrándose por las cortinas de bambú. Me quitó el bikini de un tirón, sus ojos brillando de deseo al ver mis tetas firmes, pezones duros como piedras. Estás de puta madre, Ana, murmuró, chupando uno mientras su mano bajaba a mi panocha ya empapada. Sus dedos gruesos me abrieron, frotando mi clítoris con maestría. ¡Ay, cabrón! grité, arqueándome, el placer eléctrico subiendo por mi espina.

Lo empujé a la cama, un colchón king con sábanas blancas que olían a limpio y lavanda. Le arranqué el pareo, su verga saltó libre, gruesa, venosa, apuntando al techo. Neta, qué pedazo de pito, pensé, lamiéndome los labios. La tomé en mi boca, saboreando su piel salada, el gusto almizclado de su pre-semen. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo, follándome la boca suave pero firme. El sonido de su respiración agitada, mis labios chupando húmedos, el golpeteo de su pulso en mi lengua... todo me volvía loca.

Me subí encima, restregando mi coño mojado contra su verga dura. Te quiero adentro, ya, le ordené. Él sonrió pícaro, guiándome. Deslicé despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme hasta el fondo. ¡Chingado, qué rico! Empujé mis caderas, cabalgándolo como una diosa, mis tetas botando con cada rebote. Sus manos amasaban mi culo, azotando suave, el sonido seco mezclándose con mis gemidos y el crujir de la cama.

El ritmo subió, sudor perlando nuestras pieles, resbaloso y caliente. Olía a sexo puro: mi jugo chorreando por sus bolas, su sudor masculino. Me volteó, poniéndome a cuatro, embistiéndome desde atrás con fuerza controlada. Cada estocada me pegaba en el útero, mi clítoris rozando la sábana. Más duro, wey, rómpeme, supliqué, perdida en el éxtasis. Él obedeció, su pelvis chocando contra mi culo, el slap-slap-slap resonando como tambores.

El orgasmo me cayó como avalancha. Grité su nombre, mi coño contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojando todo. Él se vino segundos después, llenándome con chorros calientes, gruñendo como animal. Colapsamos, jadeando, pieles pegadas, el corazón latiéndonos a mil.

Después, en la hamaca de la terraza, con una cerveza compartida y el mar susurrando, reflexioné. Buscar como llegar a isla pasion cozumel fue lo mejor que hice. Marco me besó la sien, su brazo fuerte alrededor de mi cintura. No era amor, pero era perfecto: puro placer, cero complicaciones. Mañana snorkel, más sexo, más risas. La vida en el DF podía esperar; aquí, en Isla Pasion, era reina de mis deseos.

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