Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Mi Pasion Desbordante Mi Pasion Desbordante

Mi Pasion Desbordante

6502 palabras

Mi Pasion Desbordante

La noche en el corazón de la Ciudad de México olía a tacos al pastor y a jazmín fresco de los puestos ambulantes. Caminaba por las calles empedradas de la Condesa, con el vestido rojo ceñido a mis curvas como una segunda piel, sintiendo el roce suave de la tela contra mis muslos. Me llamaba Ana, treinta años bien vividos, y esa noche neta que andaba con ganas de algo chido, de soltar la rutina de oficina que me tenía hasta la madre.

Entré al bar La Nueva Viga, un lugar con luces tenues y mariachi de fondo que te ponía la piel chinita. Ahí lo vi: Javier, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba trouble del bueno. Estaba en la barra, platicando con unos cuates, su camisa blanca arremangada dejando ver unos brazos fuertes, tatuados con un águila mexicana que me hizo imaginar cosas que no te cuento. Nuestras miradas se cruzaron, y sentí un cosquilleo en el estómago, como cuando comes chile y te sube el calor por todo el cuerpo.

¿Y si me acerco? Wey, ¿por qué no? Mi pasión por lo espontáneo me ha metido en cada lío sabroso de mi vida.

Me acerqué con una cerveza en la mano. "Órale, guapo, ¿me invitas una chela o qué?" le dije, juguetona. Él rio, esa risa grave que vibraba en mi pecho. "Claro que sí, preciosa. Soy Javier, y tú pareces la reina de la noche." Charlamos de todo: de lo padísimo que es vivir en el DF, de antojos de elotes en la calle, de cómo el skyline de Reforma nos hace sentir invencibles. Su voz era como terciopelo, rozando mis oídos, y cada vez que se inclinaba, olía a su colonia mixta con sudor fresco, un aroma que me humedecía sin permiso.

La tensión crecía con cada trago. Su rodilla rozó la mía bajo la mesa, un toque eléctrico que me erizó la piel. "Sabes, Ana, tienes unos ojos que me traen loco. Me dan ganas de perderme en ellos toda la noche." Mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Lo miré fijo, mordiéndome el labio. "Pues ven, carnal, que mi pasión no espera." Salimos del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra mi piel caliente, caminando hacia su depa en Polanco, riendo como pendejos enamorados del momento.

En su departamento, todo era lujo discreto: ventanales con vista a los reflectores del Ángel, una cama king size con sábanas de algodón egipcio que invitaban al pecado. Me quitó el vestido despacio, sus dedos callosos de quien trabaja con las manos trazando mi espalda, enviando ondas de placer desde la nuca hasta los pies. "Eres preciosa, Ana. Déjame adorarte." Su boca encontró mi cuello, besos húmedos que sabían a tequila reposado y menta, chupando suave hasta que gemí bajito.

Me recostó en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Sus manos exploraban mis pechos, apretando los pezones con esa presión perfecta que me hacía arquear la espalda. Olía a su excitación, ese musk masculino mezclado con el mío, dulce y salado. "Qué rico te sientes, wey. No pares." Bajó por mi vientre, lamiendo con lengua experta, hasta llegar a mi centro. Sentí su aliento caliente primero, luego su lengua danzando en mi clítoris, círculos lentos que me volvían loca. Mis caderas se movían solas, empujando contra su boca, el sonido de mis jugos y sus lamidas llenando la habitación como una sinfonía sucia.

Esta es mi pasión desbordante, la que me hace sentir viva, dueña de mi cuerpo y de este hombre que me come con hambre de lobo.

Lo jalé del pelo, "Ven aquí, cabrón. Quiero sentirte dentro." Se quitó la ropa rápido, su verga dura y gruesa saltando libre, venosa y lista. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso acelerado bajo mi palma, el calor que irradiaba. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, mirándolo a los ojos mientras lo chupaba profundo, garganta relajada para tomarlo todo. Él gruñía, "¡Pinche diosa! Me vas a matar." Ese poder me encendía más, saber que lo tenía jadeando por mí.

Me puse encima, cabalgándolo despacio al principio. Su grosor me llenaba por completo, estirándome delicioso, cada centímetro rozando mis paredes internas. El roce de su pubis contra mi clítoris era fuego puro. Aceleré, mis tetas rebotando, sudor perlando mi piel, goteando sobre su pecho. Él me agarraba las nalgas, amasándolas fuerte, guiando mis movimientos. "¡Sí, así, mami! Córrete para mí." El cuarto apestaba a sexo crudo, a pieles chocando, a gemidos roncos que salían de lo más hondo.

La intensidad subía como volcán en erupción. Cambiamos posiciones: él atrás, embistiéndome con fuerza controlada, su vientre chocando contra mi culo en palmadas sonoras. Sentía sus bolas golpeando mi clítoris, su mano en mi pelo tirando suave para arquearme. "Eres mi pasión, Ana. Mi todo esta noche." Mis paredes se contraían, el orgasmo acercándose como ola gigante. Grité cuando llegó, un estallido de placer que me dejó temblando, jugos chorreando por mis muslos. Él siguió, profundo, hasta que se tensó y se corrió dentro, chorros calientes llenándome, su gruñido en mi oreja como rugido de tigre.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su semen goteaba lento, mezclándose con el mío en las sábanas revueltas. Me besó la frente, suave, mientras el skyline brillaba afuera. "Qué chingón fue eso, ¿verdad?" le dije, riendo bajito. Él asintió, acariciando mi pelo. "La mejor noche de mi vida, reina."

Después, en la ducha, el agua caliente lavaba nuestros cuerpos pero no el recuerdo. Sus manos jabonosas resbalaban por mis curvas, reviviendo chispas. Nos secamos mutuamente, riendo de tonterías, compartiendo un porro de chocolate caliente que sabía a canela y hogar. De vuelta en la cama, platicamos hasta el amanecer: de sueños, de viajes a la playa en Oaxaca, de cómo la vida en México te da estas pasiones intensas que no se olvidan.

Mi pasión desbordante no era solo sexo; era esa conexión, ese fuego que Javier avivó en mí, recordándome que soy libre, sensual, invencible.

Al salir, el sol naciente pintaba las calles de dorado. Nos despedimos con un beso largo, prometiendo más noches así. Caminé de regreso, el cuerpo adolorido pero satisfecho, el vestido arrugado pero el alma plena. En el DF, las pasiones como esta son el verdadero elixir, el que te hace volver por más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.