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El Futbol Es Mi Pasion En Ingles Desnuda

6713 palabras

El Futbol Es Mi Pasion En Ingles Desnuda

El estadio Azteca rugía como un monstruo vivo, el olor a chela fría y sudor mezclado con el césped recién cortado me invadía las fosas nasales. El futbol es mi pasion, neta, desde que era un morrillo en el barrio viendo los partidos con mi carnal. Y a veces, pa' sonar chido, lo digo en ingles: soccer is my passion. Ese día, América contra Chivas, la cancha vibraba con cada grito de la afición. Me acomodé en mi asiento, la camiseta del Águila pegada al cuerpo por el calor agobiante de la Ciudad de México.

Ahí la vi. Sofia, con su playera ajustada del equipo, el cabello negro suelto ondeando como bandera en el viento, y unos ojos cafés que brillaban más que las luces del estadio. Estaba dos filas adelante, gritando goles con una pasión que me dejó clavado. ¿Qué onda con esta morra? pensé, mientras mi mirada se deslizaba por su piel morena, expuesta en shorts cortos que dejaban ver sus piernas torneadas. El corazón me latía no solo por el partido, sino por ella. Cuando el América metió el primero, se volteó y chocamos las manos. Su palma era cálida, suave, con un toque de sudor que me erizó la piel.

"¡Qué chido el juegazo, ¿verdad, carnal?", me dijo con una sonrisa pícara, su voz ronca cortando el ruido como un silbatazo.

"Neta, el futbol es mi pasion en ingles también, soccer is my passion", le contesté guiñando el ojo, y ella soltó una carcajada que me llegó al alma. Hablamos todo el partido, compartiendo chelas que sacamos de la hielera. Su perfume, un dulce mezclado con vainilla, se colaba entre los olores del estadio, volviéndome loco. Cada vez que se inclinaba, sentía el calor de su cuerpo cerca del mío, y mi mente ya volaba a lugares prohibidos.

Esta morra es fuego puro. Imagínate esas curvas en mis manos, su piel contra la mía, sudando no por el partido, sino por algo más intenso.

El silbatazo final llegó con victoria del América, y la euforia nos envolvió. "Vamos por unas chelas pa' celebrar", propuso ella, y no lo pensé dos veces. Salimos del estadio tomados de la mano, la multitud nos empujaba, pero su agarre era firme, prometedor. Caminamos hacia un antro cerca, el aire nocturno fresco contrastando con el bochorno anterior. En la barra, pedimos tequilas con limón y sal, y brindamos por la pasión compartida.

"¿Sabes? Yo también vivo pa'l futbol", confesó Sofia, lamiendo la sal de su mano con una lentitud que me secó la garganta. Sus labios rojos brillaban, y el tequila bajaba ardiente por mi pecho. Hablábamos de jugadores, de jugadas maestras, pero la conversación viraba. "Es como el sexo, ¿no? Todo es ritmo, fuerza, y ese momento de gol que te deja temblando". Sus palabras me prendieron, y puse mi mano en su rodilla, sintiendo el calor subir por su muslo. Ella no se apartó; al contrario, se acercó, su aliento con sabor a tequila rozando mi oreja.

La tensión crecía como un contragolpe letal. Salimos del antro, caminando por las calles iluminadas de la colonia. Mi departamento estaba cerca, y la invité sin rodeos. "Ven, sigamos el partido en mi casa, tengo pantallas grandes y más chelas". Ella aceptó con un beso fugaz en la mejilla que me dejó la piel ardiendo. En el elevador, ya no aguanté: la besé. Sus labios eran suaves, jugosos, con ese regusto salado del tequila. Sus manos en mi nuca, tirando de mi cabello, y yo presionándola contra la pared, sintiendo sus pechos firmes contra mi torso. El ding del elevador nos separó, pero la promesa colgaba en el aire.

Adentro, la luz tenue del depa iluminaba su silueta. Puse música de fondo, cumbia rebajada pa' el mood, y nos sentamos en el sofá. Sus dedos jugaban con el borde de mi camiseta, y yo le quité la playera despacio, revelando un brasier negro que acentuaba sus curvas perfectas. Qué chingón su cuerpo, pensé, mientras besaba su cuello, inhalando su aroma a sudor limpio y deseo. Ella gemía bajito, "No seas pendejo, quítate todo", y me jaló la ropa con urgencia.

Su piel es como el balón perfecto, suave pero firme, lista pa' ser controlada, dominada, pero con rebote propio que te sorprende.

Nos desnudamos mutuamente, explorando con manos ansiosas. La llevé a la cama, su cuerpo desnudo brillando bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. La acosté boca arriba, besando cada centímetro: sus pezones duros como piedras preciosas, su vientre plano temblando bajo mi lengua. Ella arqueaba la espalda, sus uñas clavándose en mis hombros, dejando marcas que dolían rico. "Más, cabrón, dame más", susurraba, y yo bajé a su entrepierna, donde el olor almizclado de su excitación me volvía loco. Lamí despacio, saboreando su humedad salada, dulce, mientras sus caderas se movían al ritmo de mi boca.

La tensión era insoportable, como esperar el penal en la final. Me subí encima, frotándome contra ella, nuestros sexos chocando con sonidos húmedos. "Entra ya, pendejo", rogó, y lo hice, despacio al principio, sintiendo su calor apretado envolviéndome. Era puro éxtasis, su interior pulsando, caliente, resbaloso. Empezamos lento, como un juego de posiciones, pero pronto el ritmo se aceleró: embestidas profundas, piel contra piel chapoteando, sus gemidos mezclados con los míos. Sudábamos, el olor a sexo llenaba la habitación, sus pechos rebotando con cada golpe. La volteé, ella arriba, cabalgándome como una amazona en la cancha, sus caderas girando, controlando el balón. Agarré sus nalgas firmes, guiándola, mientras ella gritaba mi nombre.

El clímax se acercaba como el silbato final. La puse de perrito, admirando su espalda arqueada, el sudor perlado en su piel. Entré fuerte, mis manos en sus caderas, sintiendo sus músculos contraerse. "¡Sí, así, no pares!", aullaba, y yo no podía más. El orgasmo nos golpeó juntos: ella temblando, apretándome como un guante, yo explotando dentro, chorros calientes llenándola. Caímos exhaustos, jadeando, el corazón retumbando como tambores en el estadio.

En el afterglow, nos abrazamos, piel pegajosa, el sabor de ella aún en mi boca. "El futbol es mi pasion en ingles", murmuré riendo, "pero tú... tú eres mi nueva adicción". Ella se acurrucó contra mi pecho, su cabeza en mi hombro, el pulso calmándose. Hablamos bajito de futuros partidos, de vernos en la siguiente, pero sabíamos que esto era más que un gol: era un campeonato entero de pasión.

La mañana llegó con sol filtrándose, su cuerpo desnudo entrelazado al mío. Besé su frente, oliendo su cabello revuelto, y supe que el futbol seguía siendo mi pasion, pero ahora compartida, desnuda, en ingles y en español, con ella.

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