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La Pasion de Cristo Online Latino Gratis Desnuda el Alma

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La noche caía sobre el DF como un manto caliente y pegajoso, de esos que te hacen sudar hasta el alma. Tú y tu morra, Karla, estaban tirados en el sillón de la sala, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a tacos de suadero flotando desde la cocina. Habían cenado chido, con chelas frías, y ahora no sabían qué pedo hacer. Neta, la tele no jalaba nada interesante, y Netflix ya les había exprimido todo.

"Wey, ¿por qué no vemos una película bien intensa?", dijiste, rascándote la barba mientras Karla se acurrucaba contra tu pecho, su piel morena oliendo a vainilla y sudor dulce. Ella levantó la cara, con esos ojos cafés que te ponían cachondo de volada, y sonrió pícara. "Algo que nos prenda, carnal. Búscame la pasión de cristo online latino gratis, esa que vi de morrilla y me dejó marcada".

Tú asentiste, sintiendo ya el cosquilleo en la verga al imaginarla impactada. Sacaste el laptop, lo pusiste en la mesita de centro, y en dos minutos ya estabas en un sitio turbio con el video cargando. "Listo, mi reina. La pasión de cristo online latino gratis, en latino puro pa' que se sienta el dolor y la pasión hasta los huesos". El cuarto se oscureció más, solo la luz azulada de la pantalla iluminando sus cuerpos entrelazados.

Al principio, era puro drama heavy: Jesús cargando la cruz, el sudor chorreando por su piel castigada, los clavos hundiéndose con ese sonido crujiente que te erizaba la piel. Karla se apretó más contra ti, su mano deslizándose por tu playera, rozando tu pezón.

¿Por qué carajos esto me prende tanto?
pensaste, mientras el corazón te latía fuerte como tambor en fiesta. El aire se cargaba de electricidad, el zumbido del refri en la cocina parecía lejano, y el aroma de su excitación empezaba a mezclarse con el de la cena.

En la pantalla, María lloraba, su rostro contorsionado en agonía y amor puro. Karla suspiró hondo, su aliento caliente contra tu cuello. "Mira cómo sufre por amor, pendejo. Me hace pensar en lo que yo daría por ti". Sus dedos bajaron por tu abdomen, jugueteando con el botón del pantalón. Tú sentiste el pulso acelerado en tu entrepierna, la tela tensándose. La pasaste a ella por la nalga, firme y redonda bajo los shorts de mezclilla, apretando suave. Chin, su piel ardía como brasa.

La película avanzaba, los latigazos resonando como chasquidos en el cuarto silencioso. Cada golpe hacía que Karla se mordiera el labio, sus tetas subiendo y bajando rápido. Tú ya no veías la pantalla del todo; tu mundo era su muslo rozando el tuyo, el calor húmedo entre sus piernas que se filtraba hasta ti. "Apágalo un rato", murmuró ella, voz ronca como miel quemada. Pero no, querías que la tensión creciera, como esa cruz pesada que Jesús arrastraba.

Acto seguido, el clavo en la mano: el grito gutural, la sangre caliente salpicando. Karla jadeó, y su mano se coló dentro de tus boxers, envolviendo tu verga dura como fierro. ¡Órale! El tacto era puro fuego, su palma suave lubricada por el pre-semen que ya chorreaba. Tú gemiste bajito, el sonido ahogado por el diálogo en latino: "¡Padre, perdónalos!". Tu dedo índice trazó la costura de sus shorts, presionando el clítoris hinchado. Ella arqueó la espalda, el sillón crujiendo bajo su peso.

Esto es pecado, pero qué rico pecado
, pensaste, mientras la película seguía su curso de sufrimiento y redención. Karla se giró a medias, besándote con lengua hambrienta, saboreando a cerveza y picante. Sus labios carnosos chupaban los tuyos, dientes rozando, saliva mezclándose dulce y salada. Olía a su perfume barato pero adictivo, mezclado con el almizcle de su coño mojado que ya empapaba la tela.

La quitaste los shorts de un jalón, exponiendo su calzón de encaje negro, empapado. Tus narices se llenaron de ese olor terroso, femenino, que te volvía loco. Ella te desabrochó el pantalón, liberando tu pito tieso, venoso, latiendo al aire fresco. "Métemela ya, cabrón", suplicó, pero tú la frenaste, queriendo alargar el martirio como en la peli. Le besaste el cuello, lamiendo el sudor salado, bajando a sus tetas perfectas, pezones duros como piedras de obsidiana.

Chupaste uno, tirando suave con los dientes, mientras tu mano exploraba su raja resbalosa. Dos dedos adentro, curvados, tocando ese punto que la hacía gritar. "¡Ay, pendejo, sí ahí!" El sonido era obsceno: chapoteo húmedo, sus jugos chorreando por tu muñeca. La pantalla seguía, Jesús en la cruz, el sol quemando su piel, y Karla se retorcía igual, sudando, gimiendo en eco.

La tensión era insoportable ahora, como un látigo restallando en tu espalda. La volteaste boca abajo en el sillón, nalga en pompa, invitándote. El olor de su culo y coño te golpeó como ola, embriagador. Te posicionaste, la verga rozando sus labios vaginales hinchados, untándose de ella. "Entra despacio, mi amor", pidió, voz temblorosa. Empujaste, centímetro a centímetro, sintiendo las paredes calientes apretándote, succionándote. Neta, era paraíso húmedo, aterciopelado.

Empezaste a bombear lento, el sillón rechinando rítmico, piel contra piel en palmadas suaves al inicio. Ella empujaba hacia atrás, clavándose más, sus gemidos subiendo como la música de la peli. "¡Más fuerte, como si me crucificaras de placer!" Aceleraste, el sudor goteando de tu frente a su espalda, mezclándose con el de ella. El cuarto apestaba a sexo crudo: semen, jugos, sudor. Tus bolas golpeaban su clítoris, enviando chispas por su espina.

En la pantalla, el último aliento de Jesús, pero ustedes estaban en su propia pasión eterna. Karla se corrió primero, convulsionando, el coño estrujándote como puño, chorros calientes salpicando tus muslos. "¡Me vengo, wey, no pares!" Tú la seguiste, gruñendo como bestia, descargando chorros espesos dentro, llenándola hasta rebosar. El mundo se volvió blanco, pulsos retumbando en oídos, músculos temblando.

Colapsaron juntos, la película olvidada pausada en negro. Karla se giró, besándote perezosa, el semen goteando entre sus piernas sobre el sillón. "Esa la pasión de cristo online latino gratis nos prendió cañón, ¿verdad?". Reíste, acariciando su pelo revuelto, oliendo a victoria y amor sucio. El aire se enfrió un poco, pero sus cuerpos seguían calientes, pegados. En ese momento, sentiste que habíais redimido algo profundo, una pasión que no necesitaba cruz, solo carne y deseo puro.

Se quedaron así, respirando hondo, el zumbido del mundo regresando lento. Mañana sería otro día de pinche rutina, pero esta noche, gracias a esa búsqueda loca, habían tocado el cielo con las manos... y otras partes.

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