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Abismo de Pasion Capitulo162

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Abismo de Pasion Capitulo162

El sol del atardecer en Mazatlán teñía el cielo de tonos naranjas y rosados, filtrándose por las cortinas de gasa de la villa frente al mar. Tú, Elisa, habías llegado esa tarde desde la Ciudad de México, con el corazón latiendo como tambor en un carnaval. Hacía meses que no veías a Marco, tu amante secreto, ese macho que te volvía loca con solo una mirada. El aire olía a sal marina y jazmín del jardín, y el rumor constante de las olas chocando contra la playa te erizaba la piel de anticipación.

Marco te esperaba en la terraza, recargado en la barandilla, con una camisa blanca desabotonada que dejaba ver su pecho moreno y musculoso, bronceado por horas en la playa. Sus ojos negros te devoraron en cuanto cruzaste la puerta. ¡Órale, mi reina! ¿Ya llegaste a jalarme el alma? dijo con esa voz ronca, su sonrisa pícara iluminando su rostro curtido. Te acercaste, sintiendo el calor de su cuerpo antes de tocarlo, el aroma de su loción mezclada con sudor fresco invadiendo tus sentidos.

Esto es lo que necesitaba, güey. Su presencia me hace sentir viva, como si el mundo entero se redujera a este momento.
pensaste mientras lo abrazabas, tus pechos presionándose contra él. Sus manos grandes bajaron por tu espalda, deteniéndose en tus caderas con una posesión suave pero firme. Te extrañé tanto, Elisa. Cada noche soñaba con tu piel, con tu sabor. murmuró en tu oído, su aliento cálido haciendo que un escalofrío te recorriera la espina dorsal.

Entraron a la sala, donde la televisión estaba encendida en el canal de telenovelas. Justo empezaba Abismo de Pasión, el capítulo 162, esa historia de amores imposibles que tanto les gustaba ver juntos antes de perderse en sus propios abismos. Se sentaron en el sofá amplio, tú recargada en su hombro, su brazo alrededor de tu cintura. La protagonista gemía en la pantalla, atrapada en un beso apasionado, y tú sentiste un cosquilleo entre las piernas. Mira nomás, como nosotros, ¿no? Ese abismo de pasión capítulo162 que nos tiene locos. bromeó Marco, su mano subiendo despacio por tu muslo, bajo la falda ligera que traías.

El roce de sus dedos callosos en tu piel suave fue eléctrico. Cerraste los ojos, inhalando su olor masculino, ese mezcla de mar y deseo que te embriagaba. Simón, amor. Pero el nuestro es más intenso, más real. respondiste, girándote para besarlo. Sus labios carnosos se apoderaron de los tuyos, la lengua explorando con hambre contenida, saboreando el dulce de tu gloss de fresa. El beso se profundizó, sonidos húmedos llenando el aire mientras sus manos desabotonaban tu blusa, liberando tus senos llenos que se endurecieron al contacto con el fresco de la brisa marina.

La tensión crecía como una ola acercándose. Marco te levantó en brazos sin esfuerzo, llevándote a la recámara donde la cama king size con sábanas de algodón egipcio los esperaba. Te depositó con gentileza, sus ojos fijos en ti como si fueras un tesoro. Eres tan chida, Elisa. Tu cuerpo me vuelve pendejo de puro antojo. gruñó, quitándose la camisa para revelar su torso esculpido, el vello oscuro bajando hasta su abdomen marcado. Tú te incorporaste, lamiendo sus pezones salados, sintiendo su verga endurecerse contra tu vientre a través del pantalón.

¡Qué rico su sabor! Sudor y hombre, puro néctar que me hace mojarme entera.
El calor entre tus piernas era insoportable, tu clítoris palpitando con necesidad. Le bajaste el zipper con dientes, liberando su miembro grueso y venoso, que saltó erecto, goteando precúm transparente. Lo tomaste en tu mano, sintiendo su pulso acelerado, el calor irradiando. ¡Ay, Marco! Está tan dura por mí. susurraste, lamiendo la punta, saboreando su esencia salada y ligeramente amarga.

Él gimió profundo, un sonido gutural que vibró en tu pecho. Mamacita, no pares. Chúpamela como solo tú sabes. Te arrodillaste, engulléndolo centímetro a centímetro, tu lengua girando alrededor del glande mientras tus manos masajeaban sus bolas pesadas. El olor almizclado de su excitación te mareaba, el sonido de su respiración agitada y tus arcadas suaves llenando la habitación. Marco enredó sus dedos en tu cabello largo, guiándote con ternura, sus caderas moviéndose al ritmo de tu boca hambrienta.

Pero querías más. Te levantaste, quitándote la tanga empapada, revelando tu concha hinchada y rosada, jugos brillando en la luz tenue. Ahora tú, mi rey. Come mi panocha hasta que grite. Lo empujaste a la cama, montándote en su cara. Su lengua ávida se hundió en ti, lamiendo de abajo arriba, chupando tu clítoris con maestría. Sentiste cada roce como fuego líquido: el roce áspero de su barba en tus muslos internos, el sabor de tu propia excitación en su boca cuando te besó después. ¡Qué neta deliciosa sales, Elisa! Dulce como mango maduro. jadeó entre lamidas.

La intensidad escalaba. Tus jugos corrían por su barbilla, tus pezones duros rozando su pecho mientras te frotabas contra su rostro. Internamente, luchabas con el recuerdo de las separaciones pasadas, el miedo a que este abismo de pasión los consumiera.

Pero qué chido es caer juntos. No hay vuelta atrás, y no quiero.
Marco te volteó, posicionándose entre tus piernas abiertas. Su verga rozó tu entrada, untándose en tus fluidos, el glande presionando despacio.

¿Me quieres adentro, amor? Dime que sí. preguntó, sus ojos buscando los tuyos para confirmar. Sí, métemela toda. Hazme tuya en este abismo de pasión capítulo162. respondiste, arqueando la espalda. Empujó lento, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El placer era abrumador: su grosor llenándote, las venas frotando tus paredes sensibles, el sonido chapoteante de vuestros sexos uniéndose. Empezó a bombear, primero suave, luego más fuerte, sus bolas golpeando tu culo con cada embestida.

El sudor perlaba sus cuerpos, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Tú clavabas las uñas en su espalda, dejando marcas rojas, gimiendo ay sí, más duro. Él te besaba el cuello, mordisqueando, susurrando Eres mi vicio, mi todo. Cambiaron posiciones: tú encima, cabalgándolo como amazona, tus tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando pezones. El clímax se acercaba, tu vientre contrayéndose, el placer acumulándose en espiral.

¡Me vengo, Marco! ¡No pares! gritaste, el orgasmo explotando en oleadas, tu concha apretándolo como puño, chorros de squirt mojando sus abdominales. Él rugió, embistiendo salvaje, ¡Yo también, reina! ¡Toma mi leche! Su verga palpitó, inundándote con chorros calientes y espesos, el exceso goteando por tus muslos. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados, el corazón de él latiendo contra tu pecho.

En el afterglow, el mar susurraba afuera, suaves brisas secando el sudor. Marco te acarició el cabello, besando tu frente. Esto es nuestro paraíso, Elisa. Cada capítulo mejor que el anterior. Tú sonreíste, sintiendo plenitud profunda.

En este abismo de pasión, capítulo162, encontramos nuestro hogar eterno.
Se quedaron así, envueltos en paz sensual, listos para lo que el destino trajera después.

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