Pasión Sarah Brightman y Fernando Lima Letra de Piel
Valeria se recostó en el sofá de su departamento en la Zona Rosa de Guadalajara, con el calor de la tarde mexicana aún flotando en el aire. El sol se colaba por las cortinas entreabiertas, tiñendo todo de un naranja suave que hacía brillar su piel morena. Había pasado la mañana tarareando esa canción que no le salía de la cabeza, Pasión de Sarah Brightman y Fernando Lima. "Qué chingonería", pensó, mientras sacaba su celular y buscaba pasión sarah brightman y fernando lima letra. Las palabras en la pantalla la envolvieron como un susurro: "En tus brazos me entrego, pasión que quema...". Su cuerpo se erizó solo de leerlas.
Marco llegó puntual, con esa sonrisa pícara que siempre la desarmaba. Traía una botella de tequila reposado y unos tacos de carnitas de la taquería de la esquina, el olor a cebolla asada y cilantro fresco invadiendo el espacio. "¡Mamacita, qué buena pinta traes!", le dijo él, besándola en la mejilla, su barba raspando deliciosamente su piel. Valeria lo miró de arriba abajo, notando cómo su camisa ajustada marcaba los músculos de su pecho, y sintió un cosquilleo entre las piernas. "Ven, ponte cómodo, neta que hoy quiero algo especial", murmuró ella, guiándolo al sofá.
Encendió la bocina Bluetooth y dio play a la canción. La voz etérea de Sarah Brightman llenó la habitación, entrelazándose con la pasión grave de Fernando Lima.
¿Por qué esta letra me prende tanto? Como si me hablaran directo al alma... o al cuerpo, pensó Valeria, mientras Marco se acercaba, sus manos grandes posándose en su cintura. Bailaron despacio, el ritmo latino de la melodía guiando sus caderas. El aroma de su colonia, mezclado con el tequila que acababa de servirse, la mareaba. Sus pechos rozaban el torso de él con cada movimiento, y ella notó cómo su verga empezaba a endurecerse contra su muslo.
"Esta rola es puro fuego, ¿verdad?", susurró Marco en su oído, su aliento cálido enviando ondas de placer por su espina. Valeria asintió, girándose para mirarlo a los ojos. "Sí, carnal, pasión sarah brightman y fernando lima letra es como un afrodisíaco. Me dan ganas de comerte vivo". Se rieron bajito, pero la tensión crecía. Sus labios se encontraron en un beso lento, saboreando el tequila en la lengua del otro. Ella metió las manos por debajo de su camisa, sintiendo la piel caliente, los abdominales firmes que se contraían bajo sus uñas.
El beso se profundizó, las lenguas danzando como las voces de la canción que seguía sonando de fondo. Marco la levantó en brazos sin esfuerzo, llevándola a la recámara. La cama king size los esperaba, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. La depositó con cuidado, pero ella lo jaló hacia abajo, quitándole la camisa de un tirón. "¡Quítate todo, pendejo, quiero verte desnudo!", exigió juguetona, y él obedeció, riendo. Su pecho ancho, cubierto de vello oscuro, la hizo salivar. Bajó la mirada a su bóxer, donde la erección palpitaba, marcada como una promesa.
Valeria se incorporó para desvestirse ella misma, despacio, provocándolo. Se quitó la blusa, dejando ver su brasier de encaje negro que apenas contenía sus tetas llenas. El sonido de la cremallera de su falda bajando fue como un susurro erótico. Marco tragó saliva, sus ojos devorándola. "Eres una diosa, Vale, neta que me vuelves loco". Ella se acercó gateando sobre la cama, el colchón hundiéndose bajo sus rodillas, y le bajó el bóxer con los dientes. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, con una gota de precum brillando en la punta. El olor almizclado de su excitación la golpeó, embriagador.
¡Chingado, qué rica está su pija! Quiero saborearla toda, pensó, antes de lamerla desde la base hasta la cabeza, sintiendo el pulso acelerado bajo su lengua. Marco gimió, enredando los dedos en su cabello largo. "¡Así, mi reina, chúpamela rico!". Ella lo hizo, succionando con hambre, el sabor salado explotando en su boca. La canción llegaba a su clímax, las voces elevándose: "¡Pasión! ¡Enciende mi ser!". Valeria sintió su concha humedecerse más, el jugo resbalando por sus muslos.
Marco la volteó con gentileza, quitándole el brasier y las panties. Sus pezones duros como piedras se erizaron al aire fresco de la habitación. Él los lamió, mordisqueando suave, mientras una mano bajaba a su entrepierna. Sus dedos encontraron su clítoris hinchado, frotándolo en círculos que la hicieron arquear la espalda. "Estás empapada, preciosa, ¿todo esto por la rola?", bromeó él, metiendo un dedo dentro de ella. El sonido húmedo de su chucha siendo penetrada llenó el cuarto, mezclado con sus jadeos. "¡Sí, cabrón, y por ti! Métemela ya, no aguanto".
Pero él no se apresuró. Quería saborearla primero. Bajó la cabeza entre sus piernas, inhalando su aroma dulce y salado. Su lengua trazó la raja de su concha, deteniéndose en el botón sensible. Valeria gritó de placer, sus caderas moviéndose solas contra su boca. Lamida chupa lame, el ritmo de la canción parecía dictar sus movimientos. Él chupaba su clítoris con succión perfecta, dos dedos curvándose dentro de ella, tocando ese punto que la volvía loca. El sudor perlaba sus frentes, el calor de sus cuerpos fundiéndose. "¡Me vengo, Marco, no pares!", suplicó, y el orgasmo la atravesó como un rayo, sus paredes contrayéndose alrededor de sus dedos, jugos salpicando su barbilla.
Marco se posicionó encima, su verga rozando la entrada de su coño aún palpitante. "Dime si quieres que te coja, mi amor", pidió, siempre atento. "¡Sí, métela toda, hazme tuya!", respondió ella, envolviendo las piernas alrededor de su cintura. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron al unísono, el sonido grave de él uniéndose al agudo de ella. Se quedó quieto un momento, mirándola a los ojos.
Esto es puro amor, pura pasión, como esa letra que tanto le gusta, pensó él.
Empezaron a moverse, lento al principio, sintiendo cada roce, cada vena de su pija masajeando sus paredes internas. El slap slap de piel contra piel se aceleró, sus respiraciones entrecortadas. Valeria clavó las uñas en su espalda, dejando marcas rojas que él adoraría después. "¡Más fuerte, chulo, cógeme como animal!", lo urgió, y él obedeció, embistiéndola con fuerza, sus bolas golpeando su culo. El olor a sexo impregnaba el aire, sudor, fluidos, pasión cruda. La canción se repetía en loop, las letras flotando: "Tu pasión me consume...".
Valeria sintió el segundo orgasmo construyéndose, una ola imparable. "¡Córrete conmigo, Marco, lléname!", jadeó. Él gruñó, su ritmo volviéndose errático. "¡Ya voy, preciosa!". Se vinieron juntos, ella apretándolo como un puño, ordeñando su leche caliente que brotaba en chorros dentro de ella. El placer los cegó, cuerpos temblando, pulsos latiendo al unísono. Marco se derrumbó sobre ella, besando su cuello sudoroso.
Se quedaron así un rato, enredados, la canción fading out suavemente. Valeria acarició su cabello, sintiendo la paz post-orgásmica. "Esa pasión sarah brightman y fernando lima letra nos prendió de verdad, ¿eh?", murmuró riendo bajito. Marco levantó la cabeza, besándola tierno. "Tú eres mi pasión, Vale. Siempre". Se acurrucaron bajo las sábanas revueltas, el tequila olvidado en la sala, el mundo afuera irrelevante. En ese momento, todo era perfecto, un eco eterno de deseo satisfecho.