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Pasión Púrpura Planta

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Pasión Púrpura Planta

En mi depa de la Roma Norte, con vista al Parque México, siempre he tenido un balcón lleno de plantas que me roban el aliento. Pero ninguna como la Pasión Púrpura Planta. La compré hace unas semanas en el Mercado de Medellín, de un tipejo con ojos brillosos que juraba que era una rareza de Oaxaca, una planta que despierta lo más primitivo del alma. Sus hojas carnosas, veteadas de morado intenso, y esas flores que se abren como labios hinchados bajo la luna, exhalando un aroma dulzón, como miel mezclada con algo prohibido. Cada vez que paso los dedos por sus pétalos aterciopelados, siento un cosquilleo que me sube por los brazos hasta el pecho.

Hoy, el sol del atardecer tiñe todo de oro líquido, y la planta parece vibrar. ¿Será que hoy por fin funcione su magia? pienso mientras riego sus raíces. Luis, mi carnal de cuatro años, llega en un rato. Últimamente, la rutina nos ha enfriado un poco: trabajos de la chingada, cenas rápidas, sexo mecánico. Quiero encenderlo, hacerlo arder como al principio, cuando no podíamos quitarnos las manos de encima.

La puerta suena, y ahí está él, con su camisa desabotonada mostrando ese pecho moreno que tanto me gusta. "¡Órale, nena! ¿Qué onda con tanto verde?" dice riendo, abrazándome fuerte. Su olor a colonia fresca y sudor del metro me envuelve, y ya siento el calor entre las piernas.

"Mira esto, wey", le digo, jalándolo al balcón. "La Pasión Púrpura Planta. El vato del mercado dijo que su infusión es como Viagra natural, pero para el alma. ¿Te animas a probarla?"

Luis arquea la ceja, juguetón. "¿No mames, Ana? ¿Y si nos pone como locos? Suena chido, pero si me sales con que sabe a pura tierra..."

Me río, cortando unas hojas tiernas. Las pongo en agua hirviendo, y el vapor sube cargado de ese perfume embriagador: jazmín salvaje con un toque almizclado, como piel caliente después de bailar salsa. Agrego miel de maguey y limón, para endulzarlo. Mientras se infusiona, nos sentamos en las sillas de mimbre, con cervezas frías. El bullicio de la calle sube: cláxones, risas de parejitas, un mariachi lejano. Sus manos en mis muslos me hacen suspirar.

"Estás cañona hoy, ¿eh?" murmura, besándome el cuello. Su aliento tibio me eriza la piel.

Le paso la taza humeante. "Salud por la pasión, pendejo." Bebemos despacio. El sabor es tierra viva, dulce-amargo, con un picor que baja ardiente por la garganta y se expande en el vientre como fuego lento. Al principio, nada. Charlamos de pendejadas: su jefe culero, mi novela nueva. Pero luego... el mundo se afina. Los colores se intensifican, el morado de la planta brilla como amatista bajo el sol poniente. Siento mi piel hipersensible, cada roce de mi blusa contra los pezones como una caricia eléctrica.

La Pasión Púrpura Planta está obrando. Siento el pulso en mis venas, latiendo más fuerte, más abajo.

Luis deja la taza, sus pupilas dilatadas. "Chin... esto es otra cosa. Te veo... tan viva." Su voz ronca, mano subiendo por mi falda. No resisto; abro las piernas un poco, invitándolo. Nuestros labios se encuentran, su lengua sabe a limón y deseo crudo. El beso es voraz, dientes rozando, saliva mezclándose con el sabor de la planta. Gimo bajito, el sonido perdido en el viento que mece las hojas.

Lo jalo adentro, al cuarto. La cama king size nos espera, sábanas blancas revueltas. Me quita la blusa con urgencia, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios bajan, chupando un pezón duro como piedra, la lengua girando en círculos que me arquean la espalda. Su boca... tan caliente, tan húmeda. Huele a su piel salada, a feromonas amplificadas por la infusión. Mis uñas se clavan en su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa que arranco.

"Te quiero ya, Luis. Fóllame como en Xochimilco, cuando no parábamos." Mi voz sale jadeante, empoderada. Él gruñe, "Sí, mi reina. Eres fuego puro." Sus dedos bajan mi tanga, rozando mi clítoris hinchado. Estoy empapada, el olor de mi excitación llena la habitación, almizcle dulce como la planta. Introduce dos dedos, curvándolos justo ahí, el spot que me hace ver estrellas. Gimo fuerte, caderas moviéndose solas, el sonido húmedo de mi coño chupando sus dedos como música obscena.

Lo empujo a la cama, montándolo. Su verga dura como roble, venosa, palpitante en mi mano. La acaricio despacio, sintiendo el calor, la piel sedosa sobre acero. Baja presemen, salado en mi lengua cuando la pruebo. Me posiciono, rozándola contra mis labios vaginales, lubricándonos mutuamente. Esto es mío. Lo controlo. Bajo despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome deliciosamente. Llenándome hasta el fondo. Ambos gemimos, el slap de piel contra piel inicia el ritmo.

El mundo se reduce a sensaciones: su pecho sudoroso bajo mis palmas, resbaloso y cálido; el roce de mis muslos contra sus caderas; el olor mezclado de sexo, planta y noche cayendo. Acelero, rebotando, tetas saltando. Él agarra mi culo, amasándolo, un dedo rozando mi ano en promesa. "¡Más duro, cabrón!" exijo, y obedece, embistiéndome desde abajo con fuerza animal. El placer sube en olas, tensión coiling en mi vientre como resorte.

La Pasión Púrpura Planta nos ha transformado. Somos bestias, pero enamoradas.

Cambio de posición: él encima, misionero profundo. Piernas en sus hombros, entra más hondo, golpeando mi cervix con placer punzante. Sudor gotea de su frente a mi boca, salado. Chupo su cuello, mordiendo suave. Sus bolas chocan contra mi perineo, sonido rítmico hipnótico. Siento el orgasmo acercarse, como tormenta: músculos temblando, respiración entrecortada, clítoris frotándose contra su pubis.

"¡Me vengo, Luis! ¡No pares!" Grito, y exploto. Olas de éxtasis me barren, coño contrayéndose en espasmos, ordeñando su verga. Él ruge, "¡Ana, carajo!" y se corre dentro, chorros calientes inundándome, semen espeso mezclándose con mis jugos. Colapsamos, pegajosos, jadeantes. Su peso sobre mí es ancla perfecta.

Minutos después, volvemos al balcón. La planta parece sonreír, pétalos morados cayendo suaves como nieve erótica. Nos abrazamos, desnudos bajo las luces de la ciudad. El aire fresco besa nuestra piel febril. "Esto fue de la verga, nena. Gracias a tu Pasión Púrpura Planta", susurra él, besándome la sien.

Sonrío, sintiendo el afterglow: músculos laxos, corazón pleno. La planta no es magia; somos nosotros, listos para arder de nuevo. La noche envuelve todo, prometiendo más infusiones, más pasión. En México, la vida sabe a deseo eterno.

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