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Pasiones Desatadas Rosa Montero PDF

5932 palabras

Pasiones Desatadas Rosa Montero PDF

Estás sentada en el sillón de tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Es una tarde de sábado calurosa, de esas que te hacen sudar hasta el alma en la Ciudad de México. Abres tu laptop, aburrida, buscando algo que prenda la chispa. Tecleas pasiones rosa montero pdf en el buscador, porque oíste que ese libro tiene unas historias que te revuelven las tripas, llenas de deseo crudo y emociones que no se nombran fácil. Lo encuentras gratis, un enlace pirata que bajas en segundos. El archivo se abre, y las palabras de Rosa Montero te envuelven como un aliento caliente en la nuca.

Lees las primeras páginas, y sientes un cosquilleo en el estómago.

Las pasiones no se eligen, te eligen a ti
, dice un fragmento, y neta, te pega directo. Tus pezones se endurecen bajo la blusa ligera de algodón, y bajas la mano despacito por tu panza, rozando el borde del short. El sonido de la ciudad entra por la ventana entreabierta: cláxones lejanos, un puesto de elotes asados exhalando su aroma dulce y ahumado. Pero tú estás en otro mundo, imaginando las escenas que Montero describe con esa pluma afilada, pasiones que estallan como piñata en fiesta.

De repente, el timbre suena, y tu corazón da un brinco. Es él, Alejandro, tu carnal de hace un año, el que te hace perder la cabeza con solo una mirada. Lo dejas pasar, y el olor de su colonia fresca, mezclada con el sudor del camino, te invade. ¿Qué onda, morra? dice con esa voz grave, quitándose la playera empapada y quedando en torso desnudo, los músculos marcados brillando bajo la luz del atardecer. Le cuentas del PDF, se ríe pendejo pero pícaro, y se acerca. ¿Quieres que te lea un pedazo? le preguntas, con la voz ya ronca de anticipación.

Se sienta a tu lado, tan cerca que sientes el calor de su muslo contra el tuyo. Abres el archivo otra vez, y lees en voz alta una escena de deseo contenido, donde los cuerpos se rozan sin tocarse del todo. Su mano sube por tu pierna, lenta, como si midiera el pulso que late más rápido. El roce de sus dedos callosos en tu piel suave te eriza el vello, y un jadeo se te escapa. Está cañón eso, murmura él, su aliento caliente en tu oreja, oliendo a chicle de menta y hombre. Cierras la laptop de un golpe, ya no hace falta leer; las palabras se han metido en tu sangre.

Lo miras a los ojos, oscuros y hambrientos, y lo besas con urgencia. Sus labios carnosos se pegan a los tuyos, la lengua explorando tu boca con sabor a cerveza fría que tomó en el camino. Tus manos recorren su espalda ancha, sintiendo los tendones tensos, el sudor salado que lames despacio de su cuello. Él gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho, y te carga en brazos como si no pesaras nada. Te lleva al cuarto, donde la cama king size con sábanas de hilo egipcio espera, revueltas de la noche anterior.

Te tumba suave, pero con fuerza, y se quita el resto de la ropa. Su verga ya dura, gruesa y venosa, salta libre, y el olor almizclado de su arousal te marea de placer. Ven, cabrón, le dices juguetona, abriendo las piernas. Él se arrodilla entre ellas, besando tu interior de muslos, lamiendo la piel sensible hasta llegar a tu chochito húmedo. Sientes su lengua plana, caliente, deslizándose por los labios hinchados, saboreando tu jugo dulce y salado. Neta, qué rico sabes, gruñe, y mete un dedo adentro, curvándolo justo en ese punto que te hace arquear la espalda. El sonido húmedo de su boca chupando tu clítoris llena la habitación, mezclado con tus gemidos que suben de tono, como cumbia rebajada en volumen alto.

Pero quieres más, lo jalas del pelo, lo subes encima. Su peso te aplasta delicioso, piel contra piel, pechos aplastados contra su pecho peludo. Frota su verga contra tu entrada, untándose de tus fluidos, el glande gordo presionando sin entrar aún.

Te deseo tanto que duele
, piensas, recordando las líneas del PDF que te prendieron. Entras en pánico un segundo, el deseo tan intenso que asusta, pero él te besa la frente, Tranquila, mi reina, y empuja despacio. Sientes cada centímetro estirándote, llenándote hasta el fondo, el placer quemando como chile en la lengua.

Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y metiendo de golpe, el slap slap de carne contra carne resonando. Agarras sus nalgas firmes, clavando las uñas, guiándolo más profundo. El sudor nos une, resbaloso, y el olor a sexo crudo impregna el aire: almizcle, sal, un toque de tu perfume floral. Acelera, sus embestidas fuertes, el colchón crujiendo, tu clítoris rozando su pubis con cada thrust. ¡Más, Alejandro, no pares! gritas, y él obedece, como tu semental perfecto. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola en el estómago, pulsos en la verga dentro de ti latiendo al unísono con tu corazón.

El clímax te arrasa primero, un estallido que te deja temblando, paredes internas apretando su verga como puño, jugos chorreando. Él ruge, ¡Me vengo, carajo!, y se vacía adentro, chorros calientes inundándote, su cuerpo convulsionando encima. Se quedan quietos, respiraciones jadeantes sincronizadas, el ventilador secando el sudor de sus espaldas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, saboreando el aftertaste salado.

Después, se acuestan de lado, él aún dentro de ti, semi-duro, abrazados. El sol se pone, tiñendo la habitación de naranja, y el ruido de la calle se apaga como fondo. Ese PDF fue lo mejor que bajé, susurras riendo, y él te aprieta más.

Las pasiones de Rosa Montero nos unieron esta vez
, piensas, con una sonrisa satisfecha. El deseo no se apaga, solo reposa, listo para la próxima ronda. Cierras los ojos, sintiendo su calor envolviéndote, en paz total.

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