Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasion Prohibida Capitulo 77 Pasion Prohibida Capitulo 77

Pasion Prohibida Capitulo 77

8132 palabras

Pasion Prohibida Capitulo 77

El calor de la noche mexicana me envolvía como un amante impaciente mientras conducía por las calles empedradas de Coyoacán. Mi corazón latía con fuerza, un tambor de deseo que ahogaba el eco de la culpa. Hacía meses que no veía a Marco, mi pecado favorito, el hombre que despertaba en mí fuegos que mi marido, con su rutina de oficinista, jamás podría encender. Esta sería nuestra pasión prohibida capítulo 77, conté mentalmente mientras estacionaba el coche frente al pequeño hotel boutique, escondido entre jardines de buganvillas. Noventa y seis encuentros robados, cada uno más intenso que el anterior. Neta, ¿quién lleva la cuenta así? Yo, porque cada vez que lo veo, renazco.

El aroma a jazmín flotaba en el aire húmedo cuando bajé del auto, mi vestido negro ceñido rozando mis muslos con cada paso. Sentí la brisa tibia lamiendo mi piel expuesta, erizándola como si ya fueran sus dedos. Marco me esperaba en la puerta de la suite, su silueta recortada contra la luz ámbar de las velas. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba ven pa'cá, mamacita. Sus ojos oscuros me devoraron de arriba abajo, deteniéndose en el escote que dejaba ver el nacimiento de mis senos.

¿Y si alguien nos ve? ¿Y si mi carnal se entera? pensé, pero el pulso entre mis piernas ya respondía por mí. Al diablo, esta noche soy libre.

¡Órale, güey! Te tardaste, pero valió la pena verte así de rica —dijo él con esa voz ronca, jalándome adentro con un brazo fuerte alrededor de mi cintura.

Su olor me golpeó primero: colonia fresca mezclada con el sudor ligero de anticipación, ese perfume varonil que me hacía agua la boca. Cerró la puerta con un clic suave, y de inmediato sus labios capturaron los míos. Fue un beso hambriento, lenguas enredándose como serpientes en celo, saboreando el tequila que él había bebido y el gloss de fresa en mis labios. Mis manos subieron por su pecho firme, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa de lino.

Nos separamos jadeantes, y él me miró con fuego en los ojos.

—Esta noche es nuestro capítulo 77, mi reina. Vamos a hacerlo inolvidable.

Me llevó al balcón, donde la ciudad bullía abajo, luces parpadeantes como estrellas caídas. Pero no mirábamos el skyline. Sus manos expertas desabrocharon el zipper de mi vestido, que cayó al piso con un susurro sedoso, dejándome en lencería de encaje rojo. El aire nocturno besó mi piel desnuda, endureciendo mis pezones al instante. Marco gruñó de aprobación, su mirada recorriendo cada curva como si fuera la primera vez.

Estás cañón, Ana. No mames, cómo te extraño esto —murmuró, arrodillándose para besar mi ombligo, su aliento caliente filtrándose por la tela fina de mis panties.

Acto uno del deseo: la chispa inicial. Me recargué en la barandilla, el metal fresco contra mi espalda contrastando con el calor de sus labios bajando por mi vientre. Sentí sus dientes rozando la piel sensible de mis caderas, un escalofrío delicioso subiendo por mi espina. Esto es lo que necesito, no las cenas frías en casa, pensé mientras mis dedos se enredaban en su cabello negro y ondulado.

Entramos a la habitación, iluminada solo por velas que proyectaban sombras danzantes en las paredes de adobe. La cama king size nos llamaba, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nuestro peso cuando caímos sobre ella. Marco se quitó la camisa, revelando su torso esculpido por horas en el gym, vello oscuro bajando en una línea tentadora hasta su pantalón. Lo jalé hacia mí, saboreando el salado de su cuello, lamiendo la gota de sudor que perlaba su clavícula. Olía a hombre puro, a tierra mojada después de la lluvia.

Desnúdate para mí, wey —le ordené, mi voz ronca de mando juguetón.

Él obedeció con una risa grave, quitándose el resto de la ropa. Su verga saltó libre, dura y palpitante, la punta ya brillando de pre-semen. La miré con hambre, recordando cómo llenaba mi boca, mi panocha, mi alma. Pero no era momento de apresurarse. Esto era el medio tiempo, la escalada lenta que nos volvía locos.

Sus manos exploraron mi cuerpo como un mapa sagrado. Primero los senos, amasándolos con gentileza, pulgares girando sobre los pezones hasta que gemí bajito, un sonido gutural que escapó sin permiso. Bajó más, besando cada centímetro de mi abdomen, hasta llegar a mis muslos internos. Separé las piernas por instinto, el aire fresco rozando mi humedad creciente. Él inhaló profundo, su nariz presionando contra la tela húmeda.

Hueles a miel y pecado, mi amor —susurró, y con un movimiento fluido, arrancó las panties, exponiéndome por completo.

Su lengua encontró mi clítoris como un imán, lamiendo con lentitud tortuosa. ¡Qué chingón! pensé, arqueando la espalda mientras oleadas de placer me recorrían. El sonido húmedo de su boca chupando, mis jugos mezclándose con su saliva, llenaba la habitación. Mis caderas se movían solas, follándole la cara, y él lo tomaba todo, dedos hundiéndose en mis nalgas para mantenerme cerca. Sentí el primer orgasmo construyéndose, una tensión en el bajo vientre como un resorte a punto de saltar.

Esto es prohibido, pero neta es lo más vivo que he sentido. Capítulo 77, y aún me tiemblan las rodillas.

Lo detuve justo antes del clímax, queriendo prolongar la agonía dulce. Lo volteé boca arriba, montándome a horcajadas sobre su pecho. Mi panocha rozaba su piel, dejando un rastro resbaloso. Bajé despacio, besando su pecho, mordisqueando sus pezones oscuros hasta que él rugió. Tomé su verga en la mano, dura como acero caliente, palpitando en mi palma. La masturbe lento, sintiendo las venas hinchadas, el calor irradiando. La punta goteaba, y la lamí, saboreando su esencia salada y amarga, tan adictiva.

Chúpamela, Ana, como solo tú sabes —gimió él, ojos entrecerrados.

La engullí hasta la garganta, mi lengua girando alrededor del glande, succionando con fuerza. El sonido de mi boca trabajando, sus jadeos roncos, el olor almizclado de su excitación... todo me volvía salvaje. Pero quería más. Me posicioné sobre él, frotando mi entrada húmeda contra su punta. Nuestros ojos se clavaron, un pacto silencioso de entrega total.

Acto final: la liberación. Bajé de golpe, su verga llenándome hasta el fondo en una embestida gloriosa. ¡Ay, cabrón! grité internamente, el estiramiento perfecto, rozando cada nervio. Comencé a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada centímetro deslizándose dentro y fuera, mis jugos chorreando por sus bolas. El slap-slap de piel contra piel se mezclaba con nuestros gemidos, el colchón crujiendo en protesta.

Marco tomó mis caderas, guiando el ritmo, embistiéndome desde abajo con fuerza controlada. Sus manos subieron a mis tetas, pellizcando pezones, enviando chispas directas a mi clítoris. Sudábamos juntos, piel resbalosa pegándose y despegándose, el aroma a sexo crudo impregnando el aire. Aceleramos, mis uñas clavándose en su pecho, dejando marcas rojas como trofeos.

¡Me vengo, mi amor! ¡Dame todo! —supliqué, el orgasmo rompiéndome en mil pedazos.

Olas de éxtasis me barrieron, mi panocha contrayéndose alrededor de él en espasmos, chorros de placer empapándonos. Él rugió, hinchándose dentro de mí, y sentí su leche caliente inundándome, pulso tras pulso. Colapsamos juntos, cuerpos entrelazados, respiraciones entrecortadas sincronizándose poco a poco.

En el afterglow, yacíamos envueltos en sábanas revueltas, su cabeza en mi pecho, mi mano acariciando su espalda. La ciudad susurraba afuera, indiferente a nuestro secreto. Pasión prohibida capítulo 77, perfecto como todos los anteriores. Mañana volvería a mi vida de apariencias, pero esta noche, en sus brazos, era yo misma: ardiente, libre, amada.

¿Cuándo el 78? —preguntó él con picardía, besando mi piel salada.

Sonreí en la oscuridad.

—Pronto, mi pendejo favorito. Muy pronto.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.