Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Matrimonio Sin Pasion Matrimonio Sin Pasion

Matrimonio Sin Pasion

6229 palabras

Matrimonio Sin Pasion

Ana se miró en el espejo del baño, ajustándose el escote del vestido negro que había comprado esa tarde en la Zona Rosa. Hacía años que no se sentía así, con el pinche corazón latiéndole como tambor de banda en una fiesta. Su matrimonio con Luis llevaba diez años de rutina pura, de besos rápidos antes de dormir y sexo sin pasión, como si fueran máquinas programadas para cumplir. Pero esa noche, algo en ella se removió. Quizás fue el calor pegajoso de la Ciudad de México en verano, o el tequila que se echó en el antro con sus amigas esa tarde. Neta, estaba harta de lo mismo.

Luis llegó al departamento en Polanco pasadas las ocho, con la camisa desabotonada y el olor a oficina impregnado en la piel. ¿Qué onda, mi reina? dijo, besándola en la mejilla como siempre, sin ese fuego que las hacía arder de jóvenes. Ana lo abrazó más fuerte, presionando su cuerpo contra el de él, sintiendo el calor de su pecho a través de la tela. Hoy no, carnal. Hoy vamos a cenar chido y a platicar de nosotros, le respondió ella, con una sonrisa pícara que lo dejó parpadeando.

La mesa estaba puesta con velas y unos tacos de arrachera que ella preparó con salsita de la buena, esa que pica en la lengua y hace que los ojos lagrimeen. El aroma del cilantro fresco y el limón flotaba en el aire, mezclándose con el perfume de jazmín que Ana se roció en el cuello. Luis se sentó, mirándola con curiosidad. ¿Qué traes, morra? Estás cañona esta noche, comentó, mientras masticaba. Ana se rio bajito, sintiendo un cosquilleo en el estómago. ¿Cuánto tiempo sin que me mire así?, pensó, mientras sus pies descalzos rozaban la pierna de él por debajo de la mesa.

Es como si hubiéramos olvidado cómo se siente el deseo de verdad. Sin pasión, todo es mecánico, pero esta noche voy a recordárselo.

Después de la cena, pusieron música de Juan Gabriel en el estéreo, esa ranchera suave que siempre los ponía nostálgicos. Luis la jaló para bailar en la sala, sus manos grandes en la cintura de ella, el roce de sus caderas contra las suyas. Ana inclinó la cabeza, oliendo su loción de sándalo mezclada con el sudor del día. Te extrañé hoy, ¿sabes? murmuró él, y por primera vez en meses, sonó sincero. Ella giró en sus brazos, presionando sus senos contra su pecho, y lo besó. No un beso casto, sino uno hambriento, con lengua explorando, saboreando el tequila en su boca.

El beso se alargó, las manos de Luis bajando por su espalda, apretando su culo con esa fuerza que ella recordaba de sus primeros años. ¡Órale, sí! pensó Ana, mientras un calor líquido se extendía entre sus piernas. Lo empujó hacia el sofá, sentándose a horcajadas sobre él, sintiendo la dureza de su verga creciendo contra su concha a través de la falda. Ya basta de matrimonio sin pasión, Luis. Quiero sentirte de nuevo, como antes, le dijo al oído, mordisqueando el lóbulo. Él gruñó, sus dedos hundiéndose en sus muslos, subiendo la tela hasta rozar sus bragas húmedas.

Se levantaron tambaleantes, besándose mientras caminaban al cuarto. El aire estaba cargado del olor a sus cuerpos excitados, ese almizcle dulce que precede al sexo. Ana lo desvistió con prisa, admirando su torso moreno, los músculos tensos por el gimnasio que ahora visitaba religiosamente. Él le quitó el vestido, revelando las lencerías rojas que compró pensando en él. Estás de puta madre, Ana, jadeó, besando su cuello, bajando por el valle de sus tetas. Ella arqueó la espalda, gimiendo cuando su boca capturó un pezón, chupándolo con avidez, la lengua girando en círculos que enviaban chispas directo a su clítoris.

Cayeron en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frías contra su piel caliente. Luis se colocó entre sus piernas, besando su vientre, lamiendo el sudor salado de su ombligo. Ana enredó los dedos en su pelo, guiándolo más abajo. Ahí, mi amor, no pares, suplicó, mientras su lengua separaba sus labios vaginales, saboreando su humedad. El sonido húmedo de su boca contra ella llenaba la habitación, mezclado con sus gemidos roncos. Sabe a mí, a deseo puro, no como esas folladas rápidas sin pasión, pensó ella, empujando las caderas contra su cara.

Pero quería más. Lo volteó, montándose en su rostro por un momento, frotándose contra su boca hasta que casi se corre. Luego, bajó, tomando su verga en la mano, admirando lo gruesa y venosa que estaba, palpitando. La lamió desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, metiéndosela hasta la garganta mientras él maldecía en voz baja. ¡Qué chingón, Ana! ¡Sí, así! Luis la jaló arriba, posicionándola sobre su polla. Ella descendió despacio, sintiendo cada centímetro estirándola, llenándola. El placer la hizo gritar, sus paredes internas apretándolo como un guante caliente.

Cabalgó con furia, sus tetas rebotando, el slap-slap de sus cuerpos chocando resonando como aplausos. Sudor corría por sus espaldas, goteando entre ellos, el olor a sexo crudo invadiendo todo. Luis la volteó, poniéndola a cuatro patas, embistiéndola desde atrás con golpes profundos que tocaban su punto G. ¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo! gritó ella, clavando las uñas en las sábanas. Él obedeció, una mano en su clítoris frotando círculos rápidos, la otra jalando su pelo. El orgasmo la golpeó como un camión, olas de placer convulsionándola, su concha contrayéndose alrededor de él en espasmos.

Luis no tardó, gruñendo como animal mientras se vaciaba dentro de ella, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Colapsaron juntos, jadeantes, piel pegajosa contra piel. El cuarto olía a semen, a sudor, a ellos. Ana se acurrucó en su pecho, escuchando su corazón galopante calmarse. Nunca más sin pasión, ¿eh? murmuró él, besando su frente. Ella sonrió, trazando círculos en su piel. Esto es lo que éramos, lo que somos.

Se quedaron así hasta que el sueño los venció, envueltos en el calor de sus cuerpos entrelazados, prometiendo en silencio noches como esa de ahora en adelante. El matrimonio sin pasión había muerto esa noche, reemplazado por un fuego que ardía de nuevo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.