Pasión Cap 73 Fuego Bajo la Luna
Era una noche de esas en la Ciudad de México que te envuelve como un abrazo caliente, con el skyline brillando desde el balcón de nuestro depa en Polanco. Yo, Ana, acababa de llegar del jale, con el cuerpo pesado por el tráfico infernal de Insurgentes, pero el corazón latiéndome a mil cuando vi la luz tenue en la sala. Marco estaba ahí, esperándome como siempre, con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Llevábamos diez años casados, pero neta, cada vez que lo veo así, recargado en el sofá con una chela en la mano, siento que es la primera vez.
—Mamacita, ¿ya llegaste? Ven pa'cá —me dijo con esa voz ronca, extendiendo la mano.
Me quité los tacones de un tirón, sintiendo el fresco del piso de mármol contra mis pies cansados. El aroma de su colonia, esa mezcla de madera y especias, me llegó como un imán. Caminé hacia él despacio, contoneándome un poquito porque sé que le encanta. Nuestros ojos se cruzaron, y ahí estaba esa chispa, la misma de cuando nos conocimos en la uni, bailando en un antro de la Condesa.
Me senté en su regazo, sintiendo el calor de sus muslos firmes bajo mi falda. Sus manos grandes subieron por mis piernas, rozando la piel suave, y un escalofrío me recorrió la espalda.
¿Por qué carajos cada toque suyo me prende como yesca?pensé, mientras él me besaba el cuello, lento, saboreando el sudor salado del día.
—Te extrañé todo el día, chula —murmuró contra mi oreja, su aliento cálido haciendo que se me erizaran los vellos.
Le respondí con un beso profundo, nuestras lenguas danzando como en un tango ardiente. Sabía a cerveza fría y a deseo puro. Mis manos se colaron bajo su playera, palpando los músculos de su pecho, duros como rocas talladas por horas en el gym. El sonido de la ciudad allá abajo —cláxones lejanos, risas de transeúntes— se mezclaba con nuestros jadeos suaves, creando una sinfonía privada.
Pero no queríamos apresurarnos. Esta era nuestra rutina sagrada: el preludio lento que construye el fuego. Me levantó en brazos como si no pesara nada, y me llevó al balcón. La luna llena colgaba enorme sobre el skyline, bañándonos en plata. El viento nocturno jugaba con mi cabello, trayendo olores de jacarandas y asfalto caliente.
Acto primero de nuestra pasión cap 73: la anticipación. Me apoyó contra la barandilla, besándome el escote mientras sus dedos desabotonaban mi blusa con maestría. Sentí el roce áspero de sus yemas contra mis pezones, que se endurecieron al instante, enviando ondas de placer directo a mi entrepierna. Neta, este wey sabe cómo volverme loca, pensé, mordiéndome el labio para no gemir fuerte y despertar a los vecinos.
Le quité la playera de un jalón, admirando su torso bronceado, marcado por el sol de nuestras escapadas a Valle de Bravo. Mi boca recorrió su piel salada, lamiendo el surco entre sus pectorales, bajando hasta el ombligo. Él gruñó bajito, un sonido gutural que vibró en mi pecho como un tambor.
—¡Ay, cabrón! No pares —suplicó, enredando los dedos en mi melena.
Regresamos adentro, dejando un rastro de ropa por el pasillo. El aire del depa olía a nosotros ya, a esa esencia almizclada de excitación que se cocina lento.
En el cuarto, la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio, frescas y suaves. Me tendí de espaldas, invitándolo con la mirada. Marco se arrodilló entre mis piernas, besando el interior de mis muslos, cada roce de sus labios como una chispa. El olor de mi propia humedad me llegó, dulce y embriagador, mezclándose con el suyo masculino. Sus dedos apartaron mi tanga, y cuando su lengua tocó mi clítoris, arqueé la espalda con un grito ahogado.
Acto segundo: la escalada. Ahí empezó lo bueno, el build-up que nos tenía al borde. Lamía despacio, círculos precisos, chupando suave, alternando con mordidas tiernas que me hacían retorcer. Mis caderas se movían solas, buscando más, siempre más.
Esto es pasión cap 73 pura, el capítulo donde el deseo nos consume, flashé en mi mente, recordando cómo apodábamos nuestras noches así, como episodios de una novela erótica interminable.
—¡Más fuerte, amor! Cógeme con la boca —le rogué, tirando de su cabello.
Obedeció, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido húmedo de su boca trabajando, mis gemidos roncos, el slap slap de sus dedos... todo era sinfonía. Sudábamos, el calor de nuestros cuerpos pegándose piel con piel. Le subí las caderas para que profundizara, y sentí el orgasmo primerizo acercándose como una ola.
Pero él se detuvo, pícaro. —Todavía no, reina. Quiero que vengas conmigo.
Me volteó boca abajo, besando mi espalda desde las nalgas hasta la nuca. Sus manos amasaron mis glúteos, separándolos para lamer mi entrada trasera, un toque prohibido que me volvió loca. ¡Qué rico, wey! Nadie me come así. Luego, se posicionó detrás, su verga dura como hierro rozando mi panocha empapada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El grosor, el calor pulsante, me llenó por completo.
Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de pelvis que resonaba en la habitación. Agarré las sábanas, oliendo nuestra mezcla de sexos. Aceleró, sus bolas golpeando mi clítoris, y yo empujaba hacia atrás, cabalgándolo en reversa. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, su aliento en mi oreja:
—Eres mía, Ana. Toda mía esta noche.
El clímax nos alcanzó juntos. Sentí sus contracciones dentro, caliente semen llenándome mientras mi coño se apretaba en espasmos interminables. Grité su nombre, él el mío, cuerpos temblando en éxtasis sincronizado. El mundo se redujo a pulsos, sudor, y ese olor primal de corrida compartida.
Acto tercero: el afterglow. Colapsamos en la cama, enredados como enredaderas. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón martillando contra mi pecho al mismo ritmo. Besos perezosos, lenguas lánguidas saboreando el salado de la piel. El viento del balcón traía frescura, secando nuestro sudor.
—Pasión cap 73 completada, amor —susurré, riendo bajito mientras trazaba círculos en su espalda.
—La mejor hasta ahora —respondió, besando mi frente—. Mañana cap 74.
Nos quedamos así, escuchando la ciudad que nunca duerme, pero nosotros sí, envueltos en paz. En mi mente, repasaba cada sensación: el roce áspero de su barba, el sabor de su piel, el ardor placentero entre mis piernas. Esto era nuestro, puro fuego consensual, empoderador, adulto. Mañana sería otro capítulo, pero esta noche, pasión cap 73 brillaba eterna en nuestra historia.
Despertamos al amanecer con el sol filtrándose por las cortinas. Marco preparó café de olla, ese aroma dulzón de canela que me hace suspirar. Desayunamos desnudos en la terraza, pies entrelazados, planeando un fin de semana en Teotihuacán. Pero el deseo latía aún, sutil, prometiendo más. Neta, con él, cada día es erotismo vivo.
Y así, en el corazón de México, nuestra pasión cap 73 se convirtió en leyenda personal, un capítulo que releemos en cada mirada compartida.