Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasion Como Valor en la Piel La Pasion Como Valor en la Piel

La Pasion Como Valor en la Piel

5926 palabras

La Pasion Como Valor en la Piel

La noche en Polanco estaba viva con ese bullicio elegante que solo la Ciudad de México sabe dar. Luces de neón parpadeando sobre las banquetas impecables, el aroma a tacos al pastor mezclándose con perfumes caros y el eco de risas que flotaban como promesas. Yo, Ana, acababa de entrar al bar con mis amigas, vestida con un vestido negro ceñido que abrazaba mis curvas como un amante impaciente. No buscaba nada en particular, solo soltar el estrés de la semana en el trabajo. Pero entonces lo vi.

Javier. Alto, con esa piel morena que brillaba bajo las luces tenues, ojos oscuros que prometían secretos y una sonrisa pícara que me erizó la nuca. Estaba en la barra, platicando con unos cuates, pero su mirada se clavó en mí como un imán. Sentí un cosquilleo en el estómago, ese calenturiento que sube por las piernas y se instala entre ellas. Órale, pensé, este wey no es cualquier pendejo.

Me acerqué a pedir un margarita, rozando su brazo "sin querer". El contacto fue eléctrico, su piel cálida contra la mía, oliendo a colonia fresca con un toque de sudor masculino que me hizo salivar.

¿Y si la pasión es el valor más puro que podemos compartir esta noche?
me dije en la cabeza, mientras él se volteaba con una ceja arqueada.

Neta, güerita, ¿vienes a conquistarme o qué? —dijo con voz grave, ronca como el tequila reposado.

Reí, sintiendo el calor subir a mis mejillas. —Tal vez. ¿Y tú, galán, qué traes pa' ofrecerme?

La charla fluyó como río crecido. Hablamos de la vida en la CDMX, de cómo el caos nos enciende, de sueños locos. Sus manos gesticulaban cerca de las mías, y cada roce era una chispa. La música ranchera fusionada con reggaetón nos envolvió, y pronto bailábamos pegaditos. Su cuerpo duro presionando contra el mío, el sudor de su cuello goteando hasta mi escote, el latido de su corazón retumbando en mi pecho. Olía a deseo puro, a hombre listo para devorarme.

En el beginning de esa noche, la tensión era un nudo en mi vientre. Quería más, pero jugaba el juego lento. La pasión como valor, pensé, no es solo follar, es saborear cada segundo hasta que explote.

Salimos del bar tomados de la mano, el aire fresco de la medianoche acariciando mi piel arrepiada. Su departamento estaba cerca, en una torre con vista al skyline. Subimos en el elevador, solos, y ahí no aguanté. Lo empujé contra la pared, besándolo con hambre. Sus labios gruesos sabían a sal y limón, su lengua invadiendo mi boca como un conquistador. Gemí bajito, sintiendo sus manos grandes apretando mis nalgas, levantándome contra él. Su verga ya dura presionaba mi monte de Venus, prometiendo éxtasis.

Chingao, Ana, me vas a volver loco —murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible.

Entramos tambaleándonos, la puerta cerrándose con un clic que sonó a libertad. Su lugar era chido: minimalista, con velas aromáticas a vainilla y sándalo que se encendieron solas. Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mis hombros, el roce áspero de su barba en mis tetas, chupando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. Yo jadeaba, el olor de mi propia excitación llenando el aire, húmeda y lista.

Lo tumbé en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda desnuda. Le desabroché la camisa, lamiendo su pecho definido, saboreando la sal de su sudor. Bajé más, desabrochando su pantalón. Su pito saltó libre, grueso y venoso, palpitando. Lo tomé en la mano, sintiendo el calor pulsante, y lo metí en mi boca despacio. Él gruñó, enredando los dedos en mi pelo. Chúpamela rico, mami, pedía con voz entrecortada. El sabor almizclado me volvía loca, succionando hasta la garganta, mis jugos chorreando por mis muslos.

Pero no quería acabar así. La tensión crecía, un volcán a punto de erupción. Me subí encima, frotando mi concha empapada contra su verga. Nuestros ojos se encontraron, y ahí lo vi: la pasión como valor, ese fuego compartido que nos hacía vulnerables y poderosos. —Fóllame, Javier. Hazme tuya —le rogué, empalándome en él de un jalón.

¡Ay, Dios! Lo sentí estirándome, llenándome hasta el fondo. Gemí fuerte, el placer punzante irradiando desde mi clítoris. Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el slap-slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi culo. El olor a sexo crudo nos rodeaba, sudor mezclado con feromonas. Él me agarraba las caderas, clavando los dedos, guiándome más rápido.

¡Más duro, cabrón! —grité, perdida en el ritmo. Cambiamos posiciones: él encima, misionero profundo, besándonos como si no hubiera mañana. Sus embestidas eran potentes, el colchón crujiendo, mis uñas arañando su espalda. Sentía mi orgasmo construyéndose, un nudo apretado en el bajo vientre.

Esto es pasión pura, el valor que nos define en este instante eterno
, pensé mientras las olas me barrían.

Exploté primero, convulsionando alrededor de su pito, chorros de placer mojando las sábanas. Él rugió, bombeando hasta vaciarse dentro de mí, caliente y espeso. Colapsamos jadeantes, cuerpos entrelazados, el corazón latiendo al unísono. El afterglow fue dulce: sus besos suaves en mi frente, el olor de nosotros pegado a la piel, el silencio roto solo por respiraciones calmadas.

Neta, Ana, esto fue... inolvidable —dijo, acariciando mi pelo revuelto.

Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. La pasión no era solo el clímax; era el valor que nos unía, el coraje de entregarnos sin reservas. Salí de su depa al amanecer, con el cuerpo satisfecho y el alma plena, sabiendo que volvería por más. En la CDMX, donde el deseo es rey, la pasión como valor es lo que nos mantiene vivos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.