Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Abismo de Pasión Capítulo 134 Abismo de Pasión Capítulo 134

Abismo de Pasión Capítulo 134

8166 palabras

Abismo de Pasión Capítulo 134

El atardecer en la Ciudad de México pintaba el cielo con fuego líquido, y Ana se recargaba en la barandilla de la terraza del penthouse en Polanco. El aroma del jazmín del jardín vertical se mezclaba con el humo lejano de los taquitos callejeros, mientras el bullicio de los autos abajo sonaba como un ronroneo constante. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba a sus curvas con la brisa tibia, y su piel oliva brillaba bajo los últimos rayos del sol. Neta, qué chido estar aquí sola un rato, pensó, pero en el fondo ardía por Javier. Hacía dos días que él había estado de viaje de trabajo en Monterrey, y el vacío entre sus piernas era como un eco insistente.

Tomó un sorbo de su margarita, el limón fresco explotando en su lengua con ese toque salado que le recordaba las noches locas en la playa de Puerto Vallarta. Su mente divagaba hacia recuerdos: las manos ásperas de Javier recorriendo su espalda, su aliento caliente en el cuello.

¿Y si hoy lo sorprendo? Que llegue y lo tenga listo pa’l desmadre
, se dijo, sintiendo un cosquilleo subir por sus muslos. El teléfono vibró en su mano: un mensaje de él. "Ya voy llegando, mi reina. Traigo antojo de ti." Sonrió, el pulso acelerándose como tambores de mariachi en fiesta.

Minutos después, la puerta se abrió con un clic suave. Javier entró, alto y moreno, con esa camisa ajustada que marcaba sus pectorales y jeans que abrazaban sus caderas fuertes. Olía a colonia fresca y a carretera, con un leve rastro de diesel del avión. Chulo de mi vida, murmuró Ana para sí mientras lo veía quitarse los zapatos. Él la encontró en la terraza, sus ojos cafés devorándola de arriba abajo.

¡Órale, qué mamacita! —dijo con esa voz grave que le erizaba la piel—. Te extrañé un chorro, carnala.

Ana se acercó, presionando su cuerpo contra el de él. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a tequila y menta. Las manos de Javier bajaron a su cintura, apretando posesivo pero tierno, mientras ella enredaba los dedos en su cabello negro ondulado. El corazón de Ana latía desbocado, sintiendo la dureza creciente contra su vientre.

Ya está listo el wey, qué rico
.

Se separaron jadeantes, riendo bajito. Javier sacó una botella de mezcal de su mochila.

—Vamos a ver tele un rato, pa’ entrar en mood —sugirió, guiñándola el ojo—. Justo agarré el capítulo nuevo de Abismo de Pasión. El 134, ¿no? Ese que todos comentan en el trabajo.

Ana sintió un escalofrío de anticipación. Esa telenovela era su guilty pleasure: amores imposibles, traiciones ardientes y escenas que ponían la piel de gallina. Se acomodaron en el sofá de cuero suave, con las luces de la ciudad parpadeando a través de los ventanales. El aire olía a su perfume mezclado con el mezcal ahumado que servía en vasos de cristal. Apagaron las luces principales, dejando solo el resplandor azul de la pantalla.

El capítulo empezó con música dramática, cuerdas vibrando como pulsos acelerados. La protagonista, una morena fogosa como Ana, discutía con su amante en una hacienda lujosa. Las palabras volaban cargadas de celos y deseo: "¡No puedes negarlo, caíste en el abismo de pasión conmigo!" Javier rio por lo bajo, su brazo rodeando los hombros de Ana, el calor de su piel traspasando la tela fina.

A medida que avanzaba el episodio, la tensión en pantalla escalaba. La pareja se besaba con furia bajo la lluvia artificial, ropas pegadas revelando curvas y músculos. Ana sintió su respiración volverse pesada, los pezones endureciéndose contra el vestido. Javier deslizó la mano por su muslo, subiendo lento, rozando la piel sensible del interior.

Pinche telenovela, nos va a poner calientes como demonios
, pensó ella, mordiéndose el labio.

—Mira cómo se comen —susurró Javier al oído de Ana, su aliento caliente haciendo que un gemido se le escapara—. Me dan ganas de hacer lo mismo contigo.

En la tele, el clímax del capítulo: los amantes se entregaban en una cama de sábanas revueltas, gemidos amplificados llenando la habitación. Ana ya no veía la pantalla; giró el rostro hacia Javier, besándolo con urgencia. Sus manos exploraban: ella desabotonó su camisa, sintiendo el vello áspero del pecho, el latido fuerte bajo la palma. Él levantó su vestido, dedos hábiles encontrando la humedad entre sus piernas.

—Estás empapada, mi amor —gruñó él, voz ronca de deseo.

—Por ti, pendejo —respondió ella juguetona, arañando su espalda—. Ándale, no me hagas esperar.

Se levantaron del sofá como poseídos, dejando un rastro de ropa hacia la recámara. El pasillo olía a velas de vainilla que Ana había encendido antes. En la cama king size, con vista a las luces neón de Reforma, Javier la tumbó suave, besando cada centímetro: cuello, clavículas, senos. Su lengua trazó círculos en los pezones, succionando hasta que Ana arqueó la espalda, gimiendo alto. El sonido de su placer rebotaba en las paredes, mezclado con el zumbido distante de la ciudad.

Qué chingón se siente su boca, pensó Ana, piernas temblando. Sus uñas se clavaron en sus hombros mientras él bajaba, besos húmedos por el abdomen, el ombligo, hasta llegar al monte de Venus. El aroma almizclado de su excitación lo envolvió; Javier inhaló profundo, embriagado.

—Sabes a gloria, rica —murmuró antes de lamerla lento, lengua plana deslizándose por los pliegues resbalosos.

Ana jadeó, caderas elevándose para presionar contra su rostro. El placer era olas crecientes: cosquilleo en el clítoris, calor expandiéndose por el vientre.

No pares, mi rey, me vas a volver loca
. Él introdujo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto sensible adentro, mientras chupaba con maestría. Sus gemidos se volvieron gritos ahogados, el cuerpo convulsionando en el primer orgasmo, jugos inundando su boca.

Javier subió, besándola para que probara su propio sabor salado y dulce. Ana lo volteó, montándolo con ferocidad. Su verga dura como piedra palpitaba contra su entrada; ella se hundió despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarla por completo. El estiramiento era exquisito, paredes internas apretándolo como guante.

¡Ay, wey, qué verga tan rica! —gritó ella, comenzando a cabalgar.

El ritmo se aceleró: piel contra piel en palmadas húmedas, sudor perlando sus cuerpos. Javier agarraba sus nalgas, guiando el movimiento, gruñendo con cada embestida profunda. Ana se inclinó, senos rozando su pecho, pezones duros como piedritas. El olor a sexo crudo llenaba el aire, mezclado con su colonia y el jazmín de la terraza abierta.

Inner struggles flashed:

Lo amo tanto, esto es nuestro abismo, puro fuego
. Javier rodó, poniéndola debajo, piernas sobre sus hombros para penetrar más hondo. Cada thrust golpeaba su punto G, enviando chispas por la espina. Sus ojos se clavaron: el rostro de él contorsionado en éxtasis, músculos tensos brillando de sudor.

—Ven conmigo, Ana... —jadeó él, acelerando.

El clímax los alcanzó como avalancha: Ana se contrajo alrededor de él, gritando su nombre mientras olas de placer la deshacían. Javier se derramó dentro, caliente y pulsante, cuerpo colapsando sobre el de ella en temblores compartidos. Permanecieron unidos, respiraciones entrecortadas sincronizándose, piel pegajosa y cálida.

Después, en la quietud, Javier la besó suave en la frente, rodando a su lado. Ana se acurrucó en su pecho, escuchando el latido calmarse. La ciudad brillaba afuera, testigo muda de su unión.

Esto es mejor que cualquier telenovela, nuestro propio Abismo de Pasión capítulo 134, y hay más por venir
.

—Te amo, mi chula —susurró él, acariciando su cabello.

—Y yo a ti, carnal. Neta, qué noche.

Se durmieron envueltos en sábanas revueltas, el eco de sus gemidos lingering en el aire como promesa de pasiones futuras.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.