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Pasión Águila Ultimas Noticias de Fuego

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Pasión Águila Ultimas Noticias de Fuego

El estadio Azteca vibraba como un corazón desbocado esa noche de viernes. El olor a elotes asados y chelas derramadas se mezclaba con el sudor colectivo de miles de aficionados gritando por Pasión Águila. Yo, Ana López, la chava que maneja el blog Pasión Águila ultimas noticias, estaba en la zona de prensa, notebook en mano, pero mi mente andaba en otra. Llevaba meses escribiendo sobre él: Marco "El Águila" Vargas, el delantero del América con alas tatuadas en los brazos y una mirada que te hacía sentir como si te estuviera devorando entera.

Desde la primera vez que lo vi en acción, su cuerpo atlético surcando el campo, músculos tensos bajo la luz de los reflectores, algo se encendió en mí. Neta, cada gol que metía era como un latido directo en mi entrepierna. "El Águila vuela alto esta temporada", escribía yo en mis posts, pero lo que no contaba eran las noches en que me tocaba pensando en cómo se sentiría su piel morena y caliente contra la mía. Esa noche, su equipo ganó 3-1, y él metió los tres goles. El rugido de la afición era ensordecedor, un trueno que me erizaba la piel.

Después del partido, bajé a la zona mixta. El aire estaba cargado de adrenalina y ese aroma masculino a esfuerzo puro. Ahí estaba él, rodeado de reporteros pendejos haciendo las preguntas de siempre. Yo me colé con mi credencial, micrófono en mano, pero en vez de lo típico, le solté: "Marco, en Pasión Águila ultimas noticias queremos saber, ¿cuál es el secreto de tu pasión en la cancha? ¿Algo que te prenda el fuego por dentro?" Él volteó, sus ojos negros clavándose en los míos, una sonrisa lobuna asomando. "El fuego, güey, viene de adentro... y de chavas como tú que nos motivan", respondió, guiñándome el ojo. Mi corazón dio un brinco, y sentí un calor húmedo entre las piernas. ¿Era coqueteo o mi imaginación?

¿Y si lo invito a una chela para la entrevista exclusiva? Neta, Ana, no seas pendeja, esto podría ser el post del año... o algo más.

Le propuse el trato, y para mi sorpresa, aceptó. Nos fuimos a un bar discreto en Polanco, luces tenues, jazz suave de fondo y meseros que no molestan. Pedimos tequilas reposados, el cristal frío contra mis labios, el líquido ardiente bajando por mi garganta como una promesa. Hablamos de fútbol al principio, pero pronto la plática viró. "Tu blog es lo máximo, Ana. Pasión Águila ultimas noticias me tiene enganchado. Se nota que sientes el juego... en serio", dijo él, su voz grave rozándome como una caricia. Yo reí, nerviosa, cruzando las piernas para aplacar el pulso en mi clítoris.

Su rodilla rozó la mía bajo la mesa, un toque casual que no lo era. El roce envió chispas por mi piel, y olí su colonia mezclada con sudor fresco del partido: madera, cítricos y hombre puro. "¿Sabes? A veces la pasión no se queda en la cancha", murmuró, su mano cubriendo la mía. Mi respiración se aceleró, pezones endureciéndose contra el bra de encaje. Le conté de mis noches escribiendo posts calientes sobre él, y él confesó que leía cada uno, imaginándome. La tensión crecía como una tormenta, el aire espeso, nuestros cuerpos inclinándose más cerca.

Salimos del bar con las manos entrelazadas, el viento nocturno de la CDMX refrescando mi piel arrebolada. En su camioneta, camino a su depa en Lomas, no aguantamos. Estacionó en un callejón oscuro, y sus labios cayeron sobre los míos. Qué beso, carnal: hambriento, lengua explorando mi boca con sabor a tequila y victoria. Sus manos grandes subieron por mis muslos, arrugando mi falda, dedos rozando el encaje húmedo de mis calzones. Gemí contra su boca, el sonido ahogado por el tráfico lejano. "Estás mojada por mí, ¿verdad, Ana?", susurró, voz ronca. "Desde el primer gol que vi", admití, mi mano bajando a su entrepierna, sintiendo la verga dura como hierro bajo los jeans.

Llegamos a su penthouse, vista al skyline brillando. La puerta apenas cerró y ya estábamos arrancándonos la ropa. Su camiseta voló, revelando el torso esculpido, alas de águila tatuadas extendiéndose sobre pectorales firmes. Lo empujé al sofá de piel, besando su cuello salado, lamiendo el sudor que aún perlaba su piel. Él gruñó, manos en mi culo, amasándolo con fuerza juguetona. "Qué rica estás, pinche diosa", dijo, mordisqueando mi oreja. Me quitó el bra, chupando un pezón con hambre, la succión enviando ondas de placer directo a mi centro. Olía a su excitación, almizcle varonil que me mareaba.

Me arrodillé, desabrochando sus jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precum. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando sal y deseo puro. Él jadeó, dedos enredados en mi pelo: "Así, güey, chúpamela rica". La tragué profunda, garganta relajándose para él, el sonido húmedo de mi boca llenando la habitación. Sus caderas se movían, follándome la boca con cuidado, ojos fijos en mí, llenos de lujuria.

No puedo creer que esté pasando. El Águila, mi obsesión de Pasión Águila ultimas noticias, gimiendo por mí. Esto es mejor que cualquier fantasía.

Me levantó como si no pesara, piernas alrededor de su cintura, y me llevó a la cama king size. Sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Me abrió las piernas, besando el interior de mis muslos, aliento caliente en mi cuca empapada. Su lengua encontró mi clítoris, lamiendo círculos lentos, chupando suave. Gemí alto, caderas arqueándose, el placer acumulándose como una ola. "Sabes a miel, Ana. A puta miel caliente", murmuró contra mi piel. Metió dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras su boca no paraba. El orgasmo me golpeó fuerte, cuerpo convulsionando, jugos brotando, grito ahogado en la almohada.

Aún temblando, lo jalé encima. "Cógeme ya, Águila. Quiero sentirte adentro". Se puso condón –siempre responsable, qué chido–, y se hundió en mí de un empujón lento. ¡Dios! Llenándome toda, estirándome perfecto. Sus embestidas empezaron suaves, profundas, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando mi culo. Aceleró, gruñendo, sudor goteando de su frente a mi pecho. Yo clavaba uñas en su espalda, arañando las alas tatuadas, piernas apretando su cintura. El cuarto olía a sexo crudo, nuestros jadeos mezclándose con el zumbido de la ciudad abajo.

Cambié de posición, montándolo a mí ritmo. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo rebotaba, verga golpeando profundo. "¡Qué rico te sientes, Marco! ¡No pares!". Él se sentó, mamándome las tetas, mordiendo suave. El clímax nos alcanzó juntos: yo gritando, cuca contrayéndose alrededor de él, él rugiendo como bestia, llenando el condón con chorros calientes. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas.

Despertamos enredados al amanecer, sol filtrándose por las cortinas. Su mano trazaba círculos en mi vientre, besos perezosos en mi hombro. "Esto va a ser la ultima noticia bomba en tu blog, ¿no?", bromeó. Reí, acurrucándome contra su pecho cálido. "Pasión Águila ultimas noticias acaba de explotar, carnal. Pero esta, solo para nosotros". El afterglow era perfecto: paz satisfecha, promesas de más rondas, y un lazo nuevo más allá de la cancha. Salí de ahí con piernas flojas, pero alma llena, lista para volar.

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