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Pasión Telenovela Capítulo 1

6554 palabras

Pasión Telenovela Capítulo 1

Isabella caminaba por los pasillos de la hacienda familiar en las afueras de Guadalajara, el aire cargado con el aroma dulce de las gardenias que trepaban por las paredes de adobe. La fiesta de cumpleaños de su prima estaba en pleno apogeo, con mariachis tocando rancheras que retumbaban en el pecho como un corazón acelerado. Llevaba un vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas, el escote profundo dejando entrever la suavidad de su piel morena. Se sentía viva, coqueta, lista para lo que la noche trajera.

De repente, lo vio. Alto, con hombros anchos y una sonrisa que iluminaba la noche como un reflector. Alejandro, el amigo de su hermano que acababa de llegar de la ciudad. Sus ojos oscuros se clavaron en ella, y un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Órale, qué chulo, pensó, mordiéndose el labio inferior. Él se acercó, oliendo a colonia fresca mezclada con el humo ligero de un cigarro que acababa de apagar.

—¡Isabella! ¿Cómo estás, mamacita? —dijo con voz grave, ronca, extendiendo la mano para besarle la mejilla. Su aliento cálido rozó su oreja, y ella sintió un cosquilleo en el vientre.

—Bien, güey, pero tú luces como galán de telenovela —respondió ella juguetona, guiñándole un ojo. Sus dedos se rozaron al tomar su mano, y fue como una chispa eléctrica. La música cambió a un bolero lento, sensual, y él la invitó a bailar sin pedir permiso.

En la pista improvisada bajo las luces de faroles, sus cuerpos se pegaron. El pecho duro de él contra sus senos suaves, el calor de su piel traspasando la tela fina. Isabella inhaló su olor masculino, a sudor limpio y deseo latente.

Esto parece Pasión Telenovela capítulo 1, pensó, recordando esa serie que devoraba los domingos, donde la protagonista se enamora a primera vista de un desconocido ardiente.
Sus caderas se movían al ritmo, rozando, prometiendo más. La mano de Alejandro bajó por su espalda, deteniéndose justo en la curva de sus nalgas, apretando con firmeza juguetona.

—Estás riquísima esta noche —murmuró él al oído, su aliento caliente haciendo que sus pezones se endurecieran bajo el vestido.

El corazón de Isabella latía desbocado, un tambor de guerra en su pecho. Quería más, necesitaba sentirlo. La tensión crecía con cada giro, cada roce accidental que no lo era. Cuando la canción terminó, él no la soltó. La llevó al jardín oscuro, lejos del bullicio, donde el aroma de jazmines se mezclaba con la tierra húmeda después de la lluvia vespertina.

Allí, bajo la luna llena que pintaba todo de plata, se besaron. Primero suave, exploratorio, labios carnosos probando el sabor salado del otro. Luego feroz, lenguas enredándose como serpientes en celo. Isabella gimió bajito, "ay, cabrón", mientras las manos de él subían por sus muslos, arrugando la falda. Sus uñas se clavaron en su nuca, tirando de su cabello negro, y él gruñó de placer.

—Te quiero, Isabella. Desde que te vi entrar —confesó, voz entrecortada, besando su cuello, lamiendo la sal de su piel.

Ella jadeaba, el calor entre sus piernas convirtiéndose en un río ardiente. No lo conozco tanto, pero qué chingados, esto es pura pasión, se dijo, empujándolo contra un muro cubierto de enredaderas. Sus manos bajaron a su pantalón, sintiendo la dureza impresionante que palpitaba bajo la tela. ¡Qué verga tan grande! Tocarla la enloquecía, el pulso acelerado bajo sus dedos.

La noche avanzaba, y el deseo los consumía. Alejandro la cargó como si no pesara nada, llevándola a una de las habitaciones de huéspedes en la hacienda. La puerta se cerró con un clic suave, y el mundo exterior desapareció. La cama king size los esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente.

Se desnudaron con urgencia, pero pausada, saboreando cada revelación. Él admiró sus senos plenos, pezones oscuros erectos como bayas maduras. Ella recorrió con la mirada su torso esculpido, el vello negro bajando hasta esa verga gruesa, venosa, lista para ella. El olor a sexo ya flotaba en el aire, almizclado, embriagador.

Se tumbaron, cuerpos entrelazados. Besos en todas partes: él chupando sus pezones, mordisqueando suave hasta que ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Sí, así, pinche amor!". Sus manos exploraban, dedos gruesos abriendo sus pliegues húmedos, rozando el clítoris hinchado. Isabella temblaba, el placer como olas crecientes. Lo masturbó lento, sintiendo cada vena, el precum salado en su lengua cuando lo lamió.

Es como si estuviéramos en Pasión Telenovela capítulo 1, pero real, con piel sudada y gemidos de verdad
, pensó mientras lo montaba. Se hundió en él despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso, lleno. Gritó de placer cuando la tocó por completo, su panocha apretándolo como un guante caliente.

Cabalgó con ritmo salvaje, caderas girando, senos rebotando. Él la sostenía, embistiendo desde abajo, el sonido de carne contra carne, chapoteo húmedo, llenando la habitación. Sudor perlaba sus cuerpos, salado en los labios cuando se besaban. El olor a sexo intenso, a mujer mojada y hombre excitado, los volvía locos.

La tensión escalaba, sus respiraciones jadeantes sincronizadas. Isabella sentía el orgasmo acercándose, un nudo apretado en el bajo vientre. "¡Más fuerte, Alejandro, rómpeme!" exigió, uñas arañando su pecho. Él la volteó, poniéndola a cuatro patas, penetrándola profundo, una mano en su clítoris frotando circles rápidos.

El clímax la golpeó como un rayo. Gritos ahogados, "¡Me vengo, cabrón, ay Dios!", su coño contrayéndose en espasmos, leche caliente derramándose. Él la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes, pulsos interminables.

Colapsaron exhaustos, envueltos en el afterglow. Piel pegajosa, corazones latiendo al unísono. Alejandro la besó tierno, acariciando su cabello revuelto.

—Eres increíble, Isabella. Esto apenas empieza —dijo, voz suave, ojos brillando.

Ella sonrió, saboreando el beso perezoso, el semen goteando entre sus muslos. Como el final perfecto de Pasión Telenovela capítulo 1, pensó, acurrucándose contra él. La noche los mecía, prometiendo más capítulos de pasión desenfrenada en esa hacienda llena de secretos sensuales.

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