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Pasion por el Baile Pelicula

6661 palabras

Pasion por el Baile Pelicula

Estaba sentada en el sofá de mi depa en la Condesa, con las luces bajitas y el olor a palomitas recién hechas flotando en el aire. Marco, mi carnal desde hace un año, se recargó a mi lado, su brazo rodeándome la cintura como si no quisiera soltarme ni un segundo. Qué chido tenerlo así de cerca, pensé, mientras el calor de su cuerpo me hacía cosquillas en la piel. Habíamos decidido ver una peli pa' relajarnos después de un día de puro desmadre en el jale. Elegí Pasion por el Baile Pelicula, una de esas historias de dancers que te prenden el alma con sus movimientos, llena de ritmos latinos y cuerpos que se rozan como si el mundo se acabara.

La pantalla se iluminó y empezó la intro, con tambores retumbando como latidos acelerados. La prota, una morra bien prendida con curvas que no mienten, bailaba salsa en un antro lleno de luces neón y sudor. Órale, qué buena vibra, murmuré, sintiendo ya un cosquilleo en el estómago. Marco me apretó más la mano, su palma áspera de tanto gym, y olía a su colonia fresca mezclada con ese aroma macho que me volvía loca. "Esta peli está cañón, Sofi", me dijo al oído, su aliento caliente rozándome la oreja. Yo asentí, pero por dentro ya imaginaba esos pasos en nuestras caderas.

La historia avanzaba: la chava conoce a un vato en una clase de baile, y de ahí nace esa pasion por el baile que los une. Cada escena era un fuego lento; veías cómo sus cuerpos se pegaban en el ritmo, piernas entrelazadas, manos explorando espaldas sudadas. El sonido de los tacones contra el piso, los jadeos disfrazados de risas, el brillo del sudor en sus pieles morenas... Me mordí el labio, notando cómo mis pezones se endurecían bajo la blusa delgada. Marco se movió inquieto, su muslo presionando el mío, y juré que sentí algo duro contra mi pierna.

¿Ya se está armando el desmadre?
pensé, con una sonrisa pícara.

En la mitad de la peli, cuando los protas bailan un tango improvisado en la lluvia, no aguanté más. Pausé la película y me volteé hacia él. "Wey, ¿y si bailamos nosotros? Como en Pasion por el Baile Pelicula". Sus ojos se clavaron en los míos, oscuros y hambrientos. "Me late, preciosa", respondió, poniéndose de pie y jalándome con él. Puse cumbia en el Spotify, esa que retumba en los huesos, con bajos que vibran en el pecho. El cuarto se llenó de ritmo, el aire cargado de nuestro calor.

Empezamos lento, sus manos en mi cintura, guiándome. Sentí sus dedos fuertes hundiéndose en mi carne, el roce de su pecho contra mis tetas. Olía a él, a deseo puro, mezclado con el perfume de mi loción de vainilla. "Muévete así, como la de la peli", me susurró, su voz ronca. Yo me pegué más, mis caderas girando en círculos lentos, rozando su paquete que ya estaba tieso como palo. Neta, qué rico, jadeé en mi mente, mientras el sudor empezaba a perlar mi cuello. Nuestras respiraciones se sincronizaban con la música, bocas cerca, labios casi tocándose.

El baile se volvió intenso. Me dio una vuelta, mi falda se levantó dejando ver mis muslos, y cuando volví a su pecho, lo besé. Fue un beso de esos que queman, lenguas enredadas, sabor a sal y menta de su chicle. Sus manos bajaron a mis nalgas, amasándolas con ganas, apretándome contra su erección. "Estás mojada ya, ¿verdad?", murmuró contra mi boca. Yo gemí bajito, sintiendo el calor entre mis piernas, esa humedad que empapaba mis calzones. Sí, pendejo, por ti, quise decir, pero solo lo jalé al sofá.

Ahí empezó lo bueno. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. Sus labios en mi clavícula, lengua lamiendo el sudor salado, chupando mis pezones duros como caramelos. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a mi clítoris. Yo le desabroché el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, latiendo en mi mano. La piel suave, caliente, el olor almizclado de su excitación me mareaba. "Chúpamela, Sofi", rogó, y yo obedecí, arrodillándome. La metí a la boca, saboreando el precum salado, mi lengua girando en la cabeza mientras él gemía "¡Ay, cabrón, qué rico!". El sonido de su voz, gutural, me ponía más caliente.

Pero no quería acabar así. Lo empujé al sofá y me subí encima, quitándome la falda y los calzones de un jalón. Mi coño depilado brillaba de jugos, y él lo miró como si fuera un tesoro. "Ven, métemela", le pedí, guiando su pija a mi entrada. Entró despacio, estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chingón! grité en mi cabeza, mientras empezábamos a movernos. Ritmo de baile, caderas chocando, piel contra piel chapoteando. Sudor goteando, mezclándose, olor a sexo puro en el aire. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, yo clavándole las uñas en la espalda.

La tensión subía como la música de la peli que habíamos pausado. Cambiamos posiciones: él de rodillas, yo a cuatro patas en el sofá, embistiéndome fuerte. Cada golpe era profundo, tocando mi punto G, haciendo que mis paredes se contrajeran. "¡Más duro, Marco! ¡Como en la pasion por el baile pelicula!", grité, y él obedeció, jalándome el pelo suave, azotándome el culo con palmadas que ardían rico. El placer dolía tan chido, oleadas subiendo desde mis bolas hasta la garganta. Gemía sin control, voz ronca, el cuarto lleno de nuestros sonidos: carne golpeando, respiraciones jadeantes, mi "¡Sí, sí, cabrón!" y su "¡Te voy a llenar, preciosa!".

Lo volteamos otra vez, yo encima cabalgándolo como en un baile salvaje. Mis tetas rebotando, su mirada fija en ellas, manos apretándolas. Sentía su verga hincharse más, mis jugos chorreando por sus bolas. El clímax se acercaba, un nudo apretado en mi vientre. "Me vengo, Sofi", gruñó él, y eso me empujó al borde. Explosé primero, coño convulsionando alrededor de él, grito ahogado en su cuello, olas de éxtasis que me dejaban temblando. Él se corrió segundos después, chorros calientes pintando mis paredes, su cuerpo rígido bajo el mío.

Nos quedamos así, pegados, respiraciones calmándose. El sudor enfriándose en nuestra piel, olor a semen y coño mezclado con el de las palomitas frías. Reí bajito, besando su pecho. "Mejor que la peli, ¿no?". Él sonrió, acariciándome el pelo. "Neta, Sofi, contigo todo es pasion por el baile pelicula, pero en vivo y a todo color". Nos acurrucamos, la pantalla aún pausada en esa escena de baile eterno. Por dentro, sentía una paz chida, esa conexión que va más allá del cuerpo. Esto es lo que quiero siempre, pensé, mientras el sueño nos ganaba, envueltos en el afterglow de nuestra propia película privada.

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