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La Pasión de Cristo Wikipedia Desnuda

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La Pasión de Cristo Wikipedia Desnuda

Neta que todo empezó con una chingadera random en la noche. Estaba yo, Ana, tirada en la cama de nuestra depa en la Roma, con mi carnal Marco a un lado, sudando un poco por el calor pinche de México en verano. Él con su cel en la mano, yo con el mío, navegando como pendeja. De repente, me topé con la pasión de cristo wikipedia. Órale, pensé, qué onda con eso. La página hablaba de sufrimiento, de clavos, de corona de espinas, pero mi mente retorcida la vio de otra forma. Pasión, ¿no? Esa palabra que quema, que hace que se te erice la piel. Le pasé el link a Marco y le dije:

—Wey, mira esto. ¿Y si la hacemos nuestra? La pasión, pero la buena, la que nos deja temblando.

Él levantó la ceja, con esa sonrisa de cabrón que me moja al instante. Sus ojos cafés se clavaron en mí como si ya me estuviera desnudando. Se quitó la playera, dejando ver ese pecho moreno y marcado de tanto gym. El aire olía a su colonia barata mezclada con el sudor fresco, ese aroma que me da hambre de él.

¿Cómo ves, nena? Tú mandas. —me dijo, tirando el cel a un lado.

El corazón me latía fuerte, como tambor en fiesta. Me paré, sintiendo el piso fresco bajo mis pies descalzos, y saqué unas cuerdas suaves del cajón. Nada heavy, todo chido y consensual, como siempre jugamos. Lo até a la cabecera de la cama, sus brazos abiertos como en la cruz. Su piel tibia contra las sábanas blancas, el músculo tensándose bajo mis dedos. Toqué su pecho, sintiendo el vello rizado, el latido acelerado. Él jadeó bajito, ese sonido ronco que me recorre la espalda.

Me quité el top despacio, dejando que mis tetas rebotaran libres. El aire las rozó, endureciendo mis pezones al toque. Me incliné sobre él, mi pelo negro cayendo como cortina sobre su cara. Olía a shampoo de coco, mezclado con su esencia masculina. Le besé el cuello, saboreando la sal de su sudor, chupando suave hasta que gimió:

A huevo, Ana... no pares.

La tensión crecía como tormenta. Mis manos bajaron por su panza, sintiendo cada cuadrito abdominal contra mis palmas húmedas. Llegué a su short, lo bajé de un jalón. Su verga saltó libre, dura como piedra, venosa y palpitante. La tomé con la mano, sintiendo el calor que irradiaba, el pulso latiendo contra mi piel. La apreté suave, subiendo y bajando, mientras él se arqueaba, las cuerdas crujiendo.

Pero no iba a ser rápido. Quería build-up, como buena pasión. Me trepé sobre él, mis muslos gruesos a cada lado de sus caderas. Mi panocha rozaba su verga, húmeda ya, dejando un rastro brillante. El olor a mi excitación llenaba la recámara, dulce y almizclado, mezclado con el suyo. Le mordí el lóbulo de la oreja, susurrando:

—Esto es tu pasión, Cristo mío. Sufre por mí.

Él rió bajito, pero su voz salió entrecortada. Qué rico verlo así, vulnerable y cachondo. Bajé mi boca por su pecho, lamiendo un pezón, chupándolo hasta que se arrugó más. Sus gemidos subían de volumen, eco en las paredes. Toqué mi clítoris con una mano, sintiendo la humedad resbalosa, mientras con la otra lo masturbaba lento. El slap suave de piel mojada, el crujido de la cama, todo armaba sinfonía.

De pronto, me dio por jugar más. Agarré una vela del buró —nada lit, nomás para el roleplay— y la pasé por su piel, fingiendo espinas. Él se estremeció, el vello erizándose. Mi coño ardía, pidiendo más. Me posicioné, rozando la cabeza de su verga contra mis labios hinchados. Entré y salí solo la punta, torturándolo. Su cara, sudada, ojos cerrados, boca abierta en súplica silenciosa.

Porfa, nena... métetela toda. —suplicó, voz ronca.

Ahí estaba el conflicto interno: quería prolongar, sentir esa lucha entre control y rendición. Mi mente daba vueltas: ¿Lo dejo sufrir más? ¿O me entrego yo? El calor entre mis piernas era insoportable, jugos corriendo por sus bolas. Finalmente, cedí. Me hundí despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. El estirón ardiente, el roce de venas contra mis paredes. Gemí fuerte, mis uñas clavándose en su pecho.

Empecé a moverme, lento al principio. Arriba-abajo, sintiendo cada embestida profunda. Sus caderas subían a encontrarme, el choque de carne húmeda resonando como aplausos obscenos. Sudor nos cubría a los dos, perlas rodando por mi espalda, goteando en su piel. El olor a sexo puro, intenso, nos envolvía como niebla. Aceleré, mis tetas botando, pezones rozando su pecho. Él gruñía, tensando las cuerdas:

¡Chingao, Ana! ¡Sí así!

La intensidad subía. Cambié a vaquera reversa, dándole vista a mi culazo rebotando. Mis manos en sus muslos, sintiendo músculos duros. Toqué mis nalgas, abriéndolas para que viera todo. Él jadeaba, palabras entrecortadas:

—Eres mi salvación, pendeja... fóllame más.

Risita mía ahogada en gemido. El clímax se acercaba, como ola gigante. Sentí el cosquilleo en el bajo vientre, el calor expandiéndose. Me vine primero, fuerte, chillando su nombre. Mis paredes lo apretaron, ordeñándolo. Él no aguantó, se corrió adentro, chorros calientes llenándome, desbordando. El pulso de su verga, el temblor de su cuerpo atado, todo perfecto.

Me deslicé a su lado, desaté las cuerdas con manos temblorosas. Nos abrazamos, pieles pegajosas, respiraciones agitadas calmándose juntas. El cuarto olía a nosotros, a pasión cumplida. Besé su frente, saboreando sudor salado.

Neta, lo de la pasión de cristo wikipedia fue la mejor idea tuya. —dijo él, riendo suave, acariciando mi pelo.

Yo sonreí, sintiendo el afterglow cálido en el pecho. Quién iba a decir que una wiki religiosa nos daría esta noche de fuego. Nos quedamos así, enredados, con el ventilador zumbando bajito y la ciudad murmurando afuera. La tensión se había ido, dejando solo paz y conexión. Mañana, quién sabe, pero esta pasión nuestra era eterna, carnal y chida.

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