Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasion de Cristo Pelicula Completa en Nuestra Piel La Pasion de Cristo Pelicula Completa en Nuestra Piel

La Pasion de Cristo Pelicula Completa en Nuestra Piel

6298 palabras

La Pasion de Cristo Pelicula Completa en Nuestra Piel

La lluvia caía a cántaros sobre las calles empedradas de Coyoacán, ese golpeteo constante en el tejado de mi depa que me hacía sentir acorralada en el mejor sentido. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi pelo negro revuelto y una playera holgada que apenas tapaba mis curvas, me recargué en el pecho de Raúl. Él, mi carnal de casi treinta, con esa barba de tres días que tanto me gustaba rascar, tenía la laptop sobre las piernas. Qué chido estar así, pensé, oliendo su colonia mezclada con el aroma terroso de la lluvia que se colaba por la ventana entreabierta.

"Órale, nena, encontré la pasion de cristo pelicula completa en un sitio pirata. ¿La vemos? Pa' matar el tiempo", dijo Raúl con esa voz grave que me erizaba la piel. Asentí, acomodándome mejor contra él, mis nalgas rozando su entrepierna. La pantalla se iluminó con las primeras escenas, el desierto árido, la mirada sufriente de Cristo. El sonido de los latigazos retumbó en la habitación oscura, y sentí un escalofrío. No era solo el frío de la noche; era algo más profundo, como si esa pasión cruda despertara algo en mí.

Mientras la película avanzaba, el sudor en la frente del actor, el rojo de la sangre contrastando con la piel pálida, mis dedos empezaron a juguetear con el borde de su bóxer. Raúl respiraba más pesado, su mano grande posándose en mi muslo desnudo.

¿Por qué carajos esta película me pone cachonda? Es sufrimiento puro, pero esa entrega total... neta me prende
, me dije, mordiéndome el labio. El olor a palomitas rancias del microondas se mezclaba con el mío propio, ese almizcle sutil de excitación que empezaba a humedecer mis panties.

En la pantalla, los clavos atravesando la carne, el grito ahogado. Raúl apagó el volumen de golpe. "No mames, Ana, esto está muy intenso. ¿Tú sientes lo mismo que yo?". Su aliento caliente en mi oreja, sabor a chicle de menta cuando me volteé para besarlo. Nuestros labios se encontraron suaves al principio, un roce tentative como el viento antes de la tormenta. Luego, su lengua invadió mi boca, explorando con hambre. Gemí bajito, sintiendo su verga endurecerse contra mi nalga. Sí, wey, justo lo que necesitaba.

Acto seguido, sus manos subieron por mis muslos, abriéndolos con gentileza. "Quítate eso, preciosa", murmuró, jalando mi playera por la cabeza. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras por el aire fresco. Él los miró con ojos de lobo, lamiéndose los labios. Bajó la cabeza y chupó uno, succionando fuerte, el sonido húmedo resonando en la sala. ¡Ay, cabrón! El placer me recorrió como corriente eléctrica, desde el pecho hasta mi chocha que ya palpitaba empapada. Olía a sexo incipiente, a sal y deseo.

Yo no me quedé atrás. Metí la mano en su bóxer, saqué esa verga gruesa, venosa, que tanto adoraba. La apreté, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave. "Mírala, qué dura está por ti", le dije juguetona, masturbándolo lento. Raúl gruñó, un sonido gutural que vibró en mi piel. Me volteó boca arriba en el sofá, quitándome las panties de un tirón. Su nariz rozó mi monte de Venus, inhalando profundo. "Hueles a miel, nena. Quiero comerte entera".

Su lengua se hundió en mi raja, lamiendo desde el clítoris hasta el ano, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda. El sabor de mi propia excitación en su boca cuando me besó después, salado y dulce.

Esto es mejor que cualquier película, neta. Su pasión es mía, cruda y voluntaria
. Mis uñas se clavaron en sus hombros, dejando marcas rojas. "Más, Raúl, no pares, pendejo". Él rio contra mi piel, mordisqueando mis labios mayores, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí. El squish húmedo de mi coño chorreante, el roce áspero de sus nudillos, me llevó al borde.

Pero quería más. Lo empujé, poniéndome encima. "Ahora yo mando". Cabalgué su cara, restregando mi chocha contra su boca barbuda. Él lamía como poseído, manos amasando mis nalgas. El sudor nos pegaba, piel contra piel resbalosa. Grité cuando el orgasmo me golpeó, olas de placer que me dejaron temblando, jugos corriendo por su barbilla. "¡Chíngame ya, wey!".

Raúl me levantó como si nada, mis piernas alrededor de su cintura. Me llevó a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Su verga apuntaba al techo, brillante de precum. La guié yo misma, frotándola contra mi entrada. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Qué rico! Ese estirón delicioso, sus bolas golpeando mi culo con cada estocada. Él encima, misionero profundo, mirándome a los ojos. "Eres mi todo, Ana. Esta pasión es eterna".

El ritmo aumentó, cama crujiendo, lluvia azotando afuera como aplausos. Sudor goteando de su frente a mis tetas, mezclándose con mi saliva cuando lamí su cuello salado. Sus embestidas se volvieron salvajes, pero siempre atento a mis gemidos, ajustándose. "Dime si quieres más fuerte". "¡Sí, rómpeme, amor!". El olor a sexo denso, almizcle animal, me volvía loca. Sentí su verga hincharse dentro, mis paredes contrayéndose alrededor.

En la pantalla de la laptop olvidada, la película seguía muda, Cristo cargando la cruz. Nosotros, en nuestra propia vía dolorosa de placer.

La pasion de cristo pelicula completa nos prendió la mecha, pero esto es nuestro, puro fuego mexicano
. Raúl aceleró, gruñendo "Me vengo, nena". "Dentro, lléname". Explosión simultánea, su leche caliente bañando mis entrañas, mi segundo orgasmo exprimiéndolo todo. Temblores compartidos, pulsos sincronizados.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su peso sobre mí reconfortante, verga ablandándose aún dentro. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Qué chingón fue eso", susurró, acariciando mi pelo húmedo. Olía a nosotros, a lluvia y semen. La película terminó sola, créditos rodando en silencio.

Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón latir fuerte aún. Esta noche, la verdadera pasión de Cristo fue la nuestra, completa en piel y alma. Afuera, la lluvia amainó, dejando un fresco promesa de más noches así. Nos dormimos pegados, satisfechos, con el eco de gemidos en el aire.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.