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Sueños de Pasión Una Suegra Película Completa

6499 palabras

Sueños de Pasión Una Suegra Película Completa

La noche caía sobre la colonia Roma en la Ciudad de México, con ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te acariciara. Yo, Alejandro, había llegado a la casa de mi suegra Carmen porque mi esposa estaba de viaje en Cancún con unas amigas. Neta, pensé, qué chido que me tocara quedarme aquí solo con ella. Carmen era una mujer de cincuenta y tantos, pero con un cuerpo que no mentía: curvas generosas, pechos firmes que desafiaban la gravedad y un culo redondo que se movía como en un baile de cumbia cuando caminaba por la cocina.

Desde el primer día que la conocí, hace tres años, sentía esa electricidad. Sus ojos cafés profundos me miraban con una picardía que mi vieja no tenía, y su risa ronca, como un ronroneo, me ponía la verga dura al instante. Esa noche, después de cenar unos tacos de carnitas que ella preparó con ese toque especial de cilantro fresco y cebolla morada, nos sentamos en el sofá de la sala. El olor a limón de su perfume se mezclaba con el aroma de la comida, y el ventilador zumbaba perezosamente arriba.

Wey, Alejandro, ¿por qué tan callado? —me dijo, cruzando las piernas enfundadas en un vestido floreado que subía un poco, dejando ver sus muslos morenos y suaves.

Tragué saliva, sintiendo el pulso acelerado en las sienes.

¿Y si le digo la neta? Que sueño con ella todas las noches, como en esos sueños de pasion una suegra pelicula completa que veo en la red.
Pero me quedé mudo, solo sonreí.

Acto primero de esta película que se armaba en mi cabeza: la tensión inicial. Ella puso la tele, y por casualidad —o no— salió un canal de películas románticas. Sus manos rozaron las mías al pasar el control remoto, y juro que sentí un chispazo, como cuando tocas una estática en lana. Su piel tibia, suave como seda, olía a crema de vainilla. Me miró fijo, y en ese silencio, el deseo empezó a bullir.

La noche avanzó. Carmen se levantó a traer refrescos, y al agacharse en la cocina, vi el escote profundo de su vestido, esos senos pesados balanceándose. Mi verga se endureció tanto que dolió contra el pantalón. Puta madre, pensé, esto no es un sueño, es real. Volvió y se sentó más cerca, su pierna tocando la mía. El calor de su cuerpo irradiaba, y el sudor perlaba su cuello, invitándome a lamerlo.

—Cuéntame, carnal, ¿qué sueñas por las noches? —preguntó con voz baja, juguetona, como si supiera todo.

Mi corazón latía como tamborazo en una fiesta. Le conté mentiras al principio, pero luego solté: Sueños calientes, suegra, con una mujer como tú. Ella rio, pero no se alejó. Al contrario, su mano se posó en mi rodilla, subiendo despacio.

El medio tiempo llegó con la escalada. Nos besamos por primera vez en la penumbra de la sala, con el zumbido del ventilador como banda sonora. Sus labios eran carnosos, sabían a tequila y a miel, su lengua danzaba con la mía en un torbellino húmedo. La abracé, sintiendo sus tetas aplastadas contra mi pecho, duras como melones maduros. ¡Qué chingón! gemí en su boca mientras mis manos bajaban a su culo, amasándolo con fuerza. Ella jadeaba, su aliento caliente en mi oreja: ¡Ay, wey, me tienes loca!

La llevé a su recámara, esa con sábanas de algodón egipcio y velas aromáticas a lavanda que encendió. Nos desnudamos lento, como en cámara lenta de película erótica. Su cuerpo desnudo era un sueño hecho carne: piel olivácea brillante de sudor, pezones oscuros erectos, vello púbico negro y espeso enmarcando su concha rosada ya húmeda. Yo, con la verga tiesa palpitando, veins marcadas, la cabeza roja goteando precum.

Caímos en la cama, y el olor a sexo empezó a llenar el aire: almizcle salado de su excitación mezclado con mi sudor varonil. La besé por todo el cuerpo, lamiendo su cuello salado, chupando sus tetas hasta que gimió fuerte, ¡Más, pendejo, no pares! Mis dedos exploraron su coño empapado, resbaloso como miel caliente, el clítoris hinchado bajo mi pulgar. Ella me masturbó, su mano experta apretando mi tronco grueso, subiendo y bajando con ritmo de cadera bailarina.

Esto es mejor que cualquier sueños de pasion una suegra pelicula completa, neta, es mi realidad
, pensé mientras ella me montaba la cara, su culo en mi pecho, restregando su concha en mi boca. Lamí su jugo dulce-ácido, sorbiendo como tequila añejo, su ano fruncido rozando mi nariz. Gritaba: ¡Sí, cabrón, cómetela toda! Su orgasmo llegó como tormenta, temblando, inundándome la cara con chorros calientes.

La volteé, poniéndola a cuatro patas. Su espalda arqueada, culo en pompa, invitándome. Escupí en mi verga y la penetré de un golpe, sintiendo su interior apretado, aterciopelado, envolviéndome como guante caliente. El slap-slap de carne contra carne resonaba, mezclado con sus gemidos roncos y mis gruñidos animales. Olía a sexo puro, sudor, y su perfume ahora mezclado con feromonas. Le jalé el pelo negro largo, azotando su nalga que enrojeció al instante.

Fóllame duro, yerno, hazme tuya —suplicó, empujando hacia atrás. Cambiamos posiciones: misionero, con sus piernas en mis hombros, penetrando profundo hasta el útero. Sentía su pulso en las paredes vaginales, mi verga rozando su punto G. Ella se corrió otra vez, arañándome la espalda, ¡Me vengo, ay Dios! Yo resistí, prolongando el placer, sudando como en sauna.

El clímax final explotó cuando la puse de lado, cucharita, mi brazo bajo su cuello, follándola lento y profundo. El roce de pieles resbalosas, sus tetas rebotando en mi mano, su mano en mis huevos apretados. Me vengo, anuncié, y ella: Dentro, lléname. Eyaculé chorros calientes, inundándola, sintiendo contracciones ordeñándome hasta la última gota. Colapsamos, jadeantes, el semen goteando de su coño al colchón.

En el afterglow, nos abrazamos bajo las sábanas húmedas, su cabeza en mi pecho escuchando mi corazón calmarse. El aroma a sexo persistía, dulce y pecaminoso. Ella susurró: Esto fue como una película completa, mi amor. Yo sonreí, besando su frente salada.

Sueños de pasión hechos realidad con mi suegra, la mejor protagonista.
La tensión se disipó en paz, sabiendo que esto solo era el principio de más noches ardientes en esta casa mexicana llena de secretos calientes.

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