Final de Pasion y Poder Completo
Sofía caminaba por el pasillo acristalado de su penthouse en Polanco, el skyline de la Ciudad de México brillando como un mar de luces bajo la noche nublada. El aroma del tequila reposado flotaba en el aire, mezclado con el perfume de jazmín que siempre usaba para sentirse invencible. Llevaba un vestido negro ceñido que acentuaba sus curvas, la reina del concreto, pensó, mientras servía dos copas en la terraza. Hacía meses que no veía a Alejandro, ese cabrón con ojos de fuego que la desafiaba en juntas y la volvía loca en la cama.
La puerta se abrió con un clic suave, y ahí estaba él, alto, con camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro en su pecho. "Qué onda, Sofi. ¿Listos para cerrar este pinche trato?" dijo con esa voz grave que le erizaba la piel. Ella le tendió la copa, sus dedos rozándose un segundo de más. El roce fue eléctrico, como siempre. Se sentaron en los sillones de cuero, la brisa cálida trayendo olores de tacos callejeros lejanos y escape de autos.
"El contrato está casi listo, pero falta el final de pasión y poder completo, ¿no crees?" murmuró ella, juguetona, refiriéndose a su viejo apodo para sus noches locas. Alejandro sonrió, esa sonrisa pícara que gritaba te voy a romper. Hablaron de negocios primero, números fríos que contrastaban con el calor que subía entre sus piernas. Cada mirada era un reto: él, el rey de las finanzas; ella, la diosa de las fusiones. Pero bajo la mesa, sus rodillas se tocaban, y Sofía sentía el pulso acelerado en su garganta.
"Neta, este wey me prende como nadie. ¿Por qué siempre termino queriendo más?"
El tequila bajó suave, quemando la garganta con notas ahumadas. Alejandro se acercó, su mano grande posándose en su muslo desnudo. "Te extrañé, mamacita. Tus ojos me matan." Ella no se apartó; al contrario, giró el cuerpo hacia él, el vestido subiendo un poco. Sus labios se encontraron en un beso lento, exploratorio. Saboreó el tequila en su boca, salado y dulce, mientras sus lenguas bailaban como en una salsa prohibida. El sonido de la ciudad abajo era un rugido distante, ahogado por sus respiraciones jadeantes.
Acto primero cerrado. Ahora, la tensión subía como el humo de un volcán. Alejandro la levantó en brazos, fuerte y seguro, llevándola al cuarto principal. La cama king size con sábanas de seda egipcia los esperaba, iluminada por luces tenues. La arrojó suave, pero con esa dominancia que la empoderaba. Sofía se quitó el vestido de un tirón, quedando en lencería roja que compró pensando en él. "Ven, pendejo, muéstrame tu poder", lo retó, voz ronca de deseo.
Él se desvistió despacio, torturándola. Primero la camisa, revelando abdominales marcados por gimnasio y boxeo. Luego los pantalones, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa, oliendo a hombre limpio con un toque de sudor fresco. Sofía se lamió los labios, el corazón latiéndole en el clítoris. Se arrodilló en la cama, gateando hacia él como una pantera. Sus manos lo tocaron primero: piel caliente, músculos tensos bajo sus palmas. Bajó la boca, lengua trazando la punta, saboreando la gota salada de precum. "Órale, qué rico", gimió él, enredando dedos en su cabello negro largo.
La chupó con hambre, succionando, lamiendo las bolas suaves, el sonido húmedo llenando la habitación. Alejandro gruñía, caderas moviéndose leve. "Para, o me vengo ya, chula." La jaló arriba, volteándola boca abajo. Sus besos bajaron por su espalda, mordisqueando la nuca, hombros, hasta llegar al culo redondo. Manos separando nalgas, lengua en su concha mojada. Sofía arqueó la espalda, oliendo su propia excitación almizclada mezclada con el jazmín. "¡Sí, ahí, cabrón!" gritó, uñas clavándose en las sábanas.
La tensión crecía, no solo física. En su mente, recuerdos: la primera vez en Acapulco, arena pegada a la piel salada, olas rompiendo mientras él la penetraba. Las peleas en juntas, miradas que prometían revancha en la cama. Este wey me da poder, no me lo quita, pensó ella, mientras él lamía su clítoris hinchado, dedos entrando y saliendo, curvándose en su punto G. El placer era un tambor acelerado en su vientre, jugos chorreando por sus muslos.
"Quiero que me rompa, pero al final, yo mando."
Se volteó, jalándolo encima. Montó su cara, restregando la concha contra su boca barbuda. El roce áspero la volvía loca, sabores mezclados en sus labios cuando lo besó después. Ahora, él encima, verga presionando su entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola delicioso. "Estás tan apretada, Sofi, como siempre." Ella envolvió piernas en su cintura, talones clavándose en su espalda. Empujones lentos primero, sintiendo cada vena, el grosor llenándola completa.
El ritmo subió, camas rechinando, piel chocando con palmadas húmedas. Sudor perlando sus cuerpos, olor a sexo crudo invadiendo el aire. Sofía clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas. "Más fuerte, dame todo tu poder." Él obedecía, embistiéndola profundo, bolas golpeando su culo. Besos salvajes, mordidas en pezones duros como piedras. El orgasmo de ella vino primero, una ola rugiente: músculos contrayéndose alrededor de su verga, chorros calientes mojando sábanas. "¡Me vengo, Alejandro!" gritó, visión borrosa, cuerpo temblando.
Él no paró, prolongando su placer con roces en el clítoris sensible. Luego, su turno: gruñidos guturales, embestidas erráticas. "Te lleno, reina." Calor explosivo dentro, semen espeso pintando sus paredes, goteando fuera cuando salió. Colapsaron juntos, pechos agitados, piel pegajosa. El silencio post-sexo roto solo por sus respiraciones y el zumbido de la ciudad.
En el afterglow, Sofía trazó círculos en su pecho con uñas pintadas de rojo. "Ese fue el final de pasión y poder completo, ¿verdad? Mañana firmamos y cada quien su camino." Alejandro la besó la frente, suave ahora. "Tal vez, pero neta, Sofi, esto fue chingón. Tú mandas siempre." Ella sonrió, empoderada, sabiendo que el poder no se pierde en la entrega mutua. El jazmín aún flotaba, mezclado con su esencia compartida. Mañana sería negocios, pero esta noche, pasión total.
Se durmieron entrelazados, el amanecer tiñendo las cortinas de rosa. Sofía soñó con más finales como este, pero por ahora, este era perfecto, completo.