Pasiones Secretas del Elenco de Novela Pasión
El sol de Ciudad de México caía a plomo sobre el foro de Televisa, pero adentro del set de Novela Pasión, el calor era de otro tipo. Yo, Ana López, la protagonista que todos amaban odiar, acababa de terminar una escena de celos furiosos con mi coprotagonista, Luis Herrera. Él interpretaba al galán mujeriego, ese tipo que te hace odiarlo y desearlo al mismo tiempo. En el elenco de Novela Pasión, todos sabíamos que la química entre nosotros no era solo actuación. Neta, cada mirada que nos echábamos durante las tomas me ponía la piel chinita.
—Corte —gritó el director, y el set se llenó de ese bullicio típico: luces apagándose, asistentes corriendo con cafés, y el olor a maquillaje mezclado con sudor fresco. Me quité el vestido ajustado de la escena, ese que me hacía ver como una diosa vengativa, y me puse una bata ligera. Luis se acercó, con esa sonrisa pícara que le salía natural, como si fuera su personaje.
¿Por qué carajos me mira así? —pensé, mientras sentía un cosquilleo en el estómago—. Es solo un wey del elenco, pero su voz grave me hace imaginar cosas que no debería.
—Órale, Ana, qué escena tan cabrona —dijo él, pasándome una botella de agua fría—. Parecías lista para comerme vivo. ¿O nomás era mi imaginación?
Le di un trago y lo miré de reojo. Sus ojos cafés, profundos como un mezcal añejo, me atrapaban. —No seas pendejo, Luis. Tú eres el que no puede quitarme las manos de encima en las tomas. ¿Qué, te excita tanto drama?
Se rio, esa risa ronca que retumbaba en mi pecho. El resto del elenco empezó a desbandarse hacia el catering, pero nosotros nos quedamos ahí, en el pasillo angosto entre camerinos. El aire olía a su colonia, madera y algo más masculino, como tierra mojada después de la lluvia. Mi corazón latía fuerte, y no era por el estrés de la grabación.
La primera vez que noté la tensión fue hace semanas, durante un ensayo. Novela Pasión contaba la historia de amores prohibidos en un rancho jalisciense, y Luis y yo teníamos que besarnos bajo una tormenta falsa. Sus labios rozaron los míos más tiempo del necesario, y sentí su aliento caliente, con sabor a chicle de menta. Desde entonces, cada escena era un juego peligroso. Hoy, después de esa discusión fingida, el deseo se acumulaba como nubes de tormenta.
—Ven, vamos por un trago rápido al roof —me propuso, guiñándome el ojo—. Para celebrar que sobrevivimos otro día en este manicomio.
No pude decir que no. Subimos por las escaleras de servicio, el eco de nuestros pasos resonando como un secreto compartido. Arriba, el skyline de la CDMX se extendía infinito, con el sol poniéndose en tonos naranjas y rosas. Sacó una botella de tequila reposado de su mochila —el wey siempre andaba preparado— y sirvió en vasos plásticos.
—Salud, por el elenco de Novela Pasión y sus locuras —brindó, chocando su vaso contra el mío.
El tequila bajó ardiente por mi garganta, despertando cada nervio. Nos sentamos en unas sillas plegables, cerca uno del otro. Su muslo rozó el mío, y no se apartó. Hablamos de todo: de lo chido que era el guion, de las chismes del set, de cómo odiábamos las escenas de llanto eterno. Pero sus ojos decían otra cosa. Me miró los labios, y yo sentí mi piel erizarse.
Si me besa ahora, no lo paro —me dije, el pulso acelerado como tambores de mariachi.
—Ana, neta, desde el primer día te vi y pensé: esta morra va a volverme loco —confesó, su voz baja, ronca—. No es solo la novela. Eres fuego puro.
Me incliné hacia él, el olor de su piel invadiéndome, salado y dulce. —Pues haz algo al respecto, galán. O nomás sabes actuar.
Sus labios cayeron sobre los míos como una avalancha. Suave al principio, explorando, con ese sabor a tequila que me embriagaba más. Sus manos subieron por mi espalda, bajo la bata, tocando mi piel desnuda. Gemí bajito contra su boca, sintiendo su lengua danzar con la mía, caliente y demandante. El viento de la tarde nos envolvía, trayendo ecos de la ciudad abajo, pero éramos solo nosotros.
Me levantó en brazos sin esfuerzo, como en las escenas románticas de la novela, y me llevó a un rincón semioculto por unas plantas. Me recargó contra la pared, besando mi cuello, mordisqueando suave. —Qué rica hueles, Ana —murmuró, inhalando profundo—. A jazmín y deseo.
Mis manos bajaron por su pecho firme, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa. Desabotoné rápido, lamiendo su piel caliente, con gusto a sal y hombre. Él gruñó, un sonido animal que me mojó al instante. Sus dedos se colaron entre mis piernas, encontrándome lista, resbaladiza. —Estás empapada, mamacita —dijo, con esa voz juguetona—. ¿Tanto te prendo?
—Cállate y fóllame ya —le exigí, jalando su pantalón. Su verga saltó libre, dura como piedra, gruesa y palpitante. La toqué, suave al principio, sintiendo las venas latir bajo mi palma. Él jadeó, empujando contra mi mano.
Nos desvestimos con urgencia, ropa volando. Su cuerpo sobre el mío, piel contra piel, el calor de México multiplicado. Me penetró lento, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Grité su nombre, el placer doliendo rico, como un tequila puro. Empezó a moverse, ritmado, profundo, cada embestida enviando ondas de éxtasis por mi cuerpo. Oí mis propios gemidos mezclados con los suyos, el slap-slap de carne contra carne, el viento susurrando aprobación.
Le arañé la espalda, oliendo su sudor fresco, probando su hombro salado. —Más fuerte, Luis, no pares —supliqué, mis caderas subiendo a su encuentro. Él aceleró, gruñendo palabras sucias: —Te voy a romper, pinche diosa. Qué apretada estás, qué chingón se siente.
El clímax llegó como un volcán, mi cuerpo convulsionando, paredes apretándolo mientras olas de placer me ahogaban. Él se vino segundos después, caliente dentro de mí, rugiendo mi nombre. Nos quedamos pegados, respiraciones entrecortadas, el sol ya oculto dejando estrellas testigos.
Después, recostados en una manta improvisada, fumamos un cigarro compartido —vicio de actores estresados—. Su cabeza en mi pecho, mi mano enredada en su pelo revuelto. —Esto no cambia nada en el set, ¿eh? —dijo, medio en broma.
—Ni madres, pendejo. Pero repitámoslo pronto —respondí, riendo suave.
En el elenco de Novela Pasión, las pasiones no eran solo ficción. Esa noche, bajamos del roof de la mano, con la promesa de más secretos. La novela seguía, pero nuestra historia apenas empezaba, ardiente y real como el tequila en las venas.