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Pasión Cap 21 Fuego en la Piel

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Pasión Cap 21 Fuego en la Piel

Ana sintió el corazón latiéndole con fuerza mientras subía las escaleras del departamento en Polanco. El aroma del mole poblano que Marco había preparado flotaba en el aire, mezclándose con el perfume fresco de las gardenias que adornaban la mesa. Habían pasado semanas desde su última noche juntos, con el pinche trabajo absorbiéndolos como un remolino. Pero esta noche, órale, iba a ser diferente. Ella lo sabía, lo sentía en las chispas que le recorrían la piel solo de imaginar sus manos fuertes sobre su cuerpo.

Marco abrió la puerta con esa sonrisa pícara que la desarmaba. "Mi reina, al fin llegaste. Ven, prueba esto, está chido." La abrazó por la cintura, su aliento cálido rozándole el cuello. Ana inhaló su colonia, esa mezcla de madera y cítricos que siempre la ponía en calentura. Cenaron entre risas, recordando anécdotas de cuando se conocieron en la UNAM, él en arquitectura, ella en literatura. "¿Te acuerdas de esa vez en Xochimilco, wey? Trajiste trajinera y todo", dijo ella, mordiéndose el labio.

El deseo empezó como un cosquilleo sutil. Sus pies se rozaron bajo la mesa, y Ana notó cómo los ojos de Marco se oscurecían, devorándola. "Esta noche es especial, ¿sabes? Como Pasión cap 21, esa parte del libro que tanto te gusta, donde el fuego se desata sin control." Él guiñó un ojo, y ella rio bajito, sintiendo el calor subirle por el pecho. Habían descubierto ese libro erótico en una librería de la Condesa, y desde entonces lo usaban como pretexto para sus juegos.

"¿Y si la hacemos realidad? Tú eres mi heroína ardiente, Ana."

El pulso se le aceleró. Se levantó, tirando la servilleta al suelo sin querer. Marco la siguió al sofá, donde la luz tenue de las velas bailaba en las paredes. Sus labios se encontraron en un beso lento, profundo, saboreando el picor del tequila en su lengua. Las manos de él subieron por su espalda, desabrochando el vestido con maestría. La tela cayó como una cascada, dejando su piel expuesta al aire fresco de la noche.

En el medio del clímax de la cena, el beso se volvió urgente. Ana jadeó cuando sintió sus dedos trazando círculos en su ombligo, bajando despacio hacia el encaje de su ropa interior. "Qué rico hueles, mi amor. A jazmín y a mujer lista para explotar", murmuró él contra su boca. Ella lo empujó suave contra el sofá, montándose a horcajadas. Sus caderas se mecían instintivamente, frotándose contra la dureza que crecía bajo sus jeans. El roce era eléctrico, un frenesi de tacto y calor que le erizaba la piel.

"No seas pendejo, Marco, quítate eso ya", susurró ella con voz ronca, tirando de su camisa. Los botones saltaron, revelando el pecho moreno y musculoso que tanto adoraba. Lo besó ahí, lamiendo el sudor salado que empezaba a perlarse. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en su pecho y se le coló hasta el alma. Sus manos grandes amasaron sus senos, pellizcando los pezones hasta que dolieron de placer. Ana arqueó la espalda, el aire llenándose del aroma almizclado de su excitación mutua.

Esto es puro fuego, pensó ella. Como en Pasión cap 21, donde ella toma el control y él se rinde. Neta, qué chingón se siente empoderada.

La tensión crecía como una tormenta. Marco la volteó con gentileza, colocándola de rodillas en el sofá. Sus labios bajaron por su espina dorsal, besando cada vértebra hasta llegar a sus nalgas. "Ábrete para mí, preciosa", pidió, y ella obedeció, temblando de anticipación. Su lengua la exploró, lamiendo con devoción el centro de su placer. Ana gritó bajito, el sonido ahogado contra un cojín. El sabor de ella lo volvía loco; era dulce y salado, como el mango con chile que comían en la calle. Sus dedos se unieron a la danza, curvándose dentro de ella, tocando ese punto que la hacía ver estrellas.

"¡Marco, ya no aguanto!" gimió, las uñas clavándose en el cuero del sofá. Él se incorporó, despojándose de los jeans. Su miembro erecto saltó libre, grueso y palpitante, con una gota perlada en la punta. Ana lo miró con hambre, extendiendo la mano para acariciarlo. La piel era aterciopelada sobre acero, caliente como brasas. Lo masturbó despacio, saboreando su gemido ronco, antes de inclinar la cabeza y tomarlo en la boca. El sabor era puro macho, salado y adictivo. Él enredó los dedos en su cabello, guiándola sin forzar, solo disfrutando.

La intensidad subía. Se pusieron de pie, tambaleantes, y cayeron en la cama king size que olía a sábanas frescas de lavanda. Marco se colocó encima, sus ojos fijos en los de ella. "Te quiero dentro de mí, carnal. Hazme tuya", rogó Ana, envolviendo las piernas alrededor de su cintura. Él entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola con un placer que rayaba en dolor. Ambos jadearon al unísono, el sonido de sus cuerpos uniéndose como un tambor primitivo.

El ritmo empezó lento, un vaivén sensual que hacía crujir la cama. Sus pieles chocaban con palmadas húmedas, el sudor lubricando cada embestida. Ana sentía cada vena de él pulsando dentro, rozando sus paredes sensibles. "Más fuerte, pendejito, dame todo", exigió, arañando su espalda. Marco aceleró, gruñendo palabras sucias en su oído: "Eres tan chingona, mi vida. Tu coño me aprieta como nadie." El olor a sexo impregnaba el cuarto, mezclado con el perfume de sus cuerpos.

En su mente, Ana revivía Pasión cap 21: la entrega total, el éxtasis compartido. Pero esto era real, mejor que cualquier página.

La espiral ascendía. Cambiaron posiciones; ella encima, cabalgándolo como una amazona. Sus senos rebotaban con cada salto, y Marco los chupaba con avidez, mordisqueando hasta dejar marcas rojas. El placer se acumulaba en su vientre, una presión ardiente lista para estallar. "Me vengo, Marco, ¡no pares!" gritó. El orgasmo la atravesó como un rayo, contracciones que lo ordeñaban. Él la siguió segundos después, derramándose dentro con un rugido animal, su semilla caliente llenándola.

Colapsaron juntos, jadeantes, envueltos en un enredo de extremidades. El afterglow era puro éxtasis: el corazón de él latiendo contra su pecho, el roce suave de sus dedos en su cabello húmedo. Ana besó su hombro, saboreando el salado de su piel. "Qué pedo, amor. Eso fue... inolvidable. Mejor que cualquier cap."

Marco rio bajito, atrayéndola más cerca. "Y esto es solo el principio de nuestra propia Pasión cap 21. Mañana, cap 22." Se durmieron así, con la luna filtrándose por las cortinas, el aroma de su unión persistiendo en el aire como una promesa de más noches ardientes. Ana sonrió en la oscuridad, sintiéndose completa, poderosa, amada. En México, el amor se vive así: con pasión desbordada y sin remordimientos.

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