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Abismo de Pasion Capitulo 108 El Fuego Oculto

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Abismo de Pasion Capitulo 108 El Fuego Oculto

El sol del atardecer en Polanco teñía las ventanas del penthouse con un naranja ardiente, como si el cielo mismo conspirara para encender la noche que se avecinaba. Yo, Valeria, acababa de llegar de un viaje de negocios en Guadalajara, con el cuerpo aún vibrando por el ajetreo de aviones y reuniones eternas. Pero nada de eso importaba ahora. Ahí estaba él, mi Javier, esperándome en la terraza con una botella de tequila reposado en la mano, su camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver ese pecho moreno y musculoso que tanto me volvía loca.

Órale, mi amor, murmuró con esa voz grave que me erizaba la piel, al fin llegaste. Te extrañé como loco. Sus ojos negros me devoraban, recorriendo mi falda ajustada y la blusa que se pegaba a mis curvas por el calor húmedo de la ciudad. El aroma a jazmín del jardín vertical flotaba en el aire, mezclado con el leve picor del tequila y algo más primitivo: el olor de su piel sudada después de un día en el gym.

Me acerqué despacio, sintiendo cómo mis tacones resonaban en el mármol pulido. Mi corazón latía fuerte, un tambor en el pecho que anunciaba la tormenta.

Esto es como el Abismo de Pasion Capitulo 108 que publicaste en tu blog ayer, Val
, dijo riendo bajito, recordándome esa historia erótica que escribí inspirada en nosotros. Le di un beso suave en los labios, probando el salado de su boca, y susurré: Neta, carnal, esta noche vamos a superarla.

La tensión inicial era palpable, como un elástico a punto de romperse. Nos sentamos en los sillones de cuero blanco, con la ciudad brillando abajo como un mar de luces. Él me sirvió un trago, sus dedos rozando los míos deliberadamente, enviando chispas por mi espina. Hablamos de tonterías: el tráfico infernal, una cumbia que sonaba de fondo en los altavoces, pero mis ojos no dejaban de bajar a su entrepierna, donde ya se marcaba el bulto prometedor bajo los pantalones de lino. ¿Qué traes ahí, pendejo? bromeé, mordiéndome el labio. Él sonrió con picardía: Todo para ti, mamacita.

El primer sorbo de tequila quemó mi garganta, calentándome desde adentro. Su mano subió por mi muslo, lenta, explorando la piel suave bajo la falda. Sentí el calor de su palma, áspera por el trabajo manual que tanto me excitaba. Mi respiración se aceleró, y un cosquilleo húmedo se instaló entre mis piernas. No tan rápido, guapo, le dije, pero mi cuerpo ya lo traicionaba, arqueándose hacia él.

La noche avanzaba, y el deseo crecía como una ola en el Pacífico. Javier me levantó en brazos, fuerte y seguro, llevándome al cuarto principal. La habitación olía a sándalo de las velas que había encendido, y la cama king size nos esperaba con sábanas de algodón egipcio frías al tacto. Me depositó con gentileza, pero sus ojos ardían. Se quitó la camisa, revelando abdominales marcados y ese tatuaje de águila en el pectoral que lamí tantas veces.

Te quiero tanto que duele
, confesó, su voz ronca mientras desabrochaba mi blusa botón por botón.

Sus labios bajaron por mi cuello, mordisqueando suave, dejando un rastro húmedo que se enfriaba al aire. Gemí bajito, el sonido escapando sin permiso. Mis manos se enredaron en su cabello negro, tirando un poco, guiándolo más abajo. Él liberó mis pechos, grandes y firmes, y chupó un pezón con hambre, la lengua girando en círculos que me hicieron arquear la espalda. ¡Qué rico, Javier! ¡No pares! exclamé, el placer punzando como electricidad.

Pero no era solo físico; en mi mente bullían pensamientos. ¿Por qué este hombre me hace sentir viva así? Después de tantos meses juntos, cada toque es nuevo, como caer en un abismo sin fondo. Él lo sabía, porque susurró contra mi piel: Sé lo que necesitas, mi reina. Déjate llevar. Bajó mi falda y las tangas de encaje, exponiéndome al aire fresco. Su aliento caliente rozó mi monte de Venus, y yo temblé, anticipando.

La escalada fue gradual, tortuosa. Sus dedos separaron mis labios húmedos, encontrando el clítoris hinchado. Lo masajeó con pericia, círculos lentos que me hicieron jadear. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su colonia cítrica. Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que me volvía loca. Estás chorreando, Val. Tan mojada por mí, gruñó, y yo respondí empujando las caderas contra su mano. El sonido era obsceno: chapoteos suaves, mis gemidos cada vez más altos, el zumbido del ventilador ceiling que no enfriaba nada.

Lo volteé, queriendo devolvérselo. Desabroché su pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor satinado, el pulso acelerado. La lamí desde la base hasta la punta, probando el sabor salado de su pre-semen. Él siseó: ¡Carajo, qué chingona eres! La tragué profunda, mi garganta relajándose por práctica, mientras mis manos masajeaban sus bolas pesadas. Sus caderas se movían, follándome la boca con cuidado, pero la urgencia crecía.

Inner struggle: Quería más, pero temía perder el control tan pronto.

Esto es nuestro abismo, Javier. Profundo, oscuro, adictivo
, pensé mientras lo montaba. Me posicioné sobre él, frotando mi concha empapada contra su punta. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme por completo. ¡Ay, Dios! ¡Qué grande estás! grité, el placer rayando en dolor dulce. Empecé a moverme, arriba y abajo, mis pechos rebotando, sudor perlando mi piel.

Él agarró mis caderas, guiándome, embistiendo desde abajo con fuerza controlada. El slap-slap de piel contra piel llenaba la habitación, junto con nuestros jadeos. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, él detrás, penetrándome profundo mientras su mano llegaba a mi clítoris. Vente conmigo, mi amor, rogó, y el orgasmo me golpeó como un tsunami. Ondas de placer me sacudieron, mi concha contrayéndose alrededor de él, chorros de jugos mojando las sábanas. Él gruñó, llenándome con su leche caliente, pulsos y pulsos que sentía en lo más hondo.

Colapsamos juntos, cuerpos enredados, piel pegajosa por sudor y fluidos. El afterglow era puro: su corazón latiendo contra mi espalda, besos suaves en la nuca. El aroma a sexo impregnaba el aire, mezclado con el tequila olvidado en la mesita. Eres mi todo, Val, murmuró, y yo sonreí, satisfecha.

En este Abismo de Pasion Capitulo 108 de nuestra vida, no hay regreso. Solo más profundo
.

Nos quedamos así, escuchando la ciudad pulsar afuera, sabiendo que el amanecer traería más. Pero por ahora, el fuego oculto ardía bajo las cenizas, listo para reavivarse.

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