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Diario de una Pasion Escena Final

5997 palabras

Diario de una Pasion Escena Final

Querido diario, hoy escribo estas líneas con el corazón latiéndome como tambor en fiesta de pueblo. Es la escena final de esta pasión que me ha consumido por meses. Marco, ese moreno alto con ojos que queman como tequila puro, me ha citado en esta suite del hotel en Polanco. El aire huele a jazmín del jardín abajo y a mi perfume de vainilla que me puse sabiendo que lo volvería loco. Llevo ese vestido rojo ceñido que resalta mis curvas, sin nada debajo, sintiendo el roce fresco de la tela contra mi piel erizada de anticipación.

La puerta se abre y ahí está él, con camisa blanca desabotonada dejando ver su pecho firme, pantalón ajustado marcando lo que ya sé que me va a volver loca. "Hola, mi reina", dice con esa voz ronca que me eriza el vello. Me acerco, mis tacones repiqueteando en el mármol, y lo jalo por la nuca para besarlo. Sus labios saben a menta y a deseo reprimido, su lengua invade mi boca como si quisiera devorarme entera. Siento sus manos grandes bajando por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona.

¡Neta, diario, este pendejo sabe cómo encender el fuego!

Nos tropezamos hasta la cama king size, con sábanas de seda que crujen bajo nosotros. Me tumba suave pero firme, sus ojos devorándome mientras se quita la camisa. Huele a su colonia cítrica mezclada con sudor fresco de la calle caliente de la Ciudad de México. Le desabrocho el cinturón con dedos temblorosos, ansiosa por liberarlo. "Te extrañé tanto, Ana", murmura mientras me besa el cuello, mordisqueando esa zona sensible que me hace arquear la espalda. Su aliento caliente me provoca escalofríos deliciosos, y yo gimo bajito, "Yo más, carnal, no sabes cómo te he soñado cogiéndome así".

La tensión crece como tormenta de verano. Le bajo el pantalón y ahí está su verga dura, palpitante, venosa, lista para mí. La acaricio despacio, sintiendo su calor en mi palma, el pulso acelerado que late contra mi piel. Él jadea, "Qué rica eres, mija", y me quita el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas llenas y mis pezones duros como piedras. Los chupa uno a uno, lamiendo con lengua experta, succionando hasta que siento descargas eléctricas directo a mi entrepierna. Huele a mi propia excitación, ese aroma almizclado que llena la habitación, y yo me retuerzo, abriendo las piernas para que sus dedos encuentren mi concha ya empapada.

"Estás chorreando por mí", dice triunfante, metiendo dos dedos gruesos adentro, curvándolos para rozar ese punto que me hace ver estrellas. Gimo fuerte, el sonido rebotando en las paredes, mis caderas moviéndose solas contra su mano.

Diario, es como si me leyera el alma, sabe exactamente cómo tocarme para que pierda la razón.
Le agarro el pelo, jalándolo para que baje más. Su boca llega a mi clítoris, lamiéndolo con hambre, chupándolo mientras sus dedos follan mi interior. Sabor salado de mi flujo en su lengua, lo sé por cómo gruñe de placer. Mis muslos tiemblan, apretando su cabeza, y grito "¡No pares, wey, así!". El orgasmo me azota como ola en Acapulco, mi cuerpo convulsionando, jugos brotando mientras él lame todo sin desperdiciar.

Pero no es suficiente. Lo quiero dentro, llenándome. Lo empujo para que se acueste y me monto encima, frotando mi concha mojada contra su verga dura como hierro. Siento cada vena rozando mis labios hinchados, lubricándonos mutuamente. "Cógeme ya, Marco", le ordeno, y él obedece, guiándome para que baje despacio. Su punta abre mi entrada, estirándome deliciosamente, y cuando lo tengo todo adentro, ¡órale!, es plenitud total. Su grosor me llena, tocando fondo, y empezamos a movernos. Yo cabalgo fuerte, tetas rebotando, él agarrándolas, pellizcando pezones. Sudor perla su piel morena, goteando hasta mí, salado en mi lengua cuando lo lamo de su pecho.

La habitación se llena de nuestros gemidos, slap-slap de carne contra carne, olor a sexo puro, intenso. Cambio de posición: él me pone a cuatro patas, desde atrás, sus manos en mis caderas tirando de mí. Cada embestida profunda me hace gritar, su saco golpeando mi clítoris.

¡Es la pasión más salvaje, diario, esta escena final de nuestro diario de una pasión!
Siento sus dedos en mi ano, masajeando suave, consensual, agregando placer extra. "¿Te gusta, mi amor?", pregunta, y yo asiento frenética, "Sí, pendejito, dame todo". El ritmo acelera, sus gruñidos animales, mi concha apretándolo como vicio.

Emocionalmente, esto duele y excita a la vez. Mañana se va a su nuevo trabajo en Guadalajara, y acordamos que es el fin, pero qué manera de cerrar. Sus pensamientos se filtran en susurros: "Eres inolvidable, Ana, esta pasión fue lo mejor". Yo respondo con besos, mordidas en su hombro, dejando mi marca. El clímax se acerca, mi vientre tensándose, paredes internas palpitando. "Ven conmigo", le digo, y exploto otra vez, gritando su nombre mientras mi jugo lo baña. Él ruge, clavándose hondo, llenándome de su leche caliente, chorros potentes que siento salpicando adentro.

Colapsamos, jadeantes, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su peso sobre mí es reconfortante, su corazón martilleando contra mi pecho. Besos lentos ahora, lenguas perezosas saboreando el aftertaste salado. Huele a nosotros, a sexo satisfecho, a cierre dulceamargo. Me acaricia el pelo, "Gracias por esta locura", y yo sonrío, lágrimas picando pero felices.

Ahora, sola en la cama revuelta, escribo esto como testigo de nuestra diario de una pasion escena final. Duele el vacío que deja, pero me empodera saber que lo di todo, que fui dueña de mi placer. Mañana sigo adelante, más fuerte, con estos recuerdos tatuados en el alma. Adiós, Marco. Adiós, pasión ardiente. Fin.

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