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La Pasion Segun GH PDF Ardiente

6485 palabras

La Pasion Segun GH PDF Ardiente

Yo era Gabriela Hernández, pero todos me decían GH, como esas iniciales que suenan a misterio en las novelas baratas. Vivía en un depa chulo en la Roma Norte, con vistas a los jacarandas que se ponían morados en primavera. Esa tarde de calor agobiante en la Ciudad de México, mi cel sonó con un mail de Hernán, mi ex que no terminaba de ser ex. El asunto decía para ti nomás, y el archivo adjunto era la pasion segun gh pdf. Neta, mi corazón dio un brinco. ¿Qué chingados era eso? Lo descargué de volada, el icono parpadeando en mi pantalla como una promesa sucia.

Abrí el PDF y las palabras me jalaron de golpe. Era él escribiendo sobre nosotros, sobre esa noche en su casa de Coyoacán cuando nos clavamos como animales. Leí las primeras líneas:

GH se recargó en la puerta, su blusa pegada al sudor, los pezones marcándose como balas. Yo la jalé del pelo, suave pero firme, y ella gimió Hernán, no mames, hazme tuya.
Sentí un calor subiéndome por las nalgas, el aire acondicionado zumbando inútil contra mi piel que se erizaba. Olía a mi café de olla olvidado en la mesa, pero ya no importaba. Mis dedos temblaban en el mouse, bajando páginas, imaginando su voz ronca narrando cada caricia. ¿Por qué me mandaba esto ahora, wey? Habían pasado meses desde que nos dejamos, pero esa pasión no se apagaba, era como un carbón encendido esperando oxígeno.

El deseo me picaba adentro, un hormigueo que bajaba hasta mi entrepierna. Me recargué en la silla, las piernas abriéndose solas, y dejé que mi mano rozara el encaje de mis calzones. El PDF seguía: descripciones de mi boca chupando su verga dura, el sabor salado de su prepucio, el gemido gutural que soltaba cuando le lamía las bolas. Qué rico, pensé, mordiéndome el labio. El cuarto se llenaba de mi aroma, ese olor almizclado de excitación que me traicionaba. Quería llamarlo, pero el orgullo me frenaba. ¿Y si era un juego? ¿O una invitación? Seguí leyendo, el pulso latiéndome en las sienes, hasta que no aguanté más. Marqué su número.

Acto primero: la llamada que enciende todo

Wey, ¿qué pedo con ese PDF? —le solté apenas contestó, mi voz ronca como si ya estuviera gimiendo.

GH, mi reina, ¿ya lo leíste? Es nuestra historia, la pasión según GH. Ven a mi casa, y la hacemos real otra vez.

Su voz era puro terciopelo áspero, con ese acento chilango que me deshacía. Colgué sin pensarlo dos veces, me puse un vestido flojo que se pegaba a mis curvas, sin bra ni calzones debajo. El tráfico de Insurgentes era un desmadre, pero el viento entrando por la ventana del Uber me refrescaba las ingles húmedas. Llegué a su depa en Polanco, el portero guiñándome como si supiera. Subí las escaleras de dos en dos, el corazón retumbando como tamborazo zacatecano.

Él abrió la puerta en pants gris, el bulto marcado sin vergüenza. Olía a jabón de sándalo y a hombre listo para la acción. Me jaló adentro, cerrando con el pie, y me estampó contra la pared. Sus labios capturaron los míos, lengua invadiendo con hambre, saboreando mi gloss de fresa. Esto es lo que quería el PDF, pensé mientras mis uñas se clavaban en su espalda musculosa.

Acto segundo: el fuego que sube sin control

—Mírate, GH, perfecta como en el archivo —murmuró, chupando un pezón hasta ponérmelo rojo e hinchado. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes blancas. Sus manos bajaron, dedos gruesos abriéndose paso entre mis labios vaginales, chapoteando en mi jugo caliente. —Estás empapada, pendeja caliente, dijo riendo, y yo le contesté con un beso salvaje.

Lo empujé al piso, alfombra persa amortiguando. Le bajé los pants, su verga saltando libre, venosa y palpitante, goteando precum como miel. La tomé en la boca, saboreando ese gusto salobre único suyo, la lengua girando en la cabeza sensible. Él gruñó, —Sí, así, chúpamela como en la pasión según GH, sus caderas empujando suave. El cuarto apestaba a sexo ya, sudor mezclándose con su colonia, mis gemidos ahogados por su carne dura.

Pero no quería acabar así. Me subí encima, frotando mi concha mojada contra su pija, lubricándola más. Internal struggle: ¿Lo odiaba por dejarme? ¿O lo amaba por esto? El deseo ganó, siempre gana. Me hundí en él despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba, estirándome delicioso. —Ay, Hernán, qué grande estás, jadeé, cabalgándolo lento al principio, mis caderas girando como en un baile de cumbia prohibida.

La intensidad subió. Él me agarró las nalgas, pellizcando la carne suave, guiándome más rápido. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, piel contra piel resbalosa. Olía a nosotros, a sexo crudo mexicano, sin filtros. Mis tetas rebotaban, él las atrapaba con la boca, mordiendo suave. El clímax se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre. —No pares, chíngame más fuerte, le rogué, y él obedeció, volteándome a cuatro patas, embistiéndome desde atrás como un toro.

Sus bolas golpeaban mi clítoris, enviando chispas. El PDF danzaba en mi mente:

La pasión según GH es rendirse al fuego, quemarse sin remedio
. Grité su nombre, el orgasmo explotando como pirotecnia en el Zócalo, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Él se vino segundos después, chorros calientes pintando mis paredes internas, gruñendo como bestia.

Acto tercero: el resplandor que queda

Caímos exhaustos, enredados en la alfombra, el sudor enfriándose en nuestra piel. Su pecho subía y bajaba contra mi mejilla, corazón galopando al unísono con el mío. Olía a semen y a paz, el aroma post-sexo que huele a hogar. Me acarició el pelo, besándome la frente. —GH, eso fue mejor que el PDF, susurró.

Nos quedamos así, hablando pendejadas sobre volver a intentarlo, sobre escribir más capítulos. El sol se colaba por las cortinas, tiñendo todo de oro. Me sentía empoderada, dueña de mi pasión, no solo según GH, sino la mía propia. Salí de ahí con las piernas flojas, pero el alma llena, sabiendo que ese PDF había sido el detonador perfecto. La pasión no se descarga, se vive, wey. Y nosotros la viviríamos de nuevo.

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