Fuego Prohibido de los Actores de la Telenovela Pasion
Ana respiraba hondo el aire cargado de polvo de talco y sudor fresco del set. El sol de Televisa San Ángel caía a plomo sobre la hacienda falsa, con sus paredes de cartón piedra pintadas de blanco y flores de plástico trepando por las rejas. Era su primer día como la antagonista sexy en la telenovela Pasion, y ya sentía las miradas clavadas en su escote. Vestida con un huipil ajustado que realzaba sus curvas, caminaba con tacones que crujían contra el piso de madera improvisado.
¿Y si este wey me ve como a una cualquiera? No mames, Ana, enfócate, es trabajo.Pensó mientras ajustaba su rebozo. Ahí estaba él, Javier, el galán principal, los actores de la telenovela Pasion que todas las morras babeaban en Twitter. Alto, moreno, con esa mandíbula cuadrada y ojos que prometían pecados. Estaba ensayando una escena de pleito con la protagonista, su voz grave retumbando como trueno: "¡No te dejaré ir, mujer!"
Ana sintió un cosquilleo en el vientre. Olía a su colonia, un mezclar de sándalo y macho puro, que se colaba entre el aroma de café de máquina y maquillaje. Javier giró la cabeza, la vio, y sonrió de lado. Órale, qué chula, leyó en sus labios mudos. El director gritó "¡Corte!" y todos aplaudieron. Javier se acercó, estirando la mano.
—Qué onda, Ana. Bienvenida al desmadre. Soy Javier, el que se lleva todos los besos en pantalla.
Ella rio, sintiendo su palma cálida y áspera contra la suya, callos de gym y quién sabe qué más.
—Neta? Pues yo vengo a robarte el corazón... o algo más. Coqueteó sin pensarlo, y él arqueó la ceja, el pulso acelerándose en su cuello.
El primer acto del día fue puro fuego lento. Durante el ensayo, sus cuerpos se rozaban "accidentalmente": su cadera contra la de él al cruzar el foro, su aliento en su oreja al susurrar líneas. Te deseo desde que te vi entrar, con ese culito que no miente, pensó Ana, mordiéndose el labio mientras él la cargaba en una escena de arrastre. Su pecho duro presionaba sus chichis, y el calor entre sus piernas crecía como lava.
Al mediodía, en el lunch break, se sentaron juntos bajo la sombra de un tráiler. El ruido de extras charlando, risas y radios sintonizados en cumbia rebajada llenaba el aire. Javier le pasó un taco de carnitas, sus dedos untados de salsa rozando los de ella.
—Prueba, está de lujo. Como tú.
Ana masticó lento, el sabor picante explotando en su boca, jugo chorreando por su barbilla. Él se acercó con una servilleta, limpiándola con ternura, su mirada bajando a su boca.
Si me besa ahora, me rindo. Pero neta, ¿y si es puro juego de galán?
—¿Siempre coqueteas así con las nuevas, o soy especial? Preguntó ella, voz ronca.
—Sólo con las que me prenden como tú. ¿Cena después de grabar? Mi casa está cerca, sin pendejadas, nomás platicar.
El corazón de Ana latió fuerte. Simón, wey, pero sé que no será sólo plática.
La tarde escaló la tensión. En la escena de celos, Javier la acorraló contra la pared falsa, sus cuerpos pegados, respiraciones entrecortadas. "¡Eres mía, aunque me odies!", gritaba él, pero sus ojos decían otra cosa. Ana empujó su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo la camisa abierta, el olor de su sudor mezclado con deseo puro. El director aplaudió, pero ellos se quedaron un segundo extra, mirándose, el aire cargado de electricidad.
Acto dos: la escalada. Grabación terminada a las nueve, el set vacío salvo por luces parpadeantes y ecos de diálogos. Javier la esperó en su camioneta, negra y reluciente. Condujo por Insurgentes, el tráfico de CDMX rugiendo afuera, cumbia sonando bajito en la radio. Llegaron a su depa en Polanco, minimalista con vistas al skyline, olor a cuero nuevo y velas de vainilla.
—¿Tequila? Ofreció él, sirviendo en vasos de cristal. Se sentaron en el sofá, piernas rozándose. Hablaron de todo: de las chismes en el set, de cómo los actores de la telenovela Pasion se la pasan fingiendo amores imposibles mientras viven solos. Javier confesó:
—A veces quiero un amor de verdad, no de guion. Alguien que me queme por dentro.
Ana lo miró, el tequila calentándole la sangre, su mano subiendo por su muslo musculoso.
—Yo también. Neta, desde el ensayo te traigo en la cabeza.
Se besaron entonces, lento al principio, labios suaves explorando, lengua de él saboreando el tequila en la de ella. Javier la jaló a su regazo, manos grandes amasando sus nalgas, el roce de su verga dura contra su panocha húmeda. Ana gimió, oliendo su cuello salado, mordiendo suave.
¡Qué rico huele, como a sexo prometido! No pares, cabrón.
La desvistió con urgencia, besando cada centímetro de piel expuesta: chichis firmes con pezones duros como piedras, vientre plano temblando. Ella le arrancó la camisa, lamiendo su pecho velludo, bajando a la V de sus abs. El sonido de cremalleras, ropa cayendo al piso, sus jadeos llenando la habitación.
Javier la llevó a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra su espalda ardiente. La abrió de piernas, besando muslos internos, lengua danzando en su clítoris hinchado. Ana arqueó la espalda, uñas clavándose en sus hombros, el placer como olas rompiendo.
—¡Ay, wey, qué chido! No pares...
Él gruñó, chupando más fuerte, dedos entrando y saliendo, su panocha chorreando jugos dulces. Ella explotó primero, grito ahogado, cuerpo convulsionando, olor a sexo invadiendo el aire.
Ahora ella arriba, cabalgándolo. Su verga gruesa la llenaba, estirándola delicioso. Rebotaba lento, sintiendo cada vena pulsando, pechos balanceándose, él mamando pezones. Sudor perlando sus cuerpos, slap-slap de piel contra piel, gemidos roncos.
—¡Más duro, Ana! Eres mi reina...
Aceleraron, ella girando caderas, él embistiendo desde abajo, manos en su cintura. El clímax los alcanzó juntos: él eyaculando profundo, caliente, ella temblando en oleadas interminables, mordiendo su hombro para no gritar el edificio entero.
Acto tres: el afterglow. Jadeantes, enredados en sábanas revueltas, el corazón de Ana latiendo contra el de él. Javier la besó la frente, suave, trazando círculos en su espalda.
—Esto fue más que un polvo, ¿verdad?
—Neta, Javier. Como en la telenovela, pero real. No lo sueltes.
Se quedaron así, escuchando la ciudad nocturna: cláxones lejanos, viento susurrando. Ana sonrió en la penumbra, oliendo su mezcla en la piel, saboreando el beso post-sexo. Mañana grabarían de nuevo, pero ahora sabían el secreto: entre los actores de la telenovela Pasion, ardía un fuego verdadero, consensual y ardiente, que nadie apagaría.