Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión de Cristo Protagonista Pasión de Cristo Protagonista

Pasión de Cristo Protagonista

6289 palabras

Pasión de Cristo Protagonista

En el corazón de Taxco, durante la Semana Santa, el sol caía a plomo sobre las calles empedradas adornadas con alfombras de pétalos rojos y morados. Yo, Cristo, el protagonista de la Pasión de Cristo en la obra anual, caminaba entre la multitud con mi túnica blanca ondeando al viento. No era mi nombre real, pero desde chavo todos me decían así por mi barba espesa y mis ojos profundos, como los de las imágenes religiosas. Este año, la responsabilidad pesaba más que nunca. La gente esperaba mi sufrimiento en la cruz, pero lo que no sabían era el fuego que ardía en mis entrañas, un deseo que me carcomía por dentro.

Ahí la vi por primera vez, en los ensayos. Se llamaba Lupita, una morra de curvas generosas, piel morena como el chocolate de Oaxaca y ojos negros que brillaban con picardía. Era la María Magdalena de la obra, la que me ungía los pies con perfume.

¿Por qué carajos me mira así? Esa forma de rozar mi piel con sus manos suaves, oliendo a jazmín y sudor fresco...
pensé mientras ella practicaba la escena. Su aliento cálido en mi cuello, el roce de sus dedos callosos por el trabajo en la mina familiar, todo me ponía la verga dura debajo de la túnica. Órale, neta que esta Semana Santa iba a ser diferente.

Después del ensayo, nos quedamos solos en la iglesia colonial, el eco de las oraciones aún flotando en el aire cargado de incienso y cera derretida. Ella se acercó, su vestido floreado pegándose a sus chichis firmes por el calor húmedo.

—Cristo, protagonista de mi pasión —susurró con voz ronca, usando el apodo que todos conocíamos—. ¿Sientes lo mismo que yo? Esta obra me tiene loca, imaginándote clavado, sufriendo... pero queriendo salvarte de otra forma.

Mi pulso se aceleró como tambores de una conga. El olor a su piel, mezcla de tierra mojada y deseo, me invadió las fosas nasales. La tomé de la cintura, sintiendo la carne tibia bajo la tela delgada. No, pendejo, esto es sacrilegio, me dije, pero mi cuerpo no obedecía. Nuestros labios se rozaron primero, suaves como pétalos, luego se devoraron con hambre. Su lengua sabía a tequila y miel, danzando con la mía en un duelo ardiente.

Nos escabullimos por las callejones estrechos, lejos de las procesiones donde la gente gritaba "¡Perdón!" y azotaba sus espaldas. Llegamos a mi casa, una casita pintada de blanco con buganvillas trepando las paredes. Adentro, el aire estaba fresco, perfumado por el copal que quemé esa mañana. La tiré en la cama de lámina, su risa juguetona resonando como campanas.

¡Ay, Cristo! Despacio, carnal, que me vas a romper —dijo riendo, mientras yo le quitaba el vestido, revelando sus tetas redondas, pezones oscuros endurecidos por la anticipación. Las lamí, sintiendo su sabor salado, el latido de su corazón contra mi lengua. Ella gemía bajito, arqueando la espalda, sus uñas clavándose en mis hombros como espinas dulces.

Mi verga palpitaba, dura como madera de encino, presionando contra mis calzones. Lupita la liberó con manos expertas, acariciándola despacio, el tacto áspero de sus palmas enviando chispas por mi espina.

Neta, esta es mi verdadera pasión de Cristo protagonista, no la del escenario
, pensé, mientras ella se arrodillaba, su boca caliente envolviéndome. El sonido húmedo de su chupada, el gluglú de su garganta, me volvía loco. Olía a su excitación, ese aroma almizclado que inundaba la habitación.

La subí a la cama, separando sus muslos fuertes, morenos y suaves. Su panocha depilada brillaba húmeda, hinchada de ganas. La probé primero con los dedos, resbaladizos por sus jugos calientes, luego con la lengua, lamiendo su clítoris como un botón de fuego. Ella gritaba "¡Sí, Cristo, más!", sus caderas moviéndose al ritmo de mi boca, el sabor ácido y dulce explotando en mi paladar. Sus manos enredadas en mi pelo, tirando, guiándome más profundo.

El conflicto me azotaba por dentro. Soy el protagonista de la Pasión de Cristo, ¿y aquí estoy, pecando con la Magdalena? Pero su mirada, llena de entrega, borraba todo. Era mutuo, puro fuego consensuado. La penetré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su concha apretada envolviéndome como un guante de terciopelo caliente. Gemí al fondo, su calor me quemaba, pulsos sincronizados latiendo juntos.

Empezamos lento, el chirrido de la cama marcando el compás, sudor resbalando por nuestras pieles unidas. El tacto de sus nalgas en mis manos, firmes y redondas, me hacía apretar más fuerte. Ella clavaba las uñas en mi espalda, dejando surcos rojos como latigazos, pero placenteros. Aceleramos, el slap-slap de carne contra carne, sus tetas rebotando hipnóticas. Olía a sexo puro, a nosotros mezclados en éxtasis.

Esto es mi cruz, mi pasión verdadera, protagonista de un placer que duele tan chido
.

La volteé, poniéndola a cuatro patas, admirando su culo perfecto alzado como ofrenda. La embestí desde atrás, profundo, sus gemidos convirtiéndose en alaridos. "¡Más duro, pendejo divino!", exigía, y yo obedecía, sintiendo bolas apretadas listas para estallar. El viento de la ventana traía ecos lejanos de saetas religiosas, contrastando con nuestro pecado bendito.

El clímax llegó como un terremoto. Ella se convulsionó primero, su concha ordeñándome, chorros calientes mojando las sábanas. Yo la seguí, vaciándome dentro con rugidos guturales, placer cegador explotando en oleadas. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor, corazones tronando como tambores de muerte.

En el afterglow, nos abrazamos bajo la sábana ligera, el aroma de nuestros cuerpos calmándose. Lupita trazaba círculos en mi pecho con el dedo, su voz suave rompiendo el silencio.

—Eres el protagonista perfecto de mi pasión de Cristo, mi amor. Mañana en la obra, cuando te claven, recordaré esto.

Sonreí, besando su frente salada. La fe y el deseo no pelean, se funden, reflexioné. Afuera, las procesiones continuaban, pero dentro de mí, la verdadera pasión había renacido. No más conflicto, solo paz ardiente, un cierre que prometía más noches así. Taxco dormía bajo la luna, testigo de nuestra historia secreta.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.