Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad 24 Horas de Pasion Luisa Piccarreta 24 Horas de Pasion Luisa Piccarreta

24 Horas de Pasion Luisa Piccarreta

6540 palabras

24 Horas de Pasion Luisa Piccarreta

El sol de la Ciudad de México caía a plomo sobre mis hombros mientras caminaba por las calles empedradas del Centro Histórico. Yo, Luisa Piccarreta, treinta y tantos, con el cuerpo maduro y ansioso por algo más que la rutina de oficina y tacos de la esquina, sentía el sudor resbalando entre mis pechos. Mi falda ligera se pegaba a mis muslos, y cada paso hacía que mis chichis rebotaran un poquito, recordándome lo viva que estaba. Hacía meses que no sentía un hombre de verdad, uno que me hiciera mojar con solo una mirada.

Entré a un bar chiquito, de esos con mesas de madera gastada y olor a mezcal y cigarros. Pedí un tequila reposado, puro, como me gustan. Ahí lo vi: Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que grita pendejo encantador. Se acercó, oliendo a colonia barata mezclada con sudor fresco, y me dijo: "Órale, güerita, ¿vienes sola o qué?" Le contesté con una guiñada: "Simón, carnal, pero no por mucho. ¿Tú qué traes?"

Charlamos, reímos, y el deseo creció como el calor de la tarde. Sus ojos recorrían mi escote, y yo sentía mi chochito palpitando.

¡Neta, Luisa, esta noche vas a romper la dieta de abstinencia!
Le propuse: "¿Y si nos aventamos 24 horas de pasión pura? Sin compromisos, solo piel con piel." Se le iluminaron los ojos. "Chido, mamasota. Vamos a mi depa, está cerca."

Salimos tomados de la mano, el bullicio de la calle nos envolvía: vendedores gritando, cláxones, el aroma de elotes asados. Su departamento era modesto, con vista a los edificios grises, pero fresco, con ventiladores zumbando. Cerró la puerta y me jaló contra él. Sus labios sabían a sal y tequila, duros al principio, luego suaves, explorando mi boca con lengua juguetona. Gemí bajito, sintiendo sus manos grandes bajando por mi espalda, apretando mis nalgas.

"Quítate eso, Luisa", murmuró, voz ronca. Me desabroché la blusa despacio, dejando que viera mis tetas llenas, pezones duros como piedras. Él se lamió los labios. "¡Qué chingaderas tan ricas!" Se quitó la camisa, revelando pecho velludo y músculos de quien trabaja con las manos. Nos besamos de pie, cuerpos pegados, su verga ya tiesa presionando mi vientre. Olía a hombre, a deseo crudo.

Me llevó a la cama, colchón viejo que crujió bajo nuestro peso. Sus dedos jugaron con mis pezones, pellizcando suave, mandando chispas directo a mi entrepierna.

¡Ay, Diosito, cuánto lo necesitaba! Cada roce es fuego.
Bajó la boca, chupando una teta, luego la otra, lengua girando, dientes rozando. Gemí fuerte: "¡Sí, pendejo, así!" Mis manos enredadas en su pelo, empujándolo más.

Le desabroché el pantalón, saqué su verga gruesa, venosa, palpitante. La olí, almizcle puro, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de pre-semen. Él gruñó: "¡No mames, qué buena chupas!" La metí en la boca, succionando, cabeza subiendo y bajando, saliva chorreando. Sus caderas se movían, follando mi boca suave.

Pero quería más. Me quité la falda y las calzones, mojadas ya. "Ven, métemela ya." Se puso encima, su peso delicioso, y la punta rozó mi entrada húmeda. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome, llenándome. "¡Qué apretadita estás, Luisa!" Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida mandando ondas de placer. El sonido de piel contra piel, chapoteo de jugos, mis gemidos altos: "¡Más duro, cabrón!"

Sudor perlando su frente, goteando en mis tetas. Olía a sexo, a nosotros mezclados. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, tetas rebotando, clítoris frotando su pubis.

Esto es la pasión pura, mis 24 horas de la pasión que tanto soñé.
Aceleré, sintiendo el orgasmo venir, un tsunami. Grité: "¡Me vengo, Marco!" Explosé, chochito contrayéndose, jugos chorreando por su verga.

Él no se vino aún. Me volteó a cuatro patas, entró por atrás, manos en mis caderas, follando salvaje. El espejo de la pared mostraba mi cara de puta en éxtasis, pelo revuelto, boca abierta. Sus bolas golpeaban mi clítoris, sonido obsceno. "¡Te voy a llenar, Luisa!" Se corrió con un rugido, semen caliente inundándome, chorreando piernas abajo.

Jadeantes, nos derrumbamos. Pedimos tortas por delivery, comimos desnudos en la cama, riendo, untando salsa en tetas y lamiéndonos. "Eres una diosa, neta." Descansamos un rato, cuerpos enredados, su mano acariciando mi culo suave.

La noche cayó, luces de la ciudad filtrándose por la ventana. Despertamos con besos perezosos. "Ronda dos, ¿listos?" Esta vez en la regadera. Agua caliente cayendo, jabón espumoso en pieles. Lo enjaboné la verga, masturbándolo lento, él metió dedos en mi chochito, curvándolos en el punto G. Gemí contra el azulejo: "¡Qué rico, no pares!" Me apoyó en la pared, levantó una pierna, entró de pie. Agua salpicando, vapor empañando todo, olor a jabón y excitación.

Follamos así, resbalosos, intensos. Salimos, secándonos a besos, y en el sofá. Él sentado, yo de rodillas chupándolo profundo, garganta abierta. Tosí un poco, pero seguí, lágrimas de placer. Luego misionero en el piso, alfombra raspando rodillas, él lamiendo mi cuello, mordiendo suave.

Cada hora pasa volando, pero el fuego no se apaga. Estas son mis 24 horas de la pasión, Luisa Piccarreta viva al fin.

Medianoche, agotados pero insaciables. Cocina: él me sentó en la mesa, comió mi chochito como postre, lengua experta en pliegues, succionando clítoris. Saboreé mi propio sabor en su boca después. Follando sobre la mesa, platos tintineando, riesgo de caernos riendo.

Al amanecer, última ronda en la cama. Lento, amoroso. Misionero profundo, ojos clavados. "Eres increíble, Luisa." "Tú también, mi semental." Nos vinimos juntos, lentos espasmos, abrazados fuerte. Semen y jugos mezclados, cuerpos temblando.

Las 24 horas terminaron con café negro, besos suaves. "¿Repetimos algún día?" "Simón, pero esto fue perfecto." Salí a la calle, sol naciente calentando mi piel satisfecha, piernas flojas, sonrisa pendeja.

Las 24 horas de la pasión de Luisa Piccarreta: un recuerdo que arderá siempre. Neta, valió cada segundo.
Caminé ligera, el mundo más vivo, mi cuerpo cantando victoria.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.