Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad El Video de la Pasion El Video de la Pasion

El Video de la Pasion

6265 palabras

El Video de la Pasion

La luz tenue del atardecer se colaba por las cortinas de mi depa en Polanco, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que la piel de Marco pareciera brillar como bronce. Yo, Ana, acababa de llegar del gym, con el cuerpo todavía sudado y el corazón latiendo fuerte por el ejercicio. Él estaba ahí, recargado en la barra de la cocina, con una cerveza en la mano y esa sonrisa pícara que siempre me ponía la piel chinita.

Qué wey tan guapo, neta, pensé mientras lo veía, recordando cómo nos conocimos en una fiesta en la Roma, bailando salsa hasta que el amanecer nos pilló enredados en sus brazos.

—Órale, mami, ¿ya traes ganas de algo chido? —me dijo, acercándose con ese paso lento que me derretía.

Me reí, tirando mi mochila al suelo. —Siempre contigo, pendejo. Pero hoy traigo una idea loca. ¿Y si grabamos nuestro video de la pasión? Pa’ nosotros nomás, ¿eh? Algo que veamos después y nos prendamos de nuevo.

Sus ojos se iluminaron, y sentí su mano en mi cintura, tibia y firme. —Neta? Suena cañón. Pero tú mandas, reina.

Empecé a sentir ese cosquilleo en el estómago, la anticipación que me hacía morder el labio. Colocamos el teléfono en un trípode improvisado con libros sobre la cómoda, apuntando a la cama king size con sábanas blancas impecables. El aire olía a mi perfume de vainilla mezclado con su colonia cítrica, y el sonido de la ciudad lejana —cláxones y risas— se filtraba como un fondo perfecto.

¿Y si sale bien chido? Imagínate viéndolo solos, tocándonos mientras revive cada caricia...

Presioné record, y el puntito rojo parpadeó. Marco me jaló hacia él, sus labios rozando los míos con suavidad al principio, probando, como si saboreara un tequila añejo. Su lengua se coló, cálida y jugosa, y gemí bajito contra su boca. El beso se profundizó, manos explorando: las suyas subiendo por mi espalda, desabrochando el brasier deportivo con destreza.

Caímos en la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Su piel contra la mía era fuego puro; olía a hombre limpio, a sudor fresco del día. Le quité la playera, revelando ese pecho marcado por horas en el gym, y tracé sus músculos con las uñas, sintiendo cómo se erizaba.

—Estás bien rica, Ana —murmuró, su aliento caliente en mi cuello—. Me tienes loco con esas curvas.

Acto uno cerrado: la cámara capturaba nuestro deseo naciente, el roce inicial que prometía tormenta.

En el medio, la cosa se puso intensa. Marco me volteó boca abajo, besando mi nuca, bajando por la espina dorsal con labios húmedos que dejaban un rastro de escalofríos. Sentí sus manos en mis nalgas, amasándolas con fuerza juguetona, y arqueé la espalda, empujando contra él.

Qué rico se siente su toque, como si me poseyera sin apurarse.

—Desnúdate pa’ mí, guapa —pidió, y obedecí, quitándome el short y las panties con lentitud, sabiendo que la cámara lo grababa todo. Mi sexo ya palpitaba, húmedo, ansioso. Él se arrodilló entre mis piernas, inhalando profundo.

—Hueles a miel pura, neta. —Su lengua tocó mi clítoris primero suave, luego voraz, lamiendo en círculos que me hicieron jadear. El sonido de su boca chupando era obsceno, húmedo, mezclado con mis gemidos ahogados. Agarré las sábanas, las uñas clavándose, mientras oleadas de placer subían por mis muslos.

Lo jalé del pelo, volteándolo. Ahora yo mandaba. Le bajé el pantalón, liberando su verga dura, gruesa, venosa, latiendo contra mi palma. La probé, salada y cálida en mi lengua, chupando la punta mientras lo veía retorcerse.

—¡Ay, cabrona, qué chido! No pares, wey... —gruñó, su voz ronca, las caderas moviéndose al ritmo de mi boca.

Nos frotamos mutuamente, piel resbaladiza por el sudor, el aroma almizclado de nuestra excitación llenando la habitación. Sus dedos entraron en mí, curvándose justo ahí, el punto que me hacía ver estrellas. Gemí alrededor de su miembro, el placer construyéndose como una ola en la playa de Acapulco.

La tensión crecía: besos mordidas lamidas roces. Él me penetró con los dedos mientras yo lo masturbaba, nuestros jadeos sincronizados, corazones tronando como tambores en una fiesta de pueblo. Paramos al borde, riendo entrecortados.

—Aún no, mi amor. Quiero sentirte adentro —susurré, posicionándome encima.

Esto es nuestro video de la pasión, eterno, solo pa’ nosotros. Nadie más lo verá, pero cada vez que lo prendamos, reviviremos este fuego.

El clímax se acercaba. Marco se puso encima, protector, y entró en mí de un solo empujón suave, llenándome por completo. El estiramiento era delicioso, su calor pulsando dentro. Empezamos lento, ritmos profundos que rozaban cada nervio. El sonido de carne contra carne, chapoteante por mis jugos, era hipnótico. Sudor goteaba de su frente a mi pecho, salado al lamerlo.

—Más fuerte, pendejo, dame todo —lo provoqué, arañando su espalda.

Aceleró, embistiendo con fuerza, la cama crujiendo en protesta. Mis pechos rebotaban, él los chupaba, mordisqueando pezones duros como piedras. El placer se acumulaba, tenso, insoportable. Grité su nombre, el orgasmo explotando en espasmos que me arquearon, contrayéndome alrededor de él. Sentí cada contracción, el líquido caliente de su corrida llenándome mientras rugía, colapsando sobre mí.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Apagué la cámara con un dedo tembloroso. El afterglow era puro éxtasis: su peso reconfortante, el olor a sexo y piel satisfecha, el sabor de sus labios hinchados en un beso perezoso.

Después, nos envolvimos en las sábanas, reproduciendo el video de la pasión en la tele grande. Verlo fue como revivirlo: mis gemidos saliendo del speaker, su gruñido gutural, los close-ups de cuerpos entrelazados. Nos tocamos flojito, riendo, besándonos de nuevo.

—Esto es lo mejor que hemos hecho, mi reina —dijo Marco, acariciando mi pelo.

Yo asentí, el corazón lleno. En ese momento, supe que nuestro amor era como ese video: crudo, apasionado, eterno. La noche mexicana nos envolvía, prometiendo más noches así, más fuegos desatados.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.