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Diario de una Pasion Ardiente 2004

7511 palabras

Diario de una Pasion Ardiente 2004

15 de mayo de 2004

¡Órale, carnal! Hoy empecé este Diario de una Pasion 2004, porque neta que no aguanto más guardar lo que me pasa con él. Se llama Javier, un morro alto, moreno, con ojos que te clavan como si te estuvieran desnudando el alma. Lo vi por primera vez en la fiesta de la colonia, allá en Polanco, con esa música de Mana retumbando y el olor a tacos al pastor flotando en el aire. Llevaba una camisa blanca ajustada que marcaba sus pectorales, y cuando me sonrió, sentí un cosquilleo en la panza que me bajó hasta las piernas. Me acerqué con una chela en la mano, fingiendo que no era nada, pero mi cuerpo ya sabía que quería más.

Me dijo: "Qué onda, güerita, ¿vienes seguido por acá?" Y yo, con mi voz ronca de emoción, le contesté: "Simón, pero hoy es la primera vez que veo a alguien que me hace sudar tanto." Nos reímos, pero debajo de eso había fuego. Bailamos pegaditos, su mano en mi cintura, el calor de su piel traspasando mi blusa de tirantes. Olía a colonia barata mezclada con sudor fresco, y cada roce de su cadera contra la mía me ponía la piel de gallina. Esa noche no pasó nada más, pero en mi cabeza ya lo estaba desnudando mil veces. Me fui a la cama con las bragas húmedas, pensando en cómo sería sentirlo dentro.

20 de mayo de 2004

¡Qué chingón es esto! Javier me mandó un mensaje al cel, de esos Nokia que apenas servían, pero con él todo era perfecto. Quedamos en el Parque México, sentados en la hierba con el sol calentándonos la cara. Hablamos de todo: de cómo crecimos en la Ciudad de México, de las chilangas locas que somos, de sueños que no le decimos a nadie. Su mano rozó la mía, y fue como electricidad.

Pienso: "Neta, este wey me va a volver loca. Quiero que me bese ya, que me toque donde nadie más lo ha hecho con tanta hambre."

El beso llegó cuando el sol se ponía, naranja y caliente como nuestra piel. Sus labios suaves pero firmes, lengua explorando la mía con sabor a menta y deseo. Me jaló hacia él, su pecho duro contra mis tetas, y gemí bajito cuando su mano bajó por mi espalda hasta mi nalga. "Eres una tentación, Ana", me susurró al oído, su aliento cálido haciendo que se me erizaran los vellos. Caminamos a su depa en la Roma, riéndonos nerviosos, el corazón latiéndome como tambor de mariachi. Adentro, luces tenues, olor a café y algo más, a hombre listo para devorarme.

Nos besamos de pie en la sala, quitándonos la ropa con prisa. Su camisa voló, revelando un torso marcado por horas en el gym, piel morena brillando bajo la luz. Le bajé el pantalón, y ahí estaba su verga dura, palpitando contra mi vientre. La toqué, suave como terciopelo sobre acero, y él gruñó: "Qué rico, nena, no pares." Yo estaba empapada, mi concha latiendo por él. Me llevó a la cama, besando mi cuello, chupando mis pezones hasta que arqueé la espalda. Su lengua bajó, lamiendo mi ombligo, mi monte de Venus, hasta llegar al centro. Sentí su aliento caliente, luego su boca devorándome, lengua girando en mi clítoris como si fuera el mejor tamal del mundo. Gemí fuerte, ¡ay, wey!, mis manos enredadas en su pelo negro.

25 de mayo de 2004

Pero no todo es tan fácil, ¿verdad? Hoy dudé. Javier es casado, o al menos lo fue hace poco, pero dice que ya no.

En mi cabeza: "¿Y si es puro pedo? ¿Y si me encariño y me rompe el corazón?"
Pero el deseo es más fuerte. Lo invité a mi casa en Coyoacán, con velitas y incienso de copal flotando en el aire, música de Café Tacvba de fondo. Llegó con flores, sonriendo como pendejo enamorado. Cenamos enchiladas suizas que preparé, picantes como nuestra pasión, y entre bocado y bocado, sus pies jugaban con los míos bajo la mesa.

En la cama, la tensión explotó. Me puso de rodillas, su verga en mi boca, salada y caliente, empujando suave mientras yo la chupaba con ganas. "Así, mi reina, trágatela toda", jadeaba él. Yo lo miré a los ojos, viendo su placer, y me sentí poderosa. Me volteó, lamió mi culo, dedos entrando en mi concha resbalosa. El sonido de mis jugos, chapoteando, me volvía loca. Entró en mí despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Su piel sudada contra la mía, el slap slap de nuestros cuerpos chocando, olor a sexo puro. Me cogía fuerte, mis tetas rebotando, uñas clavadas en su espalda.

"Te amo, Ana, neta que sí", me dijo entre gemidos. Yo respondí con mi cuerpo, apretándolo dentro, cabalgándolo ahora yo arriba, mis caderas girando como en un baile de cumbia. El clímax llegó como volcán, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, gritando su nombre mientras él se vaciaba dentro, caliente y espeso. Nos quedamos pegados, sudorosos, respirando agitados, el cuarto oliendo a nosotros.

1 de junio de 2004

La intensidad crece cada día. Ayer fuimos a Xochimilco en trajinera, solos con mariachis cantando Cielito Lindo. El agua chapoteando, flores frescas por todos lados, pero nosotros solo teníamos ojos el uno para el otro. En la trajinera, escondidos bajo una manta, su mano se coló en mis shorts, dedos frotando mi clítoris hinchado. Mordí mi labio para no gemir fuerte, el gondolero ajeno a todo.

"Este wey me tiene loca, no puedo pensar en nada más que en su polla dura."

Llegamos a su depa otra vez, y fue como animales. Me ató las manos con su corbata, suave pero firme, besando cada centímetro de mi piel. Lamió mis pies, subiendo por las piernas, hasta morder mi concha con delicadeza. Entró de nuevo, esta vez por atrás, mi culo alto, él empujando profundo. Sentí cada vena de su verga rozándome, el placer doloroso y exquisito. "Dame todo, Javier, cógeme como puta tuya", le supliqué, y él obedeció, azotando suave mis nalgas, el sonido ecoando. Mi orgasmo fue eterno, olas y olas, piernas temblando, mientras él se corría gruñendo, llenándome otra vez.

Pero hay momentos de duda. ¿Es solo sexo o algo más? Sus caricias después, acurrucados, su mano en mi pelo, me hacen creer que sí. Hablamos de futuro, de escaparnos a la playa en Cancún, de noches sin fin.

10 de junio de 2004

El pico de esta pasión. Organizamos una noche en un hotel en el Centro, con vista a la Catedral iluminada. Desnudos en la tina, espuma y velas, su cuerpo resbaloso contra el mío. Jugamos, riendo, salpicando agua, pero pronto el juego se volvió serio. Lo monté ahí mismo, agua salpicando, mis gemidos mezclados con el tráfico lejano. Su boca en mis tetas, chupando fuerte, dejando marcas rojas.

En la cama king size, exploramos todo. Sesenta y nueve, su lengua en mi ano mientras yo lo mamaba, saboreando sus bolas saladas. Luego misionero lento, mirándonos a los ojos, corazones latiendo al unísono. El olor de nuestras pieles mezcladas, sudor, semen viejo y jugos nuevos; el tacto de sus músculos tensos bajo mis palmas; el sonido de besos húmedos y pieles chocando. El clímax final fue brutal: yo gritando, él rugiendo, cuerpos convulsionando juntos, como uno solo.

Después, en afterglow, fumando un cigarro en la terraza, viento fresco en nuestra desnudez. "Este es mi Diario de una Pasion 2004, y no lo cambiaría por nada", le dije. Él sonrió, besó mi frente. Sé que hay riesgos, pero esta pasión nos hace vivos. Mañana más, siempre más.

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