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El Amor y Otras Pasiones PDF

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El Amor y Otras Pasiones PDF

Estabas recostada en el sillón de cuero suave del departamento de Marco en la colonia Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro fresco contra el bochorno de la tarde mexicana. El aroma del café recién molido aún flotaba en el aire, mezclado con el perfume cítrico de la colonia que él siempre usaba, ese que te hacía mojarte de solo olerlo. Marco, tu carnal del alma desde hace un año, había salido volando a la esquina por unas chelas heladas y unos elotes asados. "No tardo, nena", te dijo con esa sonrisa pícara que le arrugaba los ojos café, mientras te plantaba un beso en la boca que sabía a chicle de menta y promesas.

La laptop de él estaba abierta sobre la mesa de centro de vidrio, la pantalla parpadeando con vida propia. Tú, siempre curiosa como gato en tejado caliente, te estiraste para checarla. El escritorio digital estaba lleno de carpetas desordenadas: facturas, fotos de viajes a la playa en Puerto Vallarta, y ahí, solitario, un archivo que te llamó la atención como imán: el amor y otras pasiones pdf. ¿Qué chingados será esto? pensaste, mientras el corazón te latía un poquito más rápido. Hacías doble clic sin pensarlo dos veces, y el documento se abrió en un estallido de letras negras sobre fondo blanco, pero no era cualquier cosa. Era un relato ardiente, puro fuego líquido entre las palabras.

En la penumbra de la recámara, sus dedos trazaban senderos de fuego sobre la piel desnuda de ella, bajando lento hasta el calor húmedo que la hacía arquearse como ola en mar embravecido...

Leíste las primeras líneas y un escalofrío te recorrió la espina dorsal, como si alguien te hubiera pasado una cubeta de hielo por la nuca. Tus pezones se endurecieron bajo la blusa de algodón ligera, rozando la tela con cada respiración profunda. El sonido del ventilador del techo girando en lazy circles se mezclaba con tu pulso acelerado, thump-thump en los oídos. Olías tu propia excitación empezando a despertar, ese musk dulce y salado que subía desde entre tus piernas. Deslizaste una mano por tu muslo desnudo, subiendo la falda vaquera corta que Marco tanto le gustaba, hasta rozar el encaje de tus calzones. Neta, esto está cañón, murmuraste para ti misma, mientras seguías leyendo.

El PDF describía pasiones prohibidas, amores que ardían como tequila en garganta seca, cuerpos entrelazados en danzas sudorosas bajo sábanas revueltas. Tus dedos se colaron bajo la tela, encontrando el calor húmedo de tu panocha ya empapada. Un gemido suave escapó de tus labios cuando rozaste el clítoris hinchado, sensible como botón de fuego. Imaginabas a Marco ahí, su verga dura presionando contra ti, su aliento caliente en tu cuello. El tacto de tus propios dedos era eléctrico, resbaloso por los jugos que manaban libres, y el olor almizclado llenaba el aire, embriagador como incienso en noche de luna llena.

De repente, la puerta se abrió con un clic metálico. Marco entró cargando la bolsa de plástico crujiente, oliendo a asador callejero y cerveza fría. Sus ojos se clavaron en ti como flechas: falda subida, mano entre las piernas, laptop abierta con el amor y otras pasiones pdf en pantalla grande. Órale, güey, soltó con voz ronca, dejando caer la bolsa al piso. No había enojo, solo hambre pura en su mirada, pupilas dilatadas como pozos negros. "Te pillé, mamacita. ¿Te gustó mi lecturita secreta?"

Tú te incorporaste despacio, sin quitar la mano de tu entrepierna, lamiéndote los labios con lengua jugosa. "Es tuya, ¿verdad? Pendejo, me pusiste como lechera de vaca." Él se acercó en tres zancadas, arrodillándose frente a ti, sus manos grandes y callosas subiendo por tus pantorrillas, masajeando los músculos tensos. El roce de sus palmas ásperas contra tu piel suave era puro voltaje, enviando chispas directo a tu centro. "Sí, la escribí pensando en ti, en nosotros", confesó, su voz grave vibrando en tu pecho. Sus labios rozaron tu rodilla, subiendo lento, dejando un rastro húmedo de besos que olían a menta y deseo.

La tensión crecía como tormenta en el horizonte, nubes oscuras prometiendo lluvia torrencial. Tú tiraste de su camiseta, arrancándola por encima de la cabeza para revelar el torso moreno, músculos definidos por horas en el gym y partidos de fut en el parque. Olías su sudor limpio, ese aroma macho que te volvía loca, mezclado con el jabón de lavanda de la mañana. Tus uñas arañaron su espalda, dejando surcos rojos que lo hicieron gruñir como fiera enjaulada. "Te quiero ya, Marco. Chingame como en ese PDF."

Él te levantó en brazos como si no pesaras nada, llevándote a la recámara donde la cama king size esperaba con sábanas de satén azul revueltas. Te tumbó suave pero firme, quitándote la blusa con dientes juguetones, mordisqueando tus pezones erectos hasta que jadeaste alto, el sonido rebotando en las paredes blancas. Su lengua trazaba círculos húmedos, saboreando la sal de tu piel, mientras sus dedos desabrochaban tu falda y arrancaban los calzones empapados. "Estás chorreando, nena. Qué rico hueles", murmuró contra tu ombligo, inhalando profundo tu esencia.

Te abrió las piernas con rodillas fuertes, su cara hundiéndose entre tus muslos. El primer lametón fue largo y plano, desde el perineo hasta el clítoris, haciendo que tus caderas se arquearan violentas. ¡Qué chingón! gritaste, manos enredadas en su pelo negro revuelto. Su lengua danzaba experta, chupando tu botón hinchado con succión perfecta, metiendo dos dedos gruesos en tu chocha resbalosa, curvándolos para golpear ese punto que te hacía ver estrellas. El sonido era obsceno: slap-slap de jugos, tus gemidos roncos mezclados con sus gruñidos hambrientos. Olías el sexo en el aire, denso y adictivo, mientras tu cuerpo temblaba al borde.

No puedo más, voy a explotar. Este wey me come viva, su boca es pecado puro.

El orgasmo te golpeó como camión sin frenos, olas de placer contrayendo cada músculo, chorros calientes salpicando su barbilla. Él lamió todo, bebiendo tu miel como sediento en desierto. "Deliciosa, mi reina", jadeó, quitándose los jeans con prisa. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, cabeza púrpura brillando con pre-semen. La tomabas en mano, sintiendo el pulso furioso bajo la piel aterciopelada, tan caliente como hierro al rojo.

Te pusiste a cuatro patas, ofreciéndole tu culo redondo, palmeándolo fuerte para que sonara como tambor. "Dámela toda, cabrón. Hazme tuya." Él se posicionó atrás, restregando la punta por tus labios hinchados, untándose de tus jugos antes de empujar lento. Inch by inch, te llenaba, estirándote delicioso hasta el fondo, sus huevos peludos golpeando tu clítoris con cada embestida. El ritmo empezó suave, piel contra piel slap-slap, su sudor goteando en tu espalda como lluvia caliente. Aceleró, manos en tus caderas magullándote suave, verga martillando profundo mientras tú empujabas hacia atrás, queriendo más.

"¡Más fuerte, Marco! ¡Sí, así, pendejito!" gritabas, el placer construyéndose de nuevo, espiral infinito. Él te jaló el pelo suave, arqueándote más, mordiendo tu hombro mientras follaba como animal en celo. El olor a sexo crudo impregnaba la habitación, gemidos convirtiéndose en alaridos, cama crujiendo bajo el asalto. Sentías cada vena de su polla rozando tus paredes, el glande besando tu cervix con cada golpe. Tu segundo clímax llegó rugiendo, coño apretando su verga como puño, ordeñándola.

Él no aguantó más. "Me vengo, nena... ¡Agh!" Un chorro caliente inundó tu interior, leche espesa pintando tus paredes mientras colapsaba sobre ti, cuerpos pegajosos unidos. Permanecieron así, jadeando, corazones galopando al unísono. Su peso era reconfortante, brazos envolviéndote protector. Besos perezosos en tu nuca, su verga ablandándose aún dentro, goteando restos.

Después, se deslizaron a la ducha, agua tibia lavando el sudor y fluidos, jabón espumoso entre caricias tiernas. "Te amo, mi vida. Ese PDF fue solo el principio", susurró él, enjuagándote el pelo con shampoo de coco que olía a paraíso tropical. Tú sonreíste, apoyada en su pecho mojado, el vapor empañando el espejo. El amor y otras pasiones pdf había sido la chispa, pero lo que ardía entre ustedes era fuego eterno, pasión mexicana pura, caliente como sol de mediodía.

En la cama seca, envueltos en toallas, abrieron chelas frías, riendo de la aventura. La noche caía sobre la ciudad, luces de neón parpadeando afuera, pero adentro solo existían ustedes dos, satisfechos, completos. Y supiste que vendrían más PDFs, más pasiones, más amor sin fin.

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