Abismo de Pasion Capitulo 137 La Noche que Nos Consumio
La luz de la luna se colaba por las cortinas de encaje de mi penthouse en Polanco, tiñendo todo de un plateado tentador. Yo, Elisa, acababa de llegar de un viaje a Cancún, con el cuerpo todavía marcado por el sol y el salitre del mar. Mi piel olía a coco y arena caliente, y en el fondo de mi alma ardía esa hambre que solo Damian sabía saciar. Hacía semanas que no lo veía, y cada noche soñaba con sus manos ásperas recorriendo mi espalda, su aliento caliente en mi cuello. Neta, wey, lo extrañaba como loca.
Escuché el timbre y supe que era él. Corrí a abrir, descalza sobre el mármol fresco del piso. Ahí estaba Damian, con su camisa negra ajustada que marcaba sus pectorales duros, el cabello revuelto como si hubiera venido volando desde su rancho en Querétaro. Sus ojos cafés me devoraron de arriba abajo, deteniéndose en el shortcito de pijama que apenas cubría mis muslos y la blusita holgada que dejaba ver el contorno de mis pezones endurecidos por la anticipación.
—Mi reina, ¿me extrañaste? —dijo con esa voz ronca que me eriza la piel.
—Más de lo que imaginas, carnal —respondí, tirándome a sus brazos. Nuestros cuerpos chocaron con un plaf suave, y sentí su erección presionando contra mi vientre. Olía a hombre, a sudor fresco y a esa colonia amaderada que me volvía loca. Nos besamos como si el mundo se acabara esa noche, lenguas enredadas, dientes mordisqueando labios hinchados. Sus manos bajaron a mis nalgas, amasándolas con fuerza, y yo gemí bajito contra su boca.
Esto es el abismo de pasion capitulo 137 de nuestra historia, pensé mientras me perdía en él. Cada capítulo más intenso, más profundo, como caer en un pozo sin fondo de placer puro.
Lo jalé adentro, cerrando la puerta con el pie. La sala estaba iluminada solo por velas que había encendido antes, parpadeando sombras sobre las paredes blancas y el sofá de piel italiana. Nos dejamos caer ahí, él encima de mí, su peso delicioso aplastándome contra los cojines suaves. Sus besos bajaron por mi cuello, lamiendo la sal de mi piel, mordiendo el lóbulo de mi oreja hasta que arqueé la espalda.
—Quítate eso, pendejo —le ordené juguetona, tirando de su camisa. Se rio, esa risa grave que vibra en el pecho, y se la sacó de un jalón, revelando su torso moreno, marcado por horas de trabajo en el rancho. Pasé las uñas por sus abdominales, sintiendo los músculos contraerse bajo mi toque. Él desató mi blusa con dientes, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios se cerraron en un pezón, chupándolo fuerte, mientras su mano se colaba en mi short, rozando el calor húmedo entre mis piernas.
—Estás chingada de mojada, mi amor —murmuró contra mi piel, metiendo un dedo despacio, girándolo adentro. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes. El olor a sexo empezaba a llenar el aire, ese almizcle dulce que nos volvía animales.
En el medio de todo, nos paramos solo para ir a la recámara. El pasillo parecía eterno, con sus manos por todos lados, pellizcando, acariciando. Mi recámara era mi santuario: cama king size con sábanas de satén negro, espejos en el techo para vernos follar como dioses. Lo empujé a la cama y me subí encima, restregándome contra su verga dura que asomaba por el pantalón. La desabroché con prisa, liberándola. Dios, qué chula, gruesa y venosa, palpitando en mi mano.
Me quité el short, quedando en tanguita empapada. La arranqué y me senté en su cara, sintiendo su lengua invadiéndome de inmediato. Lamidas largas, círculos en el clítoris, chupadas que me hacían temblar. Agarré las barras de la cabecera, cabalgándolo con las caderas, el jugo chorreándome por la barbilla. Él gruñía como fiera, manos en mis caderas guiándome, dedos clavándose en la carne suave.
¿Por qué cada vez es más intenso? pensé. Como si este abismo de pasion capitulo 137 nos llevara al borde del precipicio, listos para saltar juntos.
Pero quería más. Bajé, besando su pecho salado, lamiendo el sudor que perlaba su piel. Tomé su verga en la boca, saboreando el precum salado, mamándola profunda hasta la garganta. Él jadeaba, —Ay, Elisa, neta me vas a matar, güey —y enredó los dedos en mi pelo, follando mi boca con cuidado, respetando mi ritmo. El sonido era obsceno: glug glug húmedo, sus gemidos roncos mezclados con los míos.
La tensión crecía como tormenta. Lo monté despacio al principio, sintiendo cada centímetro estirándome, llenándome hasta el fondo. Nuestros ojos se clavaron, almas conectadas en ese vaivén. Aceleré, tetas rebotando, sudor goteando entre nosotros. Él se incorporó, mamando un pezón mientras embestía desde abajo, plaf plaf de piel contra piel. El olor a sexo era espeso, embriagador, mezclado con nuestro sudor y el jazmín de mi perfume.
—Dame duro, Damian —le rogué, clavando uñas en su espalda. Él volteó, poniéndome a cuatro, entrando de nuevo con un empujón que me hizo gritar. Follando como poseídos, su vientre chocando mis nalgas, bolas golpeando mi clítoris. Sentía el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en el bajo vientre, pulsos acelerados en oídos como tambores.
Me volteó de nuevo, misionero, piernas en sus hombros para ir más hondo. Besos fieros, lenguas batallando mientras nos mecíamos. —Te amo, mi vida —jadeó él. —Yo más, chingádmela toda —respondí, perdida en el placer. El clímax llegó como avalancha: mi coño apretándolo en espasmos, gritando su nombre, jugos salpicando. Él se vino segundos después, llenándome con chorros calientes, gruñendo como toro.
Colapsamos, enredados en sábanas revueltas, pechos subiendo y bajando al unísono. Su semen goteaba de mí, cálido y pegajoso en mis muslos. Besos suaves ahora, caricias perezosas. El aire olía a nosotros, a satisfacción profunda. Afuera, la ciudad zumbaba lejana, pero aquí éramos solo él y yo.
Este abismo de pasion capitulo 137 termina perfecto, pero sé que vendrá el 138, porque nuestro fuego nunca se apaga.
Damian me abrazó fuerte, su corazón latiendo contra el mío. —Eres mi todo, Elisa. —Y yo, con una sonrisa satisfecha, supe que sí, que en este abismo nos teníamos el uno al otro para siempre. La noche nos envolvió, prometiendo más capítulos de puro éxtasis.