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El Diario de una Pasión Película Completa Español

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El Diario de una Pasión Película Completa Español

Querido diario, hoy neta que no aguanto más esta caloría que me quema por dentro. Me llamo Ana, tengo veintiocho pirulos y vivo en un depa chido en la Roma Norte, con vista al Parque México. Todo empezó hace unas semanas cuando, aburrida un viernes por la noche, busqué en la red el diario de una pasion pelicula completa español. Pensé que vería una peliculita romántica para matar el tiempo, pero ¡órale! Esa historia de deseo reprimido y explosiones de pasión me prendió como yesca. La protagonista, con su diario confesando anhelos carnales, me hizo espejo. Me imaginé escribiendo lo mismo, soltando mis secretitos más calientes.

Ahí estaba yo, recostada en mi cama king size, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a lavanda de mis sábanas de algodón egipcio envolviéndome. Mis dedos resbalaban por el control remoto mientras la pantalla iluminaba mi piel morena. Cada escena de besos robados, de manos explorando curvas, me hacía apretar los muslos. Sentí un cosquilleo traicionero entre las piernas, ese calor húmedo que sube como lava. ¿Por qué no tengo a alguien así ahora? pensé, mordiéndome el labio inferior, imaginando un hombre fuerte que me devorara.

Y entonces, como si el universo me oyera, lo conocí a él. Rodrigo, mi vecino del piso de arriba. Alto, moreno, con esa barba recortada que le da aire de galán de telenovela y ojos cafés que te clavan. Lo vi por primera vez en el elevador, cargando unas cajas de mudanza. Olía a colonia cara, esa que huele a madera y cítricos, y su camisa blanca se pegaba un poquito a sus pectorales por el sudor del ajetreo. "Hola, vecina, ¿me das una mano?" me dijo con sonrisa pícara. Le ayudé, rozando su brazo por "accidente". Su piel era cálida, áspera por el vello fino. Mi corazón latió como tamborazo en quinceañera.

Hoy platiqué con Rodrigo en el pasillo. Neta, wey, su voz grave me eriza la piel. Me contó que es fotógrafo freelance, viaja mucho por la playa y las sierras. "¿Ves películas eróticas francesas?" le pregunté, recordando mi maratón nocturno. Se rio: "Mejor las mexicanas, con pasión de verdad". Ay, diario, ya quiero que me bese.

Acto primero de mi propia película: la tensión inicial. Pasaron días de saludos casuales, miraditas en el lobby. Yo me ponía blusas escotadas, faldas que rozaban mis muslos al caminar, sabiendo que él bajaba la vista. Una noche, toqué su puerta con una botella de mezcal de Oaxaca que "sobró" de mi cena. "Pásale, Ana, justo estaba solo", dijo abriendo. Su depa era puro estilo industrial: paredes de ladrillo visto, sofá de cuero negro y una bocina sonando cumbia rebajada bajito. Nos sentamos cerca, nuestras rodillas tocándose. El mezcal quemaba dulce en la lengua, con ese ahumado que sabe a tierra mojada.

Charlamos de todo: de la vida en la CDMX, del tráfico infernal, de cómo el deseo es como el chile, pica pero vicia. Sus ojos se clavaban en mis labios mientras yo lamía la sal de mi mano. "Eres bien guapa, Ana, neta", murmuró, su aliento cálido rozando mi oreja. Mi pulso se aceleró, sentí mis pezones endurecerse bajo la blusa de encaje. No lo beses aún, hazlo esperar, me dije, pero mi cuerpo gritaba por más. Le conté de la peli que vi, el diario de una pasion pelicula completa español, cómo me inspiró a confesar mis ganas. Él sonrió: "Pues escribe el tuyo conmigo".

La noche escaló. Sus dedos juguetearon con un mechón de mi pelo negro largo, enviando chispas por mi espina. Yo posé mi mano en su muslo firme, sintiendo el calor irradiar a través del jeans. "Rodrigo, me pones caliente", susurré, mi voz ronca de deseo. Él me jaló hacia sí, nuestros labios chocando en un beso hambriento. Su boca sabía a mezcal y menta, lengua danzando con la mía en un tango húmedo. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas redondas con fuerza juguetona.

¡Qué beso, diario! Su verga ya se sentía dura contra mi vientre. Quiero más, pero lo dejo ardiendo por ahora.

Segundo acto: la escalada loca. Al día siguiente, me invitó a su estudio fotográfico en Polanco. Luz natural bañando el piso de madera pulida, cámaras por todos lados y un colchón enorme disfrazado de set. "Modela para mí", dijo con voz mandona pero cariñosa. Me quité la chamarra, quedando en bra de push-up rojo y shorts vaqueros. El clic de la cámara era como latidos, cada flash capturando mi pose sensual: arqueando la espalda, mordiendo mi dedo, abriendo las piernas poquito. Sudaba, el aire cargado de mi perfume vainillado y su olor masculino.

"Quítate eso, nena", ordenó, y yo obedecí, empoderada en mi desnudez. Mis tetas firmes saltaron libres, pezones oscuros pidiendo atención. Él se acercó, cámara en mano aún, fotografiando de cerca mientras su lengua lamía mi cuello. "Qué rica hueles, como a miel y pecado", gruñó. Yo temblaba, mis manos desabrochando su camisa, revelando abdomen marcado y vello que bajaba a su entrepierna. Lo besé ahí, bajito, inhalando su aroma almizclado de hombre excitado. "Chúpamela, Ana", pidió, y yo lo hice, arrodillada en la alfombra suave.

Su verga era gruesa, venosa, palpitante en mi boca. La saboreé despacio, lengua girando en la cabeza sensible, sintiendo su pulso contra mi paladar. Él gemía ronco: "¡Pinche chula, qué buena boca!". Mis jugos corrían por mis muslos, el vacío en mi coño clamando. Me levantó, me tumbó en el colchón. Sus dedos exploraron mi sexo depilado, resbalando en mi humedad. "Estás chorreando, wey", rio, metiendo dos dedos curvos que tocaron mi punto G. Grité de placer, uñas clavándose en sus hombros anchos. El sonido de mis fluidos era obsceno, chapoteante, mezclado con nuestros jadeos.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Me abrió las piernas, su boca devorando mi clítoris hinchado. Lamidas largas, succiones que me hacían arquear como gata en celo. Olía a sexo puro, a mi esencia dulce salada. "¡No pares, cabrón!", supliqué, tirando de su pelo. Él subió, posicionando su punta en mi entrada. "Te voy a llenar, Ana", prometió, empujando lento. Sentí cada centímetro estirándome, llenándome hasta el fondo. Dolor placer mezclado, mi pared interna apretándolo como guante.

Nos movimos en ritmo frenético: él embistiendo profundo, yo clavando talones en su culo prieto. Sudor perlando nuestras pieles, resbaloso, oliendo a sal y pasión. "¡Más fuerte, rómpeme!", exigí, empoderada en mi lujuria. Sus bolas chocaban contra mí, slap slap slap, eco en la habitación. Mi orgasmo vino como avalancha: visión borrosa, cuerpo convulsionando, gritando su nombre mientras chorros calientes me salpicaban adentro.

Me corrí como nunca, diario. Él se vino después, gruñendo, pintándome el vientre con su leche espesa y caliente.

Tercer acto: el afterglow perfecto. Nos quedamos enredados, respiraciones calmándose, pieles pegajosas enfriándose. Su cabeza en mis tetas, mi mano acariciando su espalda. "Eres increíble, Ana", murmuró, besando mi ombligo. Yo sonreí, saboreando el regusto salado en mis labios. Afuera, la ciudad bullía con cláxones lejanos, pero aquí éramos solo nosotros, en nuestra burbuja de placer compartido.

Ahora, cada noche escribo en ti, diario, reviviendo cada roce, cada gemido. Rodrigo y yo seguimos viéndonos, explorando más posiciones, más fantasías. Esa peli, el diario de una pasion pelicula completa español, fue el chispazo, pero nuestra historia es la secuela ardiente. Neta, la pasión no se acaba; se enciende más. ¿Qué vendrá mañana? Solo el tiempo y nuestros cuerpos lo dirán.

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