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Pasión de Gavilanes Capítulo 55 Completo en Carne Viva

6629 palabras

Pasión de Gavilanes Capítulo 55 Completo en Carne Viva

La noche caía sobre el departamento en la colonia Roma de la Ciudad de México como un manto caliente y pegajoso. El aire olía a tacos de la esquina y a jazmín del balcón vecino. Yo, Jimena, me recosté en el sofá de piel sintética que crujía bajo mi peso, con las piernas cruzadas sobre las de Franco, mi carnal desde hace dos años. Él traía una playera ajustada que marcaba sus pectorales morenos y unos bóxers holgados porque ya nos habíamos despojado de la ropa pesada del día. Neta, qué chido estar así, pensé, mientras el control remoto brillaba en su mano grande y callosa.

"Órale, mami, hoy toca Pasión de Gavilanes capítulo 55 completo. Dicen que está bien perrón este capítulo", dijo Franco con esa voz ronca que me erizaba la piel. Sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis pechos que asomaban libres bajo la camisola de algodón. El calor de su mirada era como un roce invisible, y sentí un cosquilleo entre las piernas. Apagamos las luces, solo la tele iluminaba la sala con su resplandor azulado. El volumen bajo dejaba oír el tráfico lejano de Insurgentes, mezclado con los gemidos dramáticos de la novela.

En la pantalla, los hermanos Reyes ardían en una escena de celos y deseo. La pasión estallaba como chile en nogada, picante y dulce. Franco se acercó más, su muslo rozando el mío. Su piel olía a jabón de sándalo y sudor fresco del gym.

¿Por qué carajos me pone tanto esta novela? Es como si me estuvieran contando mi propia historia con este wey
, me dije mientras mi mano subía por su pierna sin pensarlo. Él soltó una risa baja, gutural, y me jaló hacia su pecho. Sus labios rozaron mi oreja: "¿Ya te estás calentando, ricura?"

El beso empezó suave, como el primer sorbo de un chelón helado en pleno julio. Sus labios carnosos sabían a chicle de menta y a la salsa de la cena. Nuestras lenguas se enredaron lentas, explorando, mientras en la tele Gaviota y Franco Reyes se miraban con fuego en los ojos. Pasión de Gavilanes capítulo 55 completo nos tenía atrapados, pero ya no veíamos nada más que el reflejo del otro en la penumbra. Sus manos grandes subieron por mi espalda, desatando el nudo de la camisola. El aire fresco besó mis pezones endurecidos, y un jadeo se me escapó, eco del de la pantalla.

Franco me tumbó despacio sobre el sofá, su cuerpo pesado y cálido cubriéndome como una cobija en invierno. Sentí su erección dura presionando contra mi vientre, palpitante, viva. "Estás mojada ya, ¿verdad, mamacita?", murmuró contra mi cuello, su aliento caliente enviando ondas de placer hasta mi clítoris. Asentí, mordiéndome el labio, mientras mis uñas se clavaban en sus hombros anchos. El olor de su excitación subía, almizclado y varonil, mezclándose con el mío, dulce como miel de maguey.

En el capítulo, los amantes se besaban con furia, pero nosotros íbamos más despacio, saboreando el build-up. Sus dedos bajaron por mi costado, trazando curvas sobre mis caderas anchas. Tocó mi monte de Venus, suave y depilado, y separó mis labios vaginales con ternura. Qué wey tan sabio, pensé, arqueándome cuando rozó mi entrada húmeda. Un dedo entró, luego dos, curvándose dentro de mí, buscando ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido era obsceno: chapoteos suaves, mis gemidos ahogados, el zumbido del ventilador en el techo.

"Te quiero toda, Jimena. Neta, eres mi vicio", gruñó Franco, lamiendo mi clavícula. Yo le bajé los bóxers, liberando su verga gruesa, venosa, que saltó caliente contra mi mano. La apreté, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada. La cabeza goteaba precum salado que lamí de mis dedos, mirándolo a los ojos. Sus pupilas se dilataron, negras como la noche mexicana. Lo masturbé lento, arriba y abajo, mientras él me comía con la boca: pezones succionados, mordisqueados, enviando descargas eléctricas directo a mi centro.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. En la tele, el clímax del Pasión de Gavilanes capítulo 55 completo explotaba en gritos y confesiones, pero nosotros pausamos la novela con un clic. Ya no la necesitábamos. Franco se arrodilló entre mis piernas abiertas, su lengua plana lamió mi clítoris hinchado.

Santa madre, esto es el paraíso. Su boca es fuego puro
. Chupaba, succionaba, metía la lengua dentro, saboreándome como tamal en fiesta. Mis caderas se movían solas, follando su cara, el sofá crujiendo rítmicamente. El olor a sexo llenaba la sala, espeso, adictivo.

"No aguanto más, carnal. Métemela ya", supliqué, voz ronca de deseo. Él se incorporó, posicionando su verga en mi entrada. Entró de un empujón suave pero firme, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey! El estiramiento ardía delicioso, sus bolas peludas golpeando mi culo. Empezamos a follar despacio, mirándonos a los ojos. Cada embestida era un latido compartido: piel contra piel, sudor resbalando, resbaladizo. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo rayaba su espalda con uñas pintadas de rojo.

El ritmo aceleró. Franco me levantó las piernas sobre sus hombros, penetrando más hondo, rozando mi cervix con cada golpe. Gemía mi nombre: "¡Jimena, pinche diosa!" Yo respondía clavando talones en su culo firme, urgiéndolo. El sonido de carne chocando era hipnótico, slap-slap-slap, mezclado con nuestros alaridos. Sentía el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mi vientre. Vamos a reventar juntos, pensé, apretando mi coño alrededor de su verga.

De repente, el mundo explotó. Mi clítoris palpitó, jugos brotando, mientras ondas de placer me sacudían entera. Grité, arqueándome, lágrimas de éxtasis en los ojos. Franco se tensó, gruñendo como toro, y se corrió dentro, chorros calientes pintando mis paredes internas. Colapsamos juntos, jadeantes, sudorosos, enredados. Su verga aún latía suave dentro de mí, leche goteando entre mis muslos.

Minutos después, con la tele apagada y el capítulo olvidado, nos quedamos abrazados. El aire olía a sexo satisfecho y paz. Franco besó mi frente: "Eres lo mejor que me ha pasado, mami. Pasión de Gavilanes capítulo 55 completo no se compara contigo". Reí bajito, trazando círculos en su pecho velludo.

Esto es amor de verdad, carnal. Puro, ardiente, mexicano
. Afuera, la ciudad ronroneaba indiferente, pero en nuestro mundo, el afterglow duraba eterno.

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