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Qué Significa Pasión En Una Pareja

6226 palabras

Qué Significa Pasión En Una Pareja

Estás sentada en el balcón de tu depa en Polanco, con el sol del atardecer tiñendo de naranja las copas de los árboles. El aire huele a jazmín del jardín de abajo y a tacos de asador que fríen en la esquina. Tu carnal, Javier, sale de la cocina con dos chelas frías en la mano, su camisa blanca pegada al pecho por el calor de la estufa. Lo ves caminar hacia ti, con esa sonrisa pícara que te hace cosquillear el estómago desde los primeros días que se conocieron en la uni.

¿Qué significa pasión en una pareja? piensas mientras él se acerca, y de repente la pregunta te golpea como un trago de tequila reposado. Han pasado cinco años de casados, la rutina los ha envuelto como una cobija vieja: trabajo, Netflix, sexo rápido los fines de semana si no estás muy cansada. Pero hoy, neta, sientes un fuego que no sabes de dónde sale.

—Órale, mi reina, ¿en qué andas pensando con esa cara de pensativa? —te dice Javier, sentándose a tu lado y pasándote la chela. Sus dedos rozan los tuyos, y ese toque simple te eriza la piel.

—En nosotros, wey. En qué significa pasión en una pareja. ¿Ya se nos apagó el encendedor o qué?

Él se ríe, esa carcajada grave que vibra en tu pecho, y te jala hacia él por la cintura. Su olor a jabón mezclado con sudor fresco te invade las fosas nasales. —Pues déjame demostrarte, ¿no? —susurra contra tu oreja, y su aliento cálido te hace cerrar los ojos.

La noche cae suave, las luces de la ciudad parpadean como estrellas caídas. Entran al depa, la música de Natalia Lafourcade sonando bajito desde el Bluetooth. Javier te empuja contra la pared del pasillo con gentileza, sus manos grandes explorando tu espalda bajo la blusa. Sientes el latido de su corazón contra tu pecho, rápido como tambores de una fiesta en Xochimilco.

Esto es pasión, piensas, no solo el chingazo rápido, sino este hormigueo que sube desde los pies hasta la nuca.

Tus labios se encuentran en un beso lento al principio, saboreando el amargor de la chela en su lengua. Él gime bajito, un sonido ronco que te moja entre las piernas. Desabrochas su camisa, tus uñas raspando su piel morena, oliendo a hombre puro, a tierra mojada después de la lluvia. Javier te levanta en brazos como si no pesaras nada, caminando hacia el cuarto con pasos firmes.

Te tira en la cama king size que compraron en IKEA, pero que ahora parece un altar. La sábana fresca roza tus muslos desnudos cuando te quitas el short. Él se arrodilla entre tus piernas, besando tu ombligo, bajando despacio. —Eres tan chingona, mi amor —murmura, y su voz te hace arquear la espalda.

Sientes su barba raspando el interior de tus muslos, el calor de su boca acercándose a tu centro. Cuando su lengua toca tu clítoris, un jadeo escapa de tu garganta. Sabe a sal y miel, piensas, mientras él lame con hambre, chupando suave, luego fuerte. Tus manos se enredan en su pelo negro, tirando un poquito, guiándolo. El cuarto se llena de tus gemidos y el sonido húmedo de su boca devorándote.

El deseo crece como una ola en la playa de Puerto Vallarta. Javier sube por tu cuerpo, lamiendo cada centímetro: el sudor salado de tus tetas, el pezón endurecido que muerde juguetón. —Dime qué quieres, preciosa —te pide, su verga dura presionando contra tu muslo, caliente como hierro al rojo.

—Te quiero adentro, pendejo, ya no me hagas sufrir —le contestas entre risas y besos, tus caderas moviéndose solas buscando fricción.

Él se quita el pantalón de un tirón, y ahí está, gruesa y venosa, brillando con gotas de pre-semen. La tocas, sientes su pulso en tu palma, el calor que quema. La acaricias de arriba abajo, oyendo sus gruñidos animales. Qué significa pasión en una pareja, reflexionas en un rincón de tu mente nublada, esto, joder, este querer devorarse mutuo.

Javier se pone condón —siempre cuidadosos, siempre consentidores— y se hunde en ti despacio. Sientes cada centímetro estirándote, llenándote hasta el fondo. Gritas su nombre, el placer duele rico. Empieza a moverse, lento primero, saliendo casi todo y metiendo de golpe. El colchón cruje bajo sus embestidas, tus uñas marcan su espalda.

—Más fuerte, carnal, chíngame como si fuera la primera vez —le ruegas, y él obedece, acelerando. El slap-slap de piel contra piel llena el aire, mezclado con tus alaridos y sus maldiciones gozosas. Sudas, el olor a sexo inunda el cuarto: almizcle, fluidos, amor crudo.

Cambian de posición, tú encima ahora, cabalgándolo como reina. Tus tetas rebotan, él las agarra, pellizcando. Sientes su verga golpeando ese punto dentro que te hace ver estrellas. El orgasmo se acerca, un nudo apretándose en tu vientre. —Me vengo, Javier, no pares —gritas, y explotas, contrayéndote alrededor de él, jugos chorreando por sus bolas.

Él te voltea boca abajo, embistiéndote desde atrás, su panza contra tu culo suave. Tus rodillas tiemblan, el placer residual te hace hipar. Javier acelera, su respiración jadeante en tu nuca. —Tú eres mi todo, mi vida —te dice entre dientes, y eso te rompe el alma de ternura mientras te folla sin piedad.

Sientes su cuerpo tensarse, un rugido gutural sale de su garganta. Se corre dentro del condón, pulsando fuerte, colapsando sobre ti. Quedan así, enredados, el sudor pegándolos como chicle. El ventilador del techo zumba perezoso, enfriando sus pieles ardientes.

Después, en la calma, Javier te besa la frente, limpiándote con toallitas húmedas que huelen a aloe vera. Se acuestan de lado, mirándose a los ojos. —Qué significa pasión en una pareja —dices suave, trazando su ceja con el dedo—. Es esto, ¿verdad? No solo el sexo, sino querernos así, con hambre y alma.

—Neta, mi amor. Es despertarte queriendo comerte viva, y después abrazarte hasta que salga el sol —responde él, y su voz ronca te arrulla.

Duermes con su brazo alrededor, el corazón latiendo al unísono. Mañana será otro día de rutina, pero ahora sabes que la pasión no se apaga; solo espera el momento para encenderse como fogata en las fiestas patrias. Y tú, lista para avivarla siempre.

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