Donde Ver El Diario de Una Pasion
Sofía deambulaba por las callejeras de la colonia Roma en la CDMX una tarde de esas que el sol pica como chile piquín pero el aire trae olor a tacos al pastor y claxonazos lejanos de vochos locos. Entró a una librería de viejo chusco llamada El Rincón Olvidado solo por curiosidad neta porque andaba evadiendo el pinche tráfico. Ahí entre pilas de libros amarillentos y polvo que olía a tiempo pasado vio un librito de piel gastada. Lo abrió y en la primera página leyó Diario de una Pasión. Su corazón dio un brinco. No traía nombre del dueño pero las letras eran elegantes como caricia de pluma sobre papel.
Lo compró por unos cuantos pesos y se lo llevó a su depa en la Condesa donde las luces de neón parpadean por la ventana y el viento trae ecos de cumbia rebajada de los antros cercanos. Se tiró en la cama con sábanas de algodón fresco que rozaban sus muslos desnudos bajo el shortcito. Abrió el diario y el aroma a cuero viejo mezclado con un leve perfume masculino la invadió como un susurro prohibido.
Hoy conocí a una morra que me miró con ojos de fuego. Su piel morena brillaba bajo las luces del bar y cuando bailamos salsa su culo se pegaba al mío como imán. La llevé a mi pieza y nos desvestimos despacio. Sus tetas eran perfectas redondas firmes y olían a vainilla. Lamí sus pezones hasta que gimió órale carnal no pares. Bajé a su entrepierna húmeda salada deliciosa y la hice volar con la lengua mientras ella me jalaba el pelo.
Sofía sintió un calor subiendo por su vientre. Sus pezones se endurecieron contra la blusa ligera y un cosquilleo húmedo se formó entre sus piernas. ¿Qué pedo con este vato? pensó mientras leía más. Las palabras pintaban escenas tan vívidas que podía oír los jadeos sentir el sudor salado en la piel imaginar el roce de cuerpos enredados. Siguió leyendo página tras página cada entrada más intensa que la anterior hablando de noches de pasión consensual donde el placer mutuo era el rey.
Al día siguiente no podía sacárselo de la cabeza. En el trabajo como diseñadora gráfica en Polanco sus dedos volaban sobre el teclado pero su mente estaba en esas confesiones. Después de la chamba googled donde ver el diario de una pasion pensando que tal vez era un libro famoso o una peli indie. Nada. Solo reseñas de la novela Diario de una Pasión la de los gringos pero esto era personal crudo mexicano. Una entrada mencionaba un bar en la Juárez llamado La Llama Eterna: Allá la encontré de nuevo su boca sabía a mezcal y tequila su cuerpo se arqueaba bajo el mío mientras la penetraba despacio profundo hasta que gritó mi nombre.
No mames tengo que ir se dijo Sofía. Esa noche se puso un vestido negro ceñido que marcaba sus curvas su piel canela reluciente con aceite de coco y tacones que clicqueaban como promesas. El bar olía a humo de tabaco mezcal añejo y sudor de cuerpos bailando. La música de banda norteña retumbaba y las luces rojas parpadeaban como pulsos acelerados. Pidió un paloma helada que sabía a limón fresco y tequila ardiente. Ahí lo vio: un vato alto moreno con ojos verdes intensos sentado en la barra hojeando un libro. Su presencia era magnética olía a colonia cítrica y algo salvaje.
Se acercó con el diario en la bolsa del vestido. ¿Ese es tuyo? le preguntó mostrando la portada. Él sonrió con dientes blancos perfectos. Alex se presentó y sí carnal era suyo. Lo había perdido en la librería a propósito con una nota invisible esperando que una chava con pasión lo encontrara. Hablaron horas entre risas y tragos. Él güey era escritor freelance y el diario era su forma de soltar la pasión acumulada. Sofía sintió su rodilla rozar la suya bajo la mesa un toque eléctrico que subió por su espinazo.
¿Y si le cuento lo que me provocó? pensó ella mientras sus miradas se enredaban. La tensión crecía como tormenta veraniega el aire cargado de deseo. Salieron del bar caminando por calles vivas con olor a elotes asados y risas de borrachos felices. Llegaron al depa de él en la Reforma un penthouse con vista a los reflectores del Ángel y música suave de José Alfredo Jiménez de fondo.
Adentro el ambiente olía a sándalo y velas encendidas. Se sentaron en el sofá de terciopelo negro tan cerca que Sofía sentía el calor de su cuerpo el latido acelerado de su pecho. Quiero saber si eres como la imaginé murmuró ella. Alex la besó despacio labios suaves probando ron y menta su lengua explorando la suya con hambre contenida. Sus manos subieron por sus muslos levantando el vestido rozando la piel sensible hasta encontrar su tanguita empapada.
Sí Alex tócame jadeó ella. Él la desvistió con reverencia besando cada centímetro: el cuello que sabía a perfume floral las tetas duras con pezones rosados que chupó hasta hacerla arquear. Sofía le quitó la camisa revelando un torso musculoso tatuado con águilas mexicanas sudor perlando la piel. Bajó la mano a su pantalón y sintió su verga dura gruesa palpitante. Está cañón pensó lamiéndose los labios.
Se arrodilló y lo tomó en la boca despacio saboreando la sal del prepucio el grosor llenándole la garganta. Él gemía qué chido morra no pares enredando dedos en su cabello negro largo. La levantó y la llevó a la cama king size con sábanas de satén fresco. La abrió de piernas y hundió la cara en su panocha húmeda honda. Su lengua danzaba en el clítoris chupando lamiendo mientras dos dedos entraban y salían curvándose en su punto G. Sofía gritaba ¡órale sí ahí! sus caderas moviéndose solas el olor a sexo llenando la habitación el sonido de succiones húmedas y jadeos roncos.
Él se puso condón y la penetró despacio primero mirándola a los ojos ¿Quieres? Simón fóllame duro respondió ella. Entró profundo llenándola estirándola el roce de su pubis contra el clítoris enviando chispas. Ritmo lento al principio cuerpos sudados pegajosos oliendo a deseo puro. Aceleró embistiéndola con fuerza la cama crujiendo sus bolas golpeando suave. Sofía clavó uñas en su espalda me vengo me vengo explotando en olas de placer que la dejaron temblando.
Cambiaron posiciones ella encima cabalgándolo sintiendo cada vena de su verga dentro moviendo caderas en círculos sus tetas rebotando él chupándolas. Eres una diosa gruñó él y se vino con un rugido profundo caliente dentro del látex. Colapsaron enredados piel con piel pulsos latiendo al unísono el aire espeso de feromonas y risas cansadas.
En la afterglow yacían besándose suaves. El diario fue mi anzuelo para encontrar pasión real confesó Alex. Sofía sonrió y yo busqué donde ver el diario de una pasion sin saber que lo viviría. Durmieron así envueltos en el calor del otro con el skyline de la ciudad guiñando estrellas artificiales prometiendo más noches de fuego puro mexicano.