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Una Pasion Secreta Pelisplus

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Una Pasion Secreta Pelisplus

La noche en mi depa de la Condesa estaba perfecta, con el aire fresco colándose por la ventana entreabierta y el olor a palomitas recién hechas flotando en el ambiente. Yo, Ana, acababa de terminar una semana de locos en la oficina, y lo único que quería era relajarme con una buena película. Marco, mi carnal de la uni que ahora era mi vecino, llegó puntual con unas chelas frías en la mano. Qué chido que vino, pensé, mientras lo veía entrar con esa sonrisa pícara que siempre me hacía cosquillas en el estómago.

"Órale, Ana, ¿qué peliculón vamos a ver hoy?", preguntó él, dejando las cervezas en la mesita y sentándose en el sofá a mi lado. Su colonia fresca me llegó de golpe, mezclándose con el aroma salado de las palomitas. Yo saqué mi laptop y abrí Pelisplus, ese sitio que siempre nos salvaba las noches de aburrimiento.

"Mira, encontré esta: Una Pasion Secreta. Dicen que está bien intensa, con unos romances que te dejan con el corazón latiendo a mil", le dije, mientras el sitio cargaba. La pantalla se iluminó con el tráiler: una pareja enredada en besos prohibidos, miradas cargadas de deseo bajo la luz tenue de una habitación. Sentí un calorcito subir por mi cuello. Marco se acercó más, su muslo rozando el mío accidentalmente, o eso creí.

Empezamos la película. La historia era de dos amantes que se escondían del mundo, robándose momentos de pasión en rincones olvidados. El sonido de sus respiraciones agitadas salía de los bocinas, y el cuarto se llenó de esa tensión eléctrica. Yo me recargué en el respaldo, sintiendo el cuero del sofá pegajoso contra mi piel por el calor que ya subía. Marco tomó un trago de chela, y su mano rozó la mía al pasar la bolsa de palomitas.

¿Por qué carajos mi pulso se acelera así? Es solo Marco, mi amigo de siempre
, me dije, pero mis ojos no se despegaban de la pantalla donde la protagonista gemía bajito mientras su amante le besaba el cuello.

La película avanzaba, y la escena se ponía heavy: ella con la blusa entreabierta, él deslizando las manos por sus curvas. El aire se sentía espeso, cargado de algo que no era solo el popcorn quemado en la cocina. Marco se movió inquieto, y noté cómo su camiseta se tensaba sobre su pecho. "¿Está buena, ¿verdad?", murmuró él, su voz ronca. Asentí, sin atreverme a mirarlo. Mi piel ardía, y entre mis piernas sentía esa humedad traicionera creciendo.

De repente, en la peli, ellos se besaban con furia, cuerpos chocando con un plaf suave de piel contra piel. Marco giró la cabeza hacia mí, y nuestros ojos se encontraron. El tiempo se detuvo. Su mirada era fuego puro, y yo sentí mi corazón retumbar como tambor en un antro.

Esto no es solo la película, ¿verdad? Esto es entre nosotros
.

Su mano, tibia y firme, se posó en mi rodilla. No la quité. En cambio, la cubrí con la mía, guiándola un poquito más arriba. "Ana...", susurró, y su aliento cálido me rozó la oreja. El olor de su sudor mezclado con la chela me mareó. Lo besé primero, mis labios chocando contra los suyos con una urgencia que me sorprendió. Él respondió al instante, su lengua explorando mi boca con sabor a cerveza y deseo puro.

Nos separamos un segundo, jadeantes. La película seguía sonando de fondo, gemidos que ahora parecían soundtrack de lo nuestro. Sus manos subieron por mis muslos, arrugando mi falda corta. Sentí sus dedos ásperos contra la suavidad de mi piel, enviando chispas directas a mi centro. Qué rico se siente esto, pensé, mientras le quitaba la playera, revelando su torso marcado por horas en el gym. Olía a hombre, a esfuerzo y a algo salvaje.

"¿Quieres que paremos la peli?", preguntó él, con los ojos brillantes. "Ni madres, déjala", respondí, mi voz temblorosa de excitación. Lo jalé hacia mí, y caímos de lado en el sofá. Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando suave, haciendo que arqueara la espalda. El roce de su barba incipiente me erizaba la piel, y gemí bajito cuando lamió el lóbulo de mi oreja. Mi mano bajó a su pantalón, sintiendo la dureza que pulsaba debajo. Dios, qué verga tan dura, se me escapó en la mente.

Él me desabrochó la blusa con dedos torpes de pura ansia, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus labios las capturaron, chupando un pezón con succión perfecta, mientras su mano masajeaba la otra. El placer era eléctrico, un cosquilleo que bajaba directo a mi panocha empapada. "Marco, sí...", murmuré, enredando mis dedos en su pelo negro revuelto. Él gruñó, bajando más, besando mi ombligo, mi vientre tembloroso.

Me quitó la falda y las calzones de un tirón, y el aire fresco golpeó mi humedad expuesta.

Me muero de vergüenza y de ganas al mismo tiempo
. Su boca llegó ahí, lengua caliente lamiendo mi clítoris hinchado. Saboreé el salado de mi propia excitación en su beso después, pero primero, sus labios chupando, succionando, con un ritmo que me tenía arqueándome y gimiendo como en la película. "¡Qué rico, carnal! No pares", le rogué, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda.

Él se incorporó, quitándose el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, con la punta brillando de pre-semen. La tomé en mi mano, sintiendo el calor pulsante, la piel suave sobre la rigidez de acero. "Ven, métemela ya", le dije, guiándolo a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El sonido húmedo de la unión nos envolvió, mezclado con nuestros jadeos y la banda sonora de Una Pasion Secreta en Pelisplus que aún corría.

Empezó a moverse, embestidas lentas al principio, profundas, haciendo que sintiera cada vena rozando mis paredes. El sofá crujía bajo nosotros, sudor perlando su frente, goteando en mi pecho. Aceleró, y yo clavé las uñas en su espalda, oliendo el sexo en el aire, ese almizcle crudo que enloquece. "¡Más fuerte, pendejo!", grité juguetona, y él obedeció, clavándome con fuerza que me hacía ver estrellas. Mis tetas rebotaban, su pelvis chocando contra mi clítoris con cada golpe.

La tensión crecía, un nudo apretándose en mi vientre. Sus gemidos roncos en mi oído, "Ana, te sientes de puta madre", me llevaron al borde. Sentí las contracciones venir, mi panocha apretándolo como puño. "¡Me vengo!", chillé, y el orgasmo me explotó, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, jugos chorreando entre nosotros. Él gruñó profundo, embistiendo una última vez, y sentí su leche caliente llenándome, pulsos calientes que prolongaron mi clímax.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. La película terminó sola, créditos rodando en silencio. Su peso sobre mí era reconfortante, piel pegajosa de sudor, corazón latiendo contra el mío. "Esto fue... una pasion secreta pelisplus total", murmuró él riendo bajito contra mi cuello. Yo sonreí, besándolo suave.

¿Y ahora qué? Esto no puede ser solo una noche. Quiero más de esta pasión escondida, solo nuestra
. Nos levantamos despacio, pieles sensibles rozándose aún. Limpiamos el desastre entre risas, pero en el fondo sabíamos que esto acababa de empezar. Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en mi depa, habíamos encendido un fuego que nadie apagaría.

Desde esa noche, cada vez que abro Pelisplus, recuerdo el calor de su cuerpo, el sabor de su piel salada, el sonido de nuestros cuerpos uniéndose. Nuestra pasión secreta sigue viva, robándonos momentos en la oscuridad, como los amantes de la peli. Y qué chido se siente ser la protagonista de mi propia historia erótica.

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