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Abismo de Pasion Capitulo 47

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Abismo de Pasion Capitulo 47

En el corazón de la Condesa, donde las luces de neón besaban las fachadas elegantes de los edificios, Sofia se recargaba en el balcón de su departamento. El aire nocturno traía el aroma dulce de las jacarandas mezclándose con el humo lejano de los taquitos callejeros. Su piel erizada por la brisa fresca anticipaba lo inevitable. Hacía semanas que el abismo de pasion entre ella y Diego se había profundizado, y esta noche, en lo que ella llamaba en secreto capitulo 47 de su saga prohibida pero ardiente, todo culminaría.

Sofia, con sus treinta y dos años de curvas generosas y ojos color chocolate que hipnotizaban, se miró en el reflejo de la ventana. Llevaba un vestido negro ceñido que acentuaba sus senos plenos y sus caderas anchas, sin nada debajo. Órale, stas cañón, se dijo a sí misma, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Diego, su vecino chulo de al lado, el que la volvía loca con solo una mirada, había mandado un mensaje: "Ya voy, nena. Prepárate pa'l desmadre". El pulso se le aceleró, recordando sus encuentros previos: besos salvajes en el elevador, manos explorando en la oscuridad del estacionamiento. Pero esta vez, el deseo era un volcán a punto de estallar.

El timbre sonó como un latido urgente. Sofia abrió la puerta y ahí estaba él, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que prometía pecados deliciosos. Olía a colonia fresca y a hombre excitado, un perfume que la mareaba. "¡Hola, mi reina!", dijo Diego con voz ronca, entrando y cerrando la puerta de un golpe. Sus ojos la devoraron de arriba abajo. Ella sintió el calor subirle por el cuello, el roce de su mirada como una caricia tangible.

Este pendejo me tiene en el abismo de pasion, y no quiero salir nunca, pensó Sofia mientras él se acercaba.

Acto primero de su noche: el roce inicial. Diego la tomó por la cintura, atrayéndola contra su pecho firme. Sus labios se encontraron en un beso lento, profundo, con sabor a tequila reposado que él había bebido antes. La lengua de él danzaba con la de ella, explorando, reclamando. Sofia gimió bajito, sintiendo sus manos grandes deslizarse por su espalda, bajando hasta apretar sus nalgas con fuerza juguetona. "Estás rica, Sofia. Me traes loco", murmuró contra su boca. Ella respondió arqueándose, presionando sus pechos contra él, notando la dureza creciente en sus pantalones. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba el departamento, mezclado con el tráfico lejano de Insurgentes.

La llevaron al sofá de piel suave, donde se sentaron entrelazados. Diego besaba su cuello, lamiendo la sal de su piel sudada por la anticipación. Sofia hundió los dedos en su cabello negro, tirando suavemente. "Más, cabrón, no pares", susurró ella, voz temblorosa de necesidad. Él rio bajito, un sonido gutural que vibró en su pecho. Sus manos subieron por sus muslos, abriéndole las piernas con delicadeza. El aire fresco rozó su intimidad húmeda, haciendo que se estremeciera. Olía a su excitación, almizclado y dulce, un perfume que enloquecía a Diego.

La tensión crecía como una tormenta. Sofia sentía el latido de su corazón en las sienes, el calor líquido entre sus piernas. Recordaba sus charlas en el pasillo: él divorciado hace un año, ella soltera pero harta de citas frías. Habían empezado como vecinos coqueteando, pero pronto cayeron en este abismo de pasion, capítulo tras capítulo de placer robado. "Te quiero tanto, Sofia. Eres mi vicio", confesó él, mirándola a los ojos mientras sus dedos rozaban su clítoris hinchado. Ella jadeó, arqueando la espalda. Qué chido se siente esto, puro fuego.

En el medio del acto, la escalada. Diego se arrodilló frente a ella, besando el interior de sus muslos. La piel de Sofia ardía bajo sus labios calientes, húmedos. Él lamía despacio, trazando caminos de saliva que se enfriaban al instante, contrastando con el calor de su boca. Cuando llegó a su centro, Sofia gritó su nombre, agarrando los cojines. Su lengua era experta, girando, succionando, saboreando su néctar salado y dulce. "¡Ay, Diego! ¡Sí, así, no pares, pendejo!", exclamaba ella, piernas temblando. Él gruñía de placer, el sonido vibrando contra su carne sensible. Sus manos masajeaban sus senos, pellizcando los pezones duros como piedras.

Pero no era solo físico; las emociones bullían. Sofia luchaba internamente: Esto es demasiado intenso, ¿y si me enamoro de verdad? ¿Y si duele después?. Diego lo notó, levantó la vista. "Ey, mi amor, estamos en esto juntos. Déjate llevar". Sus palabras la derritieron. Ella lo jaló hacia arriba, desabrochando su camisa con dedos torpes. Su torso musculoso brillaba de sudor, oliendo a macho puro. Lo besó con hambre, mordiendo su labio inferior. "Quítate todo, quiero sentirte entero". Él obedeció, quitándose los pantalones. Su verga erecta saltó libre, gruesa, venosa, palpitante. Sofia la tomó en mano, sintiendo el calor aterciopelado, el pulso rápido bajo la piel. La masturbó lento, viendo gotas de precum perlar la punta.

Se levantaron, tambaleantes de deseo. Diego la cargó al cuarto, tirándola en la cama king size con sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente. El colchón se hundió bajo su peso. Él se colocó encima, frotándose contra ella. "Dime que me quieres dentro", pidió ronco. "Sí, chíngame ya, hazme tuya", rogó Sofia, abriendo las piernas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron al unísono. El sonido de carne contra carne empezó suave, rítmico, como olas del Pacífico en Mazatlán.

La intensidad subía. Diego embestía más fuerte, profundo, golpeando ese punto que la volvía loca. Sofia clavaba las uñas en su espalda, dejando marcas rojas. Sudor goteaba de su frente al valle de sus senos, salado al lamerlo ella. "¡Más rápido, cabrón! ¡Estoy cerca!", gritaba. Él aceleró, sus bolas chocando contra su culo con palmadas húmedas. El olor a sexo impregnaba el aire, espeso, animal. Sus pechos rebotaban con cada thrust, pezones rozando el pecho velludo de él. Internamente, Sofia se rendía:

Este es nuestro abismo de pasion capitulo 47 y quiero más capítulos pa'siempre.

El clímax se acercaba como un tren. Diego la volteó a cuatro patas, agarrando sus caderas. Entró de nuevo, profundo, salvaje. Sofia empujaba hacia atrás, follándolo con furia. "¡Me vengo, Sofia! ¡Júntate conmigo!", rugió él. Ella explotó primero, un orgasmo que la sacudió entera: músculos contrayéndose, jugos chorreando, un grito gutural escapando de su garganta. Olas de placer la barrieron, visión nublada, cuerpo convulsionando. Diego la siguió, eyaculando caliente dentro de ella, chorros potentes que la llenaban. Colapsaron juntos, jadeantes, pegajosos de sudor y fluidos.

En el afterglow, se acurrucaron. Diego besaba su hombro, suave ahora. "Eres increíble, mi reina. Esto no termina aquí". Sofia sonrió, trazando círculos en su pecho. El aroma de sus cuerpos unidos la envolvía como una manta tibia. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en su mundo, el abismo de pasion brillaba eterno. Capítulo 47 completado, pero la historia apenas empieza, pensó ella, cerrando los ojos en paz.

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