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Memes de Pasion que Encienden la Noche

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Memes de Pasion que Encienden la Noche

Estaba tirada en mi cama, con el ventilador zumbando como loco arriba del techo, porque el calor de la Ciudad de México en verano es de no mames, wey. Mi depa en la Roma estaba fresco nomás por el aire acondicionado que ya se estaba muriendo, pero yo sudaba igual. Agarré mi cel y empecé a scrollear Instagram, buscando algo que me sacara del aburrimiento. De repente, un perfil me jaló la atención: Memes de Pasion. No eran los típicos memes pendejos de gatos o políticos, no. Eran puro fuego: imágenes sensuales con frases que te ponían la piel chinita, como una chava mordiéndose el labio con un texto que decía "Cuando el deseo te agarra desprevenido". Neta, me dieron ganas de tocarme ahí mismo.

El dueño del perfil era un cuate que se hacía llamar Alex, con fotos de él en la playa de Puerto Vallarta, tatuajes en los brazos y una sonrisa que gritaba ven pa'cá. Le di like a varios memes de pasion y, sin pensarlo mucho, le mandé DM: "Estos memes me tienen caliente, wey. ¿De dónde los sacas?". Respondió al toque: "Jaja, son míos carnala. ¿Quieres más exclusivos?". Así empezó todo. Chateamos toda la noche, mandándonos memes que subían de tono: uno de una pareja enredada en sábanas con "La pasion no espera", otro de labios rozándose con "Muérdeme hasta que gima". Sentía mi pulso acelerado, el calor entre las piernas creciendo con cada notificación.

¿Qué carajos estoy haciendo? Este pendejo me va a volver loca sin tocarme.
Al final, me soltó: "¿Nos vemos mañana en el café de la Condesa? Te mando memes en vivo". Dije que sí, obvio.

Al día siguiente, llegué al café con mi falda corta y blusa escotada, el corazón latiéndome como tambor de cumbia. Alex ya estaba ahí, alto, moreno, con ojos cafés que te desnudaban. Olía a colonia fresca mezclada con algo salvaje, como arena caliente. "¡La reina de los likes!", dijo riendo, y me dio un beso en la mejilla que me dejó el olor de su piel pegado. Pedimos cafés con leche, pero la plática era puro fuego. Sacó su cel y me mostró más memes de pasion: uno de manos explorando curvas con "Tócame como si fuera la última vez". Nuestras rodillas se rozaron bajo la mesa, y sentí esa chispa eléctrica subiendo por mi muslo.

"Neta, estos memes me prenden", le confesé, mordiéndome el labio como en uno de ellos. Él se acercó, su aliento cálido en mi oreja: "Imagínate si los hacemos realidad, mi reina". El café se enfrió mientras hablábamos de deseos: yo le conté cómo me gustaba que me besaran el cuello lento, él de cómo le volvía loco una chava que gime bajito. La tensión crecía, mis pezones endureciéndose contra la blusa, su mano rozando la mía.

Ya no aguanto, quiero sentir su boca en mí, su cuerpo pesado encima.
Terminamos el café y salimos caminando, su brazo en mi cintura, el sol calentándonos la piel. "Ven a mi depa, está cerca", murmuró. Asentí, el deseo ardiendo en mi vientre.

Su lugar era chido, minimalista con posters de arte callejero y una bocina sonando reggaeton suave. Cerró la puerta y me acorraló contra la pared, sus labios encontrando los míos en un beso hambriento. Sabía a café y menta, su lengua danzando con la mía, explorando profundo. Sus manos bajaron por mi espalda, apretando mi culo con fuerza juguetona. "Eres más caliente que cualquier meme", gruñó, y yo reí bajito, arañando su pecho. Nos quitamos la ropa despacio, saboreando cada roce: el sonido de la cremallera bajando, el suspiro cuando mi blusa cayó, revelando mis tetas libres.

Me llevó al sofá, su boca bajando por mi cuello, lamiendo el sudor salado de mi clavícula. Gemí cuando mordió suave, enviando ondas de placer directo a mi panocha, que ya chorreaba. "Qué rica hueles, a mujer en celo", dijo, inhalando profundo entre mis pechos. Sus dedos trazaron mi ombligo, bajando hasta rozar mis labios hinchados. Yo agarré su verga dura, palpitante en mi mano, piel suave sobre acero. La apreté, sintiendo las venas latir, y él jadeó: "Chingao, mi amor, no pares". Le chupé el cuello, probando su sal, mientras él metía un dedo dentro de mí, lento, curvándolo para tocar ese punto que me hace arquear.

La habitación olía a sexo incipiente, a piel caliente y lubricante natural. Me puse de rodillas, mirándolo con ojos de fuego, y lamí la punta de su verga, salada y dulce. La tragué profunda, sintiendo cómo se hinchaba en mi garganta, sus manos enredadas en mi pelo guiándome. "Así, reina, trágatela toda", gemía, su voz ronca como gravel. Pero quería más. Lo empujé al sofá y me subí encima, frotando mi concha mojada contra su dureza. El roce era tortura deliciosa, clítoris palpitando contra él. "Cógeme ya, pendejo", le supliqué, y él obedeció, embistiéndome de un jalón.

Su verga me llenó completa, estirándome perfecto, el placer doliendo rico. Reboté sobre él, tetas saltando, sudor resbalando por mi espalda. El slap slap de piel contra piel se mezclaba con nuestros gemidos, el reggaeton marcando el ritmo. Él me agarró las caderas, clavándome más hondo, golpeando mi punto G con cada estocada.

Esto es mejor que cualquier meme, neta, su polla me parte en dos y lo amo.
Cambiamos: yo de espaldas, él detrás, jalándome el pelo mientras me chingaba duro. Sentía sus bolas golpeando mi clítoris, el orgasmo construyéndose como tormenta. "Me vengo, Alex, órale!", grité, y exploté, paredes apretándolo en espasmos, jugos chorreando por mis muslos.

Él no paró, girándome para lamerme el clítoris hinchado, su lengua rápida y hambrienta. Saboreaba mi corrida, gruñendo de gusto. Luego me penetró otra vez, misionero, mirándonos a los ojos. Sus embestidas se volvieron salvajes, piel resbalosa de sudor, olor a musgo y almizcle. "Dame todo, mi rey", lo animé, clavando uñas en su espalda. Se vino con un rugido, llenándome caliente, pulsos interminables dentro de mí. Colapsamos, jadeando, cuerpos enredados pegajosos.

Después, acostados en la cama con sábanas revueltas, su cabeza en mi pecho, el ventilador secando nuestro sudor. Mandamos un meme rápido: uno de dos amantes exhaustos con "Después de los memes de pasion, la realidad es mejor". Reímos bajito. "Esto no acaba aquí, ¿verdad?", pregunté, besando su frente. "Nunca, carnala. Tú y yo, puro fuego". Sentí paz, el cuerpo saciado, el alma tocada. Afuera, la ciudad zumbaba, pero en ese depa, solo existía nuestro calor compartido.

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