El Diario de una Pasion Libro PDF
Querido diario, aquí estoy otra vez en mi depa chiquito pero chido aquí en la Roma Norte, con el ruido de los coches allá abajo y el olor a elotes asados flotando desde la calle. Tengo veintiocho pirulos, trabajo en una agencia de diseño que me tiene loca de estrés, y mi carnal Marco, mi morro desde hace dos años, anda de viaje en Monterrey por pinche trabajo. Neta me siento sola, con un calor que no es solo del verano mexicano. Anoche, aburrida como perra en ayuno, me puse a googlear weyadas eróticas y di con el diario de una pasion libro pdf. Lo bajé rapidito, gratis, y empecé a leerlo en mi laptop. Órale, qué cosa tan rica, páginas llenas de confesiones calientes, cuerpos sudados, besos que queman. Me dejó mojadita nomás de imaginar.
Leo una entrada:
"Su piel olía a vainilla y deseo, sus manos me recorrían como fuego lento, y cuando me penetró, sentí el mundo explotar en mi concha."Neta, mi cuerpo se encendió. Me quité la playera, solo en bra y shortcito, y me recosté en la cama king size que compartimos. El ventilador zumbaba suave, pero mi piel ardía. Toqué mis chichis, duras como piedras, pellizcando los pezones hasta que gemí bajito. Bajé la mano a mi panocha, ya empapada, frotando el clítoris en círculos lentos. Olía a mí, a excitación pura, ese aroma almizclado que me vuelve loca. Imaginé a Marco, su verga gruesa, venosa, empujando dentro de mí. Ven pronto, pendejo, te necesito chingándome hasta el alma.
El sol del mediodía entraba por las cortinas sheer cuando oí la llave en la puerta. ¡Marco había vuelto antes! Salté de la cama, el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta. Ahí estaba él, alto, moreno, con esa barba de tres días que me raspa delicioso, camisa ajustada marcando sus pectorales de gym. "¿Qué onda, mi reina? Te extrañé vergas." Lo abracé fuerte, sintiendo su pecho duro contra mis tetas, su olor a hombre, a colonia Barbasol mezclada con sudor de avión.
"Mira lo que encontré, wey", le dije, jalándolo al sofá de piel sintética que cruje suave. Abrí la laptop y le mostré el diario de una pasion libro pdf. "Léelo, te va a poner como toro." Se sentó a mi lado, su muslo musculoso pegado al mío, calor subiendo. Leí en voz alta una parte caliente:
"Sus labios chupaban mi cuello, mordiendo suave, mientras sus dedos abrían mi flor húmeda, preparándome para su embestida."Sentí su verga endurecerse contra mi pierna, ese bulto firme que me hace salivar.
Marco me miró con ojos negros de deseo puro. "Neta, Ana, estás bien pinche caliente hoy. ¿Qué te traes?" Sonreí pícara, subiéndome a horcajadas sobre él. Mis manos en su cara, barba picosa bajo mis palmas, lo besé con hambre. Nuestras lenguas bailaron, sabor a menta de su chicle y mi gloss de fresa. Gemí en su boca, frotando mi panocha contra su paquete duro. Qué rico se siente, grueso, listo para mí. Sus manos grandes me amasaron las nalgas, apretando carne suave, uñas clavándose leve, mandándome chispas al cerebro.
La tensión crecía como tormenta en el Popo. Lo desvestí lento, quitándole la camisa botón por botón, besando cada centímetro de piel bronceada, oliendo su sudor fresco, lamiendo un pezón plano y duro. Él jadeaba, "Cabróna, me traes loco, mi amor." Bajé sus jeans, liberando esa verga chingona, venosa, goteando pre-semen cristalino. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, masturbándola despacio, sintiendo pulsar. Él metió mano bajo mi short, dedos gruesos abriendo mis labios hinchados, frotando mi clítoris hinchado. "Estás chorreando, nena, qué mojada tan rica." El sonido chapoteante de mis jugos llenaba la sala, mezclado con nuestros resuellos pesados.
Me levanté, quitándome todo, desnuda frente a él, luz del sol pintando mi piel canela, curvas de gym y tacos de canasta equilibrados. Él se paró, quitándose lo demás, cuerpo atlético brillando. Lo empujé al sofá, montándolo como reina. Su verga rozó mi entrada, caliente, resbalosa. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo estirarse mi panocha alrededor de él, lleno, perfecto. ¡Ay, Diosito, qué chido! Empecé a moverme, subiendo y bajando, tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. El slap-slap de piel contra piel, olor a sexo crudo, sudor perlando nuestros cuerpos.
Marco se incorporó, chupando mis chichis, lengua girando pezones, mordisqueando suave hasta que grité de placer. "¡Más, pendejo, chúpame duro!" Cambiamos, él encima, misionero intenso, piernas en sus hombros, penetrando profundo, golpeando mi punto G con cada embestida. Sentía sus huevos peludos slap contra mi culo, su aliento caliente en mi oreja, "Te amo, Ana, tu concha es mía, apriétame." Yo clavaba uñas en su espalda, rasguñando, dejando marcas rojas. El clímax subía, tensión en espiral, músculos apretados, visión borrosa. No aguanto, viene...
Explotamos juntos. Mi orgasmo me sacudió como terremoto, paredes de mi panocha ordeñando su verga, chorros de placer mojando todo. Él gruñó animal, "¡Me vengo, carajo!", llenándome de semen caliente, pulsos y pulsos. Colapsamos, sudorosos, pegajosos, corazones galopando al unísono. Su peso sobre mí reconfortante, verga ablandándose dentro, semen goteando lento.
Después, en la cama, con sábanas revueltas oliendo a nosotros, le acariciaba el pecho velludo, oyendo su respiración calmada. "Ese diario fue la neta, amor. Mañana lo compartimos con amigos, como libro pdf de pasiones." Él rio bajito, besándome la frente. Esto es vida, pasión real, no solo palabras en pantalla. Pero el fuego sigue, listo para más noches calientes. Fin de entrada, diario. Besos húmedos.