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Pasión Desbordante en Agencia Mazda Pasion del Valle

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Pasión Desbordante en Agencia Mazda Pasion del Valle

El sol de mediodía en Agencia Mazda Pasion del Valle pegaba como plomo derretido, haciendo que el asfalto brillara y el aire oliera a goma caliente y metal recalentado. Yo, Ana, acababa de salir de mi viejo vochito que ya no jalaba ni pa'trás, y necesitaba un cambio radical. Órale, neta que hoy me echo un Mazda nuevecito, me dije mientras estacionaba frente al showroom reluciente. Las vitrinas destellaban con modelos elegantes, curvas agresivas que me recordaban algo más... prohibido.

Ahí estaba él, Marco, el vendedor estrella. Alto, moreno, con esa playera ajustada que marcaba cada músculo de su pecho y brazos tatuados. Sus ojos cafés me escanearon de arriba abajo, deteniéndose en mis jeans ceñidos y la blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente.

"Bienvenida a Agencia Mazda Pasion del Valle, preciosa. ¿En qué te puedo ayudar? ¿Buscas algo que te acelere el pulso?"
Su voz ronca, con ese acento norteño juguetón, me erizó la piel. Sonreí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Este wey es peligro, pensé, pero mi cuerpo ya respondía con un calor que no era solo del sol.

Me llevó a ver el Mazda3, negro mate, con interiores de piel suave que invitaban a tocar. Sus manos rozaron las mías al abrir la puerta, un toque eléctrico que duró un segundo de más. Hablamos de motores, de caballos de fuerza, pero la tensión crecía como el rugido de un V6. ¿Por qué carajos me mira así? ¿Siente lo mismo? Olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino, un aroma que me mareaba.

Acto uno completo, ahora el build-up. Me convenció de una prueba de manejo. Subí al asiento del piloto, él atrás como copiloto. El motor ronroneó suave al encenderse, vibrando bajo mis muslos. Aceleré por la carretera que bordea Pasión del Valle, el viento azotando mi cabello, trayendo olores a tierra seca y jazmín silvestre. Marco se inclinó desde atrás, su aliento cálido en mi nuca.

"Maneja como diosa, Ana. Ese pedal a fondo te queda perfecto."
Su mano se posó en mi hombro, bajando despacio hasta mi cintura. Sentí sus dedos fuertes, callosos de tanto lidiar con fierros, presionando mi piel a través de la tela fina.

Estacionamos en un mirador apartado, con vista al valle verde y ondulante. El corazón me latía como tambor en desfile. Bajamos del carro, el aire fresco contrastando con el calor entre mis piernas. Nos miramos, el silencio cargado. No aguanto más, este pendejo me tiene al borde. Di un paso, él otro, y de pronto sus labios capturaron los míos. Beso hambriento, lenguas danzando con sabor a menta y deseo puro. Sus manos exploraron mi espalda, bajando a mis nalgas, apretándolas con urgencia. Gemí contra su boca, el sonido ahogado por el viento que susurraba promesas.

Volvimos a la agencia, pero en lugar de la sala de ventas, me guió a su oficina privada al fondo del lote. La puerta se cerró con clic suave, aislando el mundo exterior. El cuarto olía a cuero nuevo y su esencia masculina. Me empujó contra el escritorio, papeles volando, su cuerpo duro presionando el mío.

"Desde que entraste, te quiero, Ana. Dime que sí, que me dejes probarte."
Asentí, jadeante, mis uñas clavándose en su camisa. Sí, cabrón, hazme tuya.

Acto dos en llamas. Le arranqué la playera, revelando un torso esculpido, sudor perlado brillando bajo la luz tenue. Lamí su piel salada, saboreando cada gota mientras él desabotonaba mi blusa con dientes, exponiendo mis senos libres bajo el encaje. Sus labios succionaron un pezón, lengua girando experta, enviando chispas directas a mi centro. ¡Qué rico, wey! No pares. Mis manos bajaron a su cinturón, liberando su verga gruesa, palpitante, caliente como hierro forjado. La apreté, sintiendo las venas latir bajo mi palma, un gemido gutural escapando de su garganta.

Me levantó sobre el escritorio, jeans volando al piso junto con mi tanga empapada. El aire fresco besó mi intimidad expuesta, pero su mirada ardiente la devoró.

"Estás chingona, moza. Mira cómo brillas para mí."
Se arrodilló, nariz rozando mi monte, inhalando profundo. Su lengua invadió, lamiendo lento desde el clítoris hasta mi entrada, saboreando mis jugos dulces y salados. Grité bajito, caderas moviéndose solas, el sonido húmedo de su boca chupando ecoando en la habitación. Oí autos pasando afuera, pero nada importaba, solo su boca mágica llevándome al borde una y otra vez, deteniéndose para torturarme.

Lo jalé arriba, desesperada. Te necesito dentro, ya. Él se posicionó, la punta gruesa presionando mi apertura resbaladiza. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo. Nuestros gemidos se fundieron, piel contra piel chapoteando rítmicamente. Sus embestidas empezaron suaves, profundas, oliendo a sexo crudo y sudor mezclado. Aceleró, el escritorio crujiendo, mis piernas envolviéndolo, talones clavándose en su culo firme.

La tensión explotó. Cambiamos, yo encima, cabalgándolo como amazona en el desierto. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones duros. Miré sus ojos, perdidos en placer, y lo monté más fuerte, mi clítoris frotando su pubis. El clímax me golpeó como tormenta, olas de éxtasis sacudiendo mi cuerpo, jugos chorreando por su verga. Él rugió,

"¡Me vengo, Ana, chingada madre!"
, llenándome con chorros calientes, su cuerpo temblando bajo el mío.

Acto tres, el paraíso post-orgasmo. Colapsamos en el sofá de la oficina, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. Su mano acariciaba mi cabello húmedo, besos suaves en mi frente. Olía a nosotros, a semen y esencia femenina, un perfume embriagador. Neta, esto fue lo mejor que me ha pasado en años. Reímos bajito, compartiendo anécdotas tontas de la agencia, planes para otra "prueba de manejo".

Salimos al atardecer, el sol tiñendo el valle de naranja y púrpura. Firmé los papeles del Mazda, pero el verdadero trato fue el nuestro. Marco me guiñó el ojo, susurrando

"Vuelve cuando quieras, mi reina del asfalto."
Arrancé, el motor purring como mi satisfacción interna, sabiendo que Agencia Mazda Pasion del Valle no solo me dio un carro, sino una pasión que ardía eterno.

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