Pasión Capítulo 15 Fuego en las Venas
Ana sintió el pulso acelerado mientras subía en el elevador del penthouse en Polanco. El aroma a jazmín del pasillo la invadió, mezclándose con su perfume de vainilla que había rociado esa mañana pensando en él. Diego, ese cabrón con ojos de fuego que la volvía loca desde la primera vez que se cruzaron en esa fiesta en la Roma. Habían pasado dos semanas sin verse, con mensajes calientes que la dejaban mojadita solo de leerlos. Hoy era Pasión Capítulo 15 de su historia privada, la que solo ellos conocían, llena de promesas susurradas y cuerpos que se buscaban como imanes.
La puerta se abrió con un clic suave y ahí estaba él, recargado en el marco, con una camisa blanca desabotonada que dejaba ver su pecho moreno y torneado.
"Ven pa'cá, nena",le dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel. Ana se lanzó a sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a tequila y deseo puro. El corazón le latía como tambor en las costillas, y bajó la mano por su espalda hasta apretar esas nalgas firmes que tanto le gustaban.
Qué chido es esto, pensó ella mientras él la cargaba sin esfuerzo hacia la terraza. La ciudad de México se extendía abajo, luces parpadeantes como estrellas caídas, pero ellos eran el verdadero espectáculo. Diego la sentó en una tumbona acolchada, el viento nocturno trayendo olores de tacos lejanos y humo de chimeneas.
"Te extrañé verga, Ana. Neta, no aguanto sin ti",murmuró él, besándole el cuello, mordisqueando esa piel sensible que la hacía gemir bajito.
Las manos de Diego se colaron bajo su blusa de encaje, rozando sus pezones ya duros como piedritas. Ana arqueó la espalda, el roce enviando chispas directo a su entrepierna. Pinche Diego, siempre sabe dónde tocar. Ella le quitó la camisa de un jalón, admirando esos músculos que olían a loción de sándalo y sudor fresco. Sus dedos trazaron el camino de vellos oscuros hasta la cintura de su pantalón, sintiendo la erección dura presionando contra la tela.
El beso se profundizó, bocas chupándose con urgencia, saliva mezclándose en un sabor salado y dulce. Ana lo empujó suave contra la pared de vidrio, el frío del cristal contrastando con el calor de su piel.
"No seas pendejo, quítate todo",le ordenó ella juguetona, y él obedeció riendo, ese sonido grave que vibraba en su pecho y se le metía hasta el alma.
Desnudos ya, se tumbaron en la cama king size de la terraza, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia de pluma. Diego besó su camino bajando por el valle de sus senos, lamiendo cada curva con lengua experta. Ana jadeaba, el aire fresco de la noche erizando cada poro, mientras su boca caliente la devoraba. Siento su aliento caliente aquí, justo donde lo necesito. Él se detuvo en su ombligo, metiendo la lengua juguetona, y ella rió entre gemidos, agarrándole el pelo revuelto.
La tensión crecía como tormenta en el horizonte. Ana abrió las piernas, invitándolo, y Diego inhaló profundo su aroma almizclado de excitación.
"Qué rico hueles, mi reina. Esto es puro fuego",gruñó antes de hundir la cara entre sus muslos. Su lengua la exploró con maestría, lamiendo el clítoris hinchado en círculos lentos que la volvían loca. Ana gritó bajito, órale, qué chingón es este wey, sintiendo las olas de placer subir desde el estómago. El sonido húmedo de su boca chupando, los jadeos de ambos mezclándose con el tráfico lejano abajo, todo era sinfonía erótica.
Pero ella quería más, necesitaba sentirlo dentro. Lo jaló arriba, guiando su verga dura y palpitante hacia su entrada resbalosa.
"Métemela ya, cabrón. No me hagas rogar",suplicó con voz ronca. Diego empujó lento al principio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Pinche sensación de plenitud, como si me llenara el alma. Él gimió fuerte al enterrarse hasta el fondo, sus caderas chocando con un clap clap rítmico que resonaba en la noche.
El ritmo empezó suave, mirándose a los ojos, pupilas dilatadas por la lujuria. Ana clavó las uñas en su espalda, dejando surcos rojos que él adoraba. El sudor les perlaba la piel, goteando salado en sus bocas entre besos. Su peso sobre mí, ese olor a macho sudado, me prende como nada. Diego aceleró, embistiéndola con fuerza, el colchón crujiendo bajo ellos. Ella envolvió las piernas en su cintura, profundizando cada penetración que tocaba ese punto exacto dentro de ella.
La intensidad subía, como lava bullendo. Ana sentía el orgasmo acercándose, un nudo apretado en el bajo vientre listo para estallar.
"Más duro, mi amor. ¡Dame todo!",gritó ella, y él obedeció, follando con pasión animal, sus bolas golpeando su culo en un slap slap hipnótico. El viento traía ecos de mariachis distantes, pero su mundo era solo piel contra piel, pulsos latiendo al unísono.
De repente, el clímax la golpeó como rayo. Ana convulsionó, paredes internas apretando su verga en espasmos, un grito gutural escapando de su garganta. ¡Qué pedo, esto es el paraíso! Diego la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro de ella en chorros calientes que la llenaban de nuevo. Colapsaron juntos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos mezclados.
En el afterglow, Diego la abrazó fuerte, besándole la frente húmeda.
"Eres mi Pasión Capítulo 15, Ana. Y habrá más, neta",susurró él, voz cargada de ternura. Ella sonrió contra su pecho, escuchando el latido constante de su corazón. El aroma de sus sexos unidos flotaba en el aire, mezclado con el jazmín y la ciudad viva abajo. Esto no es solo sexo, es conexión pura, de esas que te cambian.
Se quedaron así, entrelazados bajo las estrellas urbanas, planeando ya el próximo capítulo de su historia ardiente. La noche los envolvía como manta suave, prometiendo más fuegos por venir.