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Novela Pasion y Poder Capitulo 1

7688 palabras

Novela Pasion y Poder Capitulo 1

En el corazón de Polanco, donde las luces de neón besan los cristales de los rascacielos, Ana se adentró al salón de eventos del hotel más exclusivo de la ciudad. El aire estaba cargado de un perfume caro, mezcla de jazmín y vainilla que flotaba como una promesa sensual. Vestida con un vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como un amante posesivo, sintió las miradas clavadas en ella. Qué chingón se siente esto, pensó, mientras su tacón resonaba contra el mármol pulido con un clic-clac hipnótico.

Rodrigo la vio de inmediato. Alto, con esa mandíbula cuadrada que gritaba poder, y ojos oscuros que devoraban sin piedad. Era el rey de los negocios en México, dueño de imperios que se extendían desde la CDMX hasta las playas de Cancún. Estaba rodeado de ejecutivos babosos, pero su atención se desvió como un imán hacia Ana. Ella era la nueva directora de marketing en su competencia, una morra ambiciosa que no se dejaba de nadie.

Esta noche no vengo a trabajar, vengo a conquistar
, se dijo Ana, alzando la copa de champagne que un mesero le ofreció. El burbujeo fresco en su lengua era como un beso gaseoso, dulce y efervescente.

Se acercaron sin prisa, como depredadores en la selva urbana. "¿Qué hace una mujer como tú en un lugar lleno de pendejos como estos?", le dijo él con voz grave, ronca, que vibró en el pecho de Ana como un tambor taquillero. Ella sonrió, ladeando la cadera. "Buscando a alguien que valga la pena, carnal. ¿Tú?" El roce accidental de sus dedos al chocar copas envió una chispa eléctrica por su piel, cálida y expectante. Olía a él: sándalo y cuero, un aroma que le erizaba los vellos de la nuca.

Conversaron de negocios primero, de ese tira y afloja entre sus empresas que los tenía en guerra abierta. Pero bajo las palabras afiladas, latía algo más primitivo. Ana sentía el calor de su mirada bajando por su escote, deteniéndose en el valle entre sus pechos que subían y bajaban con cada respiración acelerada. Neta, este wey me prende como nadie, admitió en su mente, mientras él le contaba de su última adquisición en Monterrey. El salón bullía a su alrededor: risas estridentes, tintineo de cristales, el bajo pulsante de una salsa moderna que invitaba a mover las caderas.

"¿Bailamos?", propuso Rodrigo, extendiendo la mano. Sus palmas eran grandes, callosas por años de firmar contratos millonarios, pero su toque era suave, casi reverente. Ana se dejó llevar al centro de la pista. Sus cuerpos se pegaron al ritmo, el vestido rojo rozando los pantalones oscuros de él. Sentía su dureza contra su muslo, un bulto prometedor que la hizo morderse el labio. Qué rico se siente ese poder entre mis piernas. El sudor perlaba su frente, salado al gusto cuando él se inclinó para susurrarle al oído: "Eres peligrosa, Ana. Me gustas así". Su aliento caliente le cosquilleó la oreja, enviando ondas de placer directo a su centro.

La tensión creció como una tormenta en el desierto sonorense. Cada giro del baile era un roce intencional: su mano en la curva de su cintura, bajando apenas hasta la nalga, apretando con permiso implícito. Ana giró, presionando su pecho contra el de él, sintiendo los latidos desbocados bajo la camisa de seda. "¿Quieres ver lo peligrosa que puedo ser?", le retó ella, con voz ronca de deseo. Él asintió, ojos brillando como obsidiana bajo la luna llena.

Se escabulleron por un pasillo discreto, el eco de la fiesta desvaneciéndose. Rodrigo abrió la puerta de una suite presidencial con una llave magnética que sacó del bolsillo. El cuarto era un oasis de lujo: sábanas de hilo egipcio, vistas al skyline de Reforma, y un jacuzzi burbujeante que olía a lavanda fresca. Ana lo empujó contra la pared apenas entraron, sus labios chocando en un beso feroz. Saboreó su boca: tequila añejo y menta, adictivo como un vicio mexicano.

Esto es mi novela pasion y poder capitulo 1, y yo soy la protagonista
, pensó ella, mientras sus lenguas danzaban un tango salvaje.

Las manos de Rodrigo exploraron su cuerpo con maestría, desabrochando el zipper del vestido con dedos temblorosos de anticipación. El rojo cayó al suelo como una flor marchita, dejando a Ana en lencería negra de encaje que realzaba sus senos plenos y su trasero redondo. "Qué chula estás, mi reina", murmuró él, arrodillándose para besar su ombligo. Su lengua trazó círculos húmedos, bajando hasta el borde de las bragas. Ana jadeó, el sonido gutural escapando de su garganta como un gemido de ranchera apasionada. El aire se llenó del aroma almizclado de su excitación, mezclado con el suyo, macho y terroso.

Ella lo levantó, tirando de su corbata como una rienda. "Quítate todo, papacito". Rodrigo obedeció, revelando un torso esculpido por gimnasios de élite y un miembro erecto, grueso y venoso, que palpitaba al ritmo de su pulso. Ana lo tocó, suave al principio, sintiendo la piel aterciopelada sobre acero. "Qué verga tan rica", susurró, lamiendo la punta salada de presemen. Él gruñó, un sonido animal que vibró en sus huesos.

Se tumbaron en la cama king size, sábanas frescas contra pieles ardientes. Rodrigo besó cada centímetro de ella: pezones duros como chiles habaneros, que chupó hasta que Ana arqueó la espalda, gimiendo "¡Sí, así, no pares!". Sus dedos encontraron su humedad, resbaladiza y caliente, introduciéndose con lentitud tortuosa. Ana cabalgó su mano, caderas ondulando como en un baile de cumbia prohibida. Este poder es mío ahora, lo siento crecer dentro de mí. El slap húmedo de sus movimientos llenaba la habitación, junto con sus respiraciones entrecortadas.

La intensidad escaló. Ana lo montó, guiando su verga dentro de ella con un suspiro largo y profundo. Se llenó por completo, estirada y plena, el roce de él contra sus paredes internas enviando explosiones de placer. "Chíngame fuerte, Rodrigo", ordenó ella, y él obedeció, embistiendo desde abajo con fuerza controlada. Sus pechos rebotaban, sudor goteando entre ellos, salado al lamerlo él. El olor a sexo crudo impregnaba el aire, primitivo y embriagador. Ana clavó las uñas en su pecho, dejando marcas rojas como trofeos de batalla.

Cada thrust era un pulso de poder compartido: él la tomaba, pero ella lo dirigía, apretando sus músculos internos para hacerlo gemir. "¡Eres una diosa, Ana!", rugió él, manos en sus caderas, guiándola más rápido. El clímax se acercó como un tren de alta velocidad: su clítoris rozando su pubis, chispas de éxtasis acumulándose. Ana gritó primero, ondas de placer convulsionando su cuerpo, ordeñando su verga en espasmos interminables. Rodrigo la siguió segundos después, eyaculando dentro de ella con un bramido gutural, caliente y abundante.

Colapsaron juntos, piel pegajosa contra piel, corazones martilleando en unisono. El afterglow los envolvió como una manta tibia: besos suaves, caricias perezosas en la espalda. Ana trazó círculos en su pecho con la uña, oliendo su mezcla en las sábanas revueltas.

Esto es solo el capitulo 1 de nuestra novela pasion y poder. ¿Qué vendrá después?
Rodrigo la abrazó, susurrando "Mañana competimos en los negocios, pero esta noche, tú mandas". Ella sonrió en la penumbra, el skyline testigo de su unión. El poder no estaba en las juntas ni en los contratos, sino en ese lazo carnal que acababa de forjar. Y sabía que esto era solo el principio.

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