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Elenco en el Abismo de Pasión

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Elenco en el Abismo de Pasión

El sol de La Bonita caía a plomo sobre el set de filmación, tiñendo de dorado los acantilados y el mar turquesa que se extendía hasta el horizonte. Yo, Rosa, era la protagonista de la novela Abismo de Pasion elenco principal, esa historia de amores imposibles que tenía a medio México pegado a la tele. Pero lo que nadie sabía era el abismo real que se abría entre Damián y yo, mi coestrella, el galán con ojos de fuego y sonrisa que derretía hasta el maquillaje más resistente.

Estábamos grabando la escena del beso en la playa. El guion pedía pasión contenida, pero cuando sus labios rozaron los míos, sentí un chispazo que me recorrió la espina. Su aliento olía a menta y a ese café negro que tomaba religiosamente entre tomas. ¿Por qué carajos me afecta tanto este wey? pensé, mientras el director gritaba "¡Corte!". Mis pezones se endurecieron bajo el vestido ligero de gasa, y el roce de la tela contra mi piel era como una caricia prohibida. Damián se apartó despacio, sus ojos clavados en los míos, con esa mirada que decía más que cualquier diálogo.

"Buen trabajo, Rosa. Neta, lo haces ver real", murmuró él, su voz ronca como el rumor de las olas. Su mano rozó mi cintura al pasar, un toque fugaz que dejó mi piel ardiendo. Olía a sal marina y a su loción de sándalo, ese aroma que me volvía loca desde el primer día de ensayos. El elenco entero bromeaba con nuestra química en pantalla, pero solo nosotros sabíamos que era un volcán a punto de estallar.

No puedo seguir fingiendo. Cada vez que me besa para la cámara, imagino sus manos bajando por mi espalda, arrancándome la ropa, poseyéndome ahí mismo sobre la arena caliente.

Al final del día, el equipo recogió y nos quedamos solos en el trailer de producción, bebiendo chelas frías para aplacar el calor. Damián se sentó a mi lado en el sofá raído, su muslo musculoso pegado al mío. "Oye, Rosa, ¿has visto el rating de la novela? Estamos rompiéndola. El abismo de pasion elenco es lo mejor que ha pasado por Televisa en años", dijo riendo, pero su mirada era seria, intensa.

"Sí, wey, pero lo mejor es lo que no sale en pantalla", respondí juguetona, sintiendo el pulso acelerado en mi cuello. El aire estaba cargado de tensión, como antes de una tormenta. Su dedo trazó un camino invisible por mi brazo, y un escalofrío me erizó la piel. Si no me besa ahora, me muero.

La noche cayó sobre el hotel boutique en el malecón, con vistas al Pacífico que brillaba bajo la luna. Mi habitación era un remanso de lujo: sábanas de algodón egipcio, velas de coco encendidas que perfumaban el aire, y una botella de tequila reposado esperándome en la mesita. Pero no estaba sola. Damián había subido con la excusa de repasar líneas para la próxima escena. "No vaya a ser que el abismo nos trague de verdad", bromeó al entrar, cerrando la puerta con un clic que sonó como una promesa.

Nos sentamos en la cama king size, guiones olvidados en el piso. Hablamos de todo: de cómo el elenco de la novela Abismo de Pasion se había convertido en familia, de las fiestas locas post-grabación, de deseos reprimidos por el contrato de exclusividad. Su mano encontró la mía, entrelazando dedos. "Rosa, desde el casting te vi y supe que eras mi perdición. Ese fuego en tus ojos... neta, me tienes loco".

Mi corazón latía como tamborazo zacatecano. Me acerqué, inhalando su esencia masculina mezclada con el tequila que habíamos probado. Nuestros labios se encontraron en un beso lento, exploratorio. Su lengua danzó con la mía, saboreando a agave y deseo. Gemí bajito cuando sus manos subieron por mis muslos, arrugando el short de pijama de seda. Qué chingón se siente esto, tan real, tan nuestro.

La intensidad creció como marea alta. Me quitó la blusa con urgencia, exponiendo mis senos al aire fresco de la habitación. Sus labios bajaron por mi cuello, mordisqueando la piel sensible, dejando rastros húmedos que olían a su saliva y mi perfume de jazmín. "Eres tan rica, nena", gruñó, mientras sus dedos jugaban con mis pezones, pellizcándolos hasta que arqueé la espalda. El sonido de su respiración agitada llenaba el cuarto, mezclado con el lejano romper de olas.

Le arranqué la playera, revelando su torso esculpido por horas en el gym. Pasé las uñas por su pecho, sintiendo los músculos contraerse bajo mi toque. Bajé la mano a su pantalón, sintiendo la dureza de su verga presionando contra la tela. "Te quiero dentro de mí, Damián. Hazme tuya", susurré, mi voz ronca de pura necesidad.

Esto es el abismo, y quiero caer de cabeza. Olvidarme del mundo, del set, de todo menos de su cuerpo sobre el mío.

Nos desvestimos mutuamente con fiebre, piel contra piel en un torbellino de sensaciones. Su boca devoró mis senos, chupando un pezón mientras masajeaba el otro. El placer era eléctrico, disparándose directo a mi entrepierna, donde ya sentía mi concha húmeda y palpitante. Lo empujé sobre la cama, montándome a horcajadas. Su verga erecta rozaba mi entrada, caliente y gruesa. Lo froté contra mis labios hinchados, lubricándonos con mis jugos, gimiendo ante la fricción deliciosa.

El clímax de nuestra pasión llegó como avalancha. Me hundí sobre él despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me llenaba por completo. "¡Ay, cabrón, qué grande estás!", jadeé, mientras empezaba a mover las caderas en círculos lentos. El slap de carne contra carne resonaba, acompañado de nuestros gemidos guturales. Sudor perlaba nuestras pieles, oliendo a sexo puro, a feromonas desatadas.

Damián embestía desde abajo, sus manos aferradas a mis nalgas, guiándome más profundo. "Muévete así, mi reina, qué rico te sientes", gruñía, sus ojos negros fijos en los míos. Cambiamos posiciones: él encima, mis piernas enredadas en su cintura. Cada estocada rozaba mi clítoris, enviando ondas de placer que me hacían ver estrellas. Lamí el sudor de su cuello, salado y adictivo, mientras mis uñas se clavaban en su espalda.

La tensión se acumulaba, coiling como resorte. "Me vengo, Damián... ¡no pares!", grité, y el orgasmo me golpeó como ola gigante. Mi concha se contrajo alrededor de su verga, ordeñándolo en espasmos interminables. Él rugió mi nombre, hundiéndose una última vez antes de derramarse dentro de mí, caliente y abundante. Nuestros cuerpos temblaron juntos, unidos en el éxtasis.

Colapsamos exhaustos, jadeantes. El aire olía a semen, sudor y nuestro amor clandestino. Sus dedos trazaban patrones perezosos en mi vientre, mientras el mar cantaba su nana fuera de la ventana.

Esto no es solo sexo. Es el verdadero abismo de pasión, y no quiero salir nunca.

Después, envueltos en las sábanas revueltas, compartimos un cigarro robado y risas suaves. "Mañana en el set va a ser interesante, con el elenco notando nuestras miradas", dijo él, besando mi frente. "Que noten, wey. Somos el alma de esta novela".

El amanecer nos encontró así, entrelazados, con el futuro lleno de promesas. El elenco de Abismo de Pasión seguiría brillando en pantalla, pero nuestro secreto ardía más fuerte que cualquier rating. En ese abismo, habíamos encontrado nuestro paraíso.

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