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Xvideos Pasion Ardiente

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Xvideos Pasion Ardiente

Era una noche calurosa en la Ciudad de México, de esas que te pegan el cuerpo al colchón con el sudor pegajoso. Yo, Ana, acababa de llegar del trabajo en mi oficina del centro, con el pinche tráfico de Insurgentes todavía zumbándome en la cabeza. Luis, mi carnal desde hace tres años, ya estaba en el depa de Polanco, tirado en el sofá con una chela fría en la mano. Neta, verlo así, con su playera ajustada marcando los músculos del gym y esa sonrisa pícara, me prendió el interruptor de inmediato.

—Órale, nena, ¿qué traes? —me dijo mientras me quitaba el bolso y me jalaba pa' sentarme en sus piernas.

Lo besé con hambre, sintiendo el sabor salado de su piel mezclado con el limón de la cerveza. Su lengua explorando la mía, como si quisiera devorarme entera. Pero algo andaba flojo en nuestra rutina; las folladas rápidas antes de dormir ya no bastaban. Quería más, algo que nos sacara del modo automático.

—Wey, ¿y si vemos algo chido pa' encender la máquina? —le propuse, mordiéndome el labio. Él levantó una ceja, intrigado.

Me levanté, caminé contoneándome hasta la laptop en la mesa del comedor. El aire olía a su colonia fuerte, a tacos de la esquina que habíamos pedido y a ese aroma nuestro, de deseo acumulado. Abrí el navegador y busqué xvideos pasion, ese sitio que tanto nos gustaba de vez en cuando. Encontré un video titulado justo así: Xvideos Pasion, con una pareja que se comía viva en una playa mexicana, olas rompiendo de fondo. Lo puse en la tele grande, bajé las luces y me regresé con él.

¿Por qué carajos no lo habíamos hecho antes? Mi concha ya palpitaba solo de imaginarlo.

Nos sentamos en el sofá, yo recargada en su pecho ancho. El video empezó: la chava gimiendo bajito mientras el vato le lamía el cuello, manos por todos lados. Luis me rodeó con su brazo, su mano bajando despacio por mi blusa, rozando mis chichis endurecidas. Sentí su aliento caliente en mi oreja, el corazón latiéndome como tambor en una fiesta de pueblo.

—¿Te late, mi reina? —susurró, y yo asentí, girándome pa' besarlo de nuevo. Nuestras lenguas bailaban al ritmo de los gemidos del video. El sonido de piel chocando, jadeos roncos, me erizaba la piel. Olía a mar en la pantalla, pero aquí era el perfume de Luis, terroso y macho.

Acto uno de nuestra noche: solo mirábamos, pero las manos ya no se quedaban quietas. Le quité la playera, besando su pecho velludo, lamiendo un pezón hasta que gruñó. Él desabrochó mi bra, liberando mis tetas con un pop suave. Las amasó, pellizcando los pezones rosados, enviando chispas directo a mi entrepierna. Mierda, qué rico.

El video avanzaba: la pareja ahora en la arena, ella cabalgándolo con furia. Yo me quité el pantalón, quedando en tanga negra. Luis se bajó el bóxer, su verga saltando libre, gruesa y venosa, ya brillando de precum. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel caliente. La masturbé despacio, oyendo su respiración entrecortada.

La tensión subía como el calor de un comal. En el video, gritaban de placer, pero nosotros íbamos más lento, saboreando. Luis me tumbó en el sofá, besando mi cuello, bajando por mi vientre. Su barba raspándome suave, lengua trazando círculos en mi ombligo. Llegó a mi tanga, oliendo mi excitación húmeda, almizclada. La apartó con los dientes y ¡ay, cabrón!, su lengua entró en mi concha como un rayo.

Sabía a mí, salada y dulce, y él la devoraba como si fuera su última cena. Gemí fuerte, arqueando la espalda, uñas clavadas en su pelo.

Me lamió el clítoris hinchado, chupando con labios carnosos, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo en mi punto G. El sonido era obsceno: chapoteo húmedo, mis jugos corriendo por sus dedos. Olía a sexo puro, a sudor y deseo. El video seguía de fondo, pero ya no importaba; éramos nosotros la estrella.

—Papi, no pares —le rogué, piernas temblando. Él aceleró, mi orgasmo building como volcán. Vine duro, gritando su nombre, concha contrayéndose alrededor de sus dedos, chorros calientes mojando el sofá.

Pero no paró ahí. Me volteó boca abajo, nalgueándome suave —un ¡zas! que resonó y me prendió más. Su verga rozó mi entrada, resbalosa. Entró despacio, centímetro por centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, el calor abrasador llenándome. Empujó hondo, hasta el fondo, y nos quedamos quietos un segundo, jadeando.

Middle game: follada intensa. Me cogía de perrito, manos en mis caderas, embestidas rítmicas. Piel contra piel, ¡plaf plaf plaf!, sudor goteando. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más, su verga golpeando mi cervix con placer punzante. Volteamos: yo encima, cabalgándolo como en el video. Sus manos en mis tetas rebotando, yo girando las caderas, frotando mi clítoris contra su pubis.

—¡Sí, nena, así! —gruñía él, ojos clavados en los míos. Olía a nosotros, a semen y jugos mezclados. El sofá crujía, la tele gemía en eco. Mi segundo orgasmo llegó como tsunami, chillando, uñas en su pecho. Él se tensó debajo, verga hinchándose, y explotó dentro, chorros calientes pintando mis paredes.

Nos quedamos unidos, respirando agitados. Salió despacio, semen chorreando por mis muslos. Me recargué en él, besos suaves ahora, tiernos.

El afterglow fue perfecto. Apagamos el video, que ya había terminado. Nos fuimos a la cama, desnudos, piel pegajosa. Él me abrazó por atrás, su verga semi-dura contra mis nalgas, pero ya no urgía más. Hablamos bajito: de lo chingón que había sido, de repetir con otros xvideos pasion. Reí, sintiendo su risa vibrar en mi espalda.

Esta noche no solo follamos; revivimos la pasión. Mañana, quién sabe, pero hoy, soy suya y él mío, neta.

El sueño llegó con su olor envolviéndome, el pulso calmándose, saboreando el eco del placer en mi cuerpo adolorido dulcemente. Polanco afuera zumbaba bajito, pero nuestro mundo era paz ardiente.

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