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Pasión de Cristo Iztapalapa en Vivo Desatada

6254 palabras

Pasión de Cristo Iztapalapa en Vivo Desatada

Tú caminas por las calles empedradas de Iztapalapa esa tarde de Viernes Santo el aire cargado de incienso y sudor de miles de cuerpos apiñados. La Pasión de Cristo Iztapalapa en vivo está en pleno apogeo los altavoces retumban con voces graves narrando el sufrimiento de Jesús mientras la multitud jadea y murmura oraciones. El sol pega fuerte en tu piel morena haciendo que tu blusa ligera se pegue a tus pechos sudados y tus shorts cortos rocen tus muslos con cada paso. Sientes un cosquilleo en el vientre esa mezcla de devoción y algo más prohibido algo que te hace apretar las piernas disimuladamente.

Entre la gente ves a un morro alto de ojos oscuros y brazos tatuados que carga una mochila al hombro. Él te mira fijo como si ya te conociera y tú sientes que el corazón te late más rápido. Órale qué chulo está este wey piensas mientras te acercas atraída por su sonrisa pícara. Se llama Alex un local que viene todos los años a ver el desmadre. "Qué onda güerita ¿vienes a ver la Pasión de Cristo Iztapalapa en vivo o a buscar problemas?" te dice con voz ronca acercándose tanto que hueles su colonia mezclada con el aroma terroso de la tierra caliente.

Hablan mientras la procesión avanza el Jesús de la obra carga la cruz a unos metros sus músculos tensos brillando bajo el sol falso de pintura y sudor. Tú y Alex se pegan más la multitud los empuja vuestros brazos se rozan enviando chispas por tu espina. "Me traes loca con esa mirada carnal" le susurras al oído y él ríe bajito "Tú ni te imaginas lo que te haría aquí mismo güey". El deseo crece lento como la tensión en el aire los gritos de la gente los tambores lejanos y el roce constante de su cadera contra la tuya te mojan las bragas sin remedio.

¿Por qué carajos me excita tanto este pinche ambiente religioso? La cruz el sufrimiento y yo pensando en su verga dura contra mí no mames qué puta estoy

Acto primero del deseo se enciende cuando él te toma la mano y te jala hacia un callejón angosto flanqueado por casas coloridas con veladoras en las ventanas. "Ven pa'cá mami no aguanto verte moverte así" murmura su aliento caliente en tu cuello. Te besa con hambre labios carnosos devorando los tuyos lengua invadiendo tu boca con sabor a chela y chicle de menta. Tus manos suben por su pecho firme sintiendo los latidos desbocados bajo la camisa mojada. Él gime bajito cuando aprietas su paquete ya tieso como piedra a través del pantalón.

Te empotra contra la pared áspera la fricción raspa tu espalda pero duele rico. Sus dedos bajan por tu blusa desabrochándola rápido exponiendo tus tetas al aire libre pezones duros como balas por el fresco repentino. "Qué ricas chichis" gruñe chupando uno lamiendo el otro con la lengua experta mientras tú arqueas la espalda gimiendo suave para no alertar a la chusma que pasa cerca. El olor a su sudor masculino te embriaga mezclado con el humo de copal de la procesión cercana. Tus uñas se clavan en su nuca tirando de su pelo negro revuelto.

La tensión sube cuando bajas la mano y le desabrochas el cinturón sacando su verga gruesa venosa palpitante en tu palma. Está que arde el cabrón piensas mientras la acaricias de arriba abajo sintiendo la piel suave sobre el acero. Él jadea "Avienta güerita no pares" y mete la mano en tus shorts dedos gruesos abriendo tu panocha empapada frotando el clítoris hinchado en círculos lentos. El jugo chorrea por tus muslos el sonido chapoteante ahogado por los cánticos lejanos de "Perdón perdón".

En el medio del fuego interno luchas un segundo ¿y si nos cachan aquí en plena Pasión de Cristo Iztapalapa en vivo? pero el miedo solo aviva la llama. Él te voltea de espaldas pantalón bajado hasta las rodillas y te levanta una pierna apoyándola en una caja vieja. Su verga roza tu entrada mojada resbalando adentro centímetro a centímetro estirándote deliciosamente. "¡Ay wey qué grande!" gritas bajito y él tapa tu boca con la mano empujando hondo hasta el fondo. El ritmo empieza lento embestidas profundas que te llenan por completo el choque de sus huevos contra tu culo resuena suave.

Sus manos amasan tus tetas pellizcando pezones mientras muerde tu hombro dejando marcas rojas. Tú empujas hacia atrás queriendo más frotando tu clítoris con los dedos el placer sube en olas el sudor nos une piel contra piel resbalosa. Oyes la voz del narrador "¡Ecce Homo!" y ríes entre gemidos porque así te sientes expuesta pecadora en éxtasis. Él acelera jadeando en tu oído "Te voy a romper la panocha rica" y tú respondes "Dame duro pendejo hazme venir".

Siento su verga palpitar dentro latiendo con mi corazón el mundo se reduce a esto al golpe al roce al olor de sexo crudo en este callejón bendito y maldito

La intensidad crece sus embestidas se vuelven salvajes te agarra del pelo tirando suave dominándote sin forzar solo puro acuerdo mutuo. Tus paredes lo aprietan ordeñándolo el orgasmo se acerca como una cruz pesada pero gozosa. "Me vengo cabrón" susurras y explotas temblores sacudiendo tu cuerpo jugos chorreando por sus bolas. Él gruñe profundo y se corre adentro chorros calientes llenándote hasta rebosar el semen tibio escurriendo por tus piernas.

Caen los dos jadeantes contra la pared él todavía dentro latiendo suave. Besos lentos ahora lenguas perezosas explorando el afterglow. "Qué chingón estuvo eso güerita" dice riendo limpiándote con su playera. Tú sonríes acomodándote la ropa el cuerpo flojo pero satisfecho. La multitud retumba cerca la Pasión de Cristo Iztapalapa en vivo sigue su curso Jesús azotado en la plaza pero tú ya tuviste tu propia pasión desatada.

Se despiden con un beso rápido promesas de chelear después números en el celular. Caminas de vuelta a la procesión piernas temblorosas sonrisa boba el sabor de él en tus labios el aroma de sexo pegado a tu piel. En Iztapalapa la pasión no solo es de Cristo es de carne viva ardiente y consentida piensas mientras te pierdes en la marea humana sintiendo el eco del placer en cada paso. El sol baja tiñendo todo de rojo como sangre divina y tuya mezcladas en secreto.

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