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La Pasión Musical

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La Pasión Musical

La noche en la Condesa estaba viva, con ese rumble de la ciudad que te eriza la piel. Entraste al bar La Pasión Musical, un antro chido donde la banda local armaba el desmadre con cumbia rebajada y toques de sonidero. El aire olía a mezcal ahumado, sudor fresco y ese perfume dulce de las flores que adornaban las mesas. Tus tacones resonaban contra el piso de madera gastada mientras te abrías paso entre la gente que bailaba pegadito, cuerpos rozándose sin pudor.

Ahí lo viste. El guitarrista principal, un morro alto y moreno con brazos tatuados que brillaban bajo las luces neón. Sus dedos volaban sobre las cuerdas, sacando notas que te vibraban en el pecho como un latido ajeno. La Pasión Musical, se llamaba la banda, y neta que lo reflejaban en cada acorde. Él te miró directo a los ojos mientras rasgueaba un solo que ponía a todos a sudar. Sentiste un cosquilleo en el estómago, ese que sube despacito hasta los muslos.

¿Qué chingados me pasa con este wey? Solo es un pinche músico, pero su forma de tocar... como si me estuviera acariciando el alma.

Terminó la rola y el bar explotó en aplausos. Bajó del escenario, secándose el sudor de la frente con el borde de su camiseta negra, que se pegaba a su pecho marcado. Caminó derecho hacia ti, con una sonrisa pícara que te mojó de golpe.

"Órale, morra, ¿te late la música? Soy Alex, el que arma el desmadre con la guitarra." Su voz era ronca, como gravel mezclado con tequila.

"Sí, carnal, me voló la cabeza. La Pasión Musical es la neta." Le contestaste, sintiendo el calor de su cuerpo cerca del tuyo. Pidieron unos chelas y se pusieron a platicar de rolas, de cómo la música te prende el fuego por dentro. Bailaron pegados, sus caderas contra las tuyas, el ritmo lento y pegajoso que te hacía restregarte sin querer. Sus manos en tu cintura, firmes pero suaves, oliendo a tabaco y esencia de vainilla.

La tensión crecía con cada vuelta. Su aliento en tu cuello, caliente, mientras te susurraba al oído: "Ven conmigo atrás, te quiero mostrar algo chingón." No lo pensaste dos veces. Lo seguiste por un pasillo oscuro, el sonido de la banda retumbando como un corazón acelerado.

En el cuartito del backstage, el aire estaba cargado de cables, amplificadores y ese olor a madera vieja y sudor masculino. Cerró la puerta y te acorraló contra la pared, sus labios rozando los tuyos. "Desde que te vi, supe que eras la rola perfecta para mi guitarra."

Lo besaste con hambre, tus lenguas enredándose como cuerdas afinadas. Sabía a cerveza fría y a deseo puro. Sus manos bajaron por tu espalda, apretando tu culo con esa fuerza que te hace gemir bajito. Te quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel que dejaba al aire. Tus pezones se endurecieron al toque de sus dedos callosos, ásperos por las cuerdas, pero que te acariciaban como seda.

¡Puta madre, este wey sabe lo que hace! Cada roce es como una nota que me sube la temperatura.

Te levantó en brazos y te sentó en una mesa llena de pedales y cables. Le desabrochaste el cinturón, sintiendo su verga dura presionando contra tus jeans. "Quítate eso, quiero verte toda." Te ordenó con voz grave, y obedeciste, quedando en tanga negra que ya estaba empapada. Él se bajó los pantalones, su miembro grueso y venoso saltando libre, palpitando por ti.

Lo tocaste primero, suave, sintiendo el calor que irradiaba, el pulso rápido bajo tu palma. Él gruñó, un sonido animal que te vibró en el clítoris. "Chúpamela, preciosa." Te arrodillaste, el piso frío contra tus rodillas, y lo metiste en la boca. Sabía salado, a piel caliente, y gemiste alrededor de él mientras lo chupabas profundo, tu lengua jugando con la cabeza sensible. Sus manos en tu pelo, guiándote sin forzar, solo acompañando el ritmo.

Pero no aguantó mucho. Te levantó, te volteó de espaldas y te bajó la tanga. Su lengua encontró tu coño primero, lamiendo despacio, saboreando tus jugos dulces y espesos. "Estás cañona, morra, tan mojada por la música." Sentiste su nariz rozando tu ano mientras chupaba tu clítoris, dos dedos entrando y saliendo, curvándose justo en ese punto que te hace ver estrellas. Tus piernas temblaban, el placer subiendo como una ola.

"Ya, métemela, Alex, no aguanto." Le suplicaste, arqueando la espalda. Él se paró detrás, la punta de su verga rozando tus labios hinchados. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. El dolor placer mezclado te arrancó un grito ahogado. Comenzó a bombear, lento al principio, cada embestida profunda tocando tu fondo. El sonido de piel contra piel se mezclaba con la música lejana, La Pasión Musical sonando como banda sonora perfecta.

Agarró tus tetas desde atrás, pellizcando los pezones mientras te taladraba más rápido. Sudor goteando por su pecho al tuyo, el olor de sexo llenando el cuarto. Tus paredes lo apretaban, ordeñándolo, y sentiste el orgasmo construyéndose, ese nudo en el vientre que explota.

¡Sí, cabrón, así! Me vengo, me vengo en tu verga...

Explotaste primero, gritando su nombre mientras tu coño se contraía en espasmos, jugos chorreando por tus muslos. Él no paró, siguió dándote hasta que gruñó fuerte y se corrió dentro, chorros calientes llenándote, su cuerpo temblando contra el tuyo.

Se quedaron así un rato, jadeando, pegados. Te giró y te besó suave, lamiendo el sudor de tu cuello. "Eres increíble, como una sinfonía que no quiero que acabe."

Salieron del backstage tomados de la mano, la banda tocando otra rola. Pidieron más chelas y bailaron de nuevo, pero ahora con un secreto compartido. Su mano en tu cintura, prometiendo más noches de la pasión musical.

De regreso a casa, en su depa en la Roma, la cosa escaló otra vez. Discos de vinilo girando en el tocadiscos, rolas de Caifanes y Control Machete llenando el aire. Se desnudaron en la sala, luz tenue de velas oliendo a canela mexicana. Esta vez fue más lento, exploratorio. Él te recostó en el sofá, besando desde los pies, lamiendo el arco que te hace cosquillas y placer a la vez. Subió por las pantorrillas, muslos, mordisqueando suave la carne sensible.

Llegó a tu coño otra vez, pero ahora con calma, lengua plana lamiendo largo, saboreando cada gota. Tus manos en su pelo, jalando mientras gemías bajito. "Me encanta cómo sabes, como miel de maguey." Introdujo tres dedos, estirándote, preparándote para más.

Te montaste encima, cabalgándolo despacio. Su verga llenándote completa, rozando cada nervio. Rebotabas, tetas saltando, él chupándolas con hambre. El ritmo aumentó, caderas chocando, sudor volando. Sentiste su pulgar en tu ano, presionando suave, y eso te llevó al borde otra vez.

"Córrete conmigo, Alex, lléname de nuevo." Ordenaste, y lo hizo. Ambos explotaron en un orgasmo compartido, cuerpos convulsionando, gritos mezclados con la música.

Después, acostados enredados, piel contra piel, el olor de sexo y velas impregnado en las sábanas. Él te acariciaba el pelo, susurrando: "La Pasión Musical no es solo la banda, es esto que armamos tú y yo."

Tú sonreíste, sintiendo el corazón latiendo al ritmo de su respiración. La noche había sido perfecta, un crescendo de deseo que dejó eco en tu cuerpo. Sabías que volverías por más, por esa conexión que vibraba como las cuerdas de su guitarra.

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