Pasion Prohibida Capitulo 90 El Susurro Ardiente
En el bullicio de la fiesta familiar en la casa de la colonia Roma, Ana sentía el calor de la noche mexicana pegándose a su piel como una promesa pecaminosa. El aire olía a tacos al pastor asándose en la parrilla del patio, mezclado con el dulzor de las flores de bugambilia que trepaban por las paredes. Llevaba un vestido rojo ajustado que acentuaba sus curvas, y cada vez que se movía, el roce de la tela contra sus muslos la hacía pensar en lo que realmente necesitaba esa noche. Su esposo, Luis, charlaba animado con los primos, cerveza en mano, ajeno a la tormenta que bullía dentro de ella.
Marco apareció de la nada, como siempre, con esa sonrisa pícara que le aceleraba el pulso. Era el mejor amigo de Luis desde la uni, alto, moreno, con ojos negros que prometían travesuras. Órale, Ana, ¿qué onda? Te ves chida esta noche
, le dijo bajito, acercándose lo suficiente para que ella oliera su colonia fresca, con notas de madera y cítricos que la mareaban.
¿Por qué carajos me hace esto? Es prohibido, neta, pero su mirada me quema. Pasion prohibida, capitulo 90 de esta maldita telenovela que es mi vida.
Ana tragó saliva, sintiendo un cosquilleo en el vientre. Gracias, Marco. Tú tampoco estás tan mal, pendejo
, respondió juguetona, dándole un golpecito en el brazo. Sus dedos se demoraron un segundo de más en su piel firme, y el contacto envió una descarga eléctrica directo a su centro.
La fiesta avanzaba con mariachis tocando El Rey a todo volumen, risas y clinks de botellas. Pero entre ellos, el mundo se reducía a miradas robadas. Él le rozaba la cintura al pasar, fingiendo casualidad; ella se inclinaba cerca cuando le servía un trago, dejando que su aliento cálido le erizara la nuca. La tensión crecía como el calor de un tequila reposado bajando por la garganta, ardiente y adictivo.
De pronto, Luis anunció que iba por más chelas al Oxxo de la esquina. Vuelvo en un rato, carnales
. El corazón de Ana latió con fuerza. Marco la miró, y sin palabras, le hizo una seña hacia el pasillo oscuro que llevaba al cuarto de huéspedes.
No debería. Es mi mejor amigo, el carnal de mi marido. Pero quiero esto. Neta, lo necesito.
Se escabulleron como ladroncitos, riendo bajito. La puerta se cerró con un clic suave, y el mundo exterior se apagó. Solo quedaban ellos, el olor a sábanas limpias y el jadeo inicial de anticipación. Marco la arrinconó contra la pared, sus manos grandes explorando su cintura, subiendo lento por sus costados.
Desde que te vi entrar, no aguanto más, Ana. Eres fuego puro
, murmuró contra su cuello, su voz ronca como grava. Sus labios rozaron su piel, saboreando el salado leve de su sudor, y ella arqueó la espalda, gimiendo bajito. El sonido de su propia voz la sorprendió, cruda y necesitada.
Las manos de él bajaron a sus muslos, levantando el vestido con deliberada lentitud. El aire fresco besó su piel expuesta, contrastando con el calor de sus palmas. Qué rico te sientes, nena. Tan suave, tan mía esta noche
. Ana metió las manos bajo su camisa, sintiendo los músculos duros de su abdomen contra sus yemas, el vello áspero que la hacía salivar.
Se besaron con hambre, lenguas enredándose en un baile salvaje. Sabía a tequila y a menta, un sabor que la volvía loca. Sus caderas se presionaron, y ella sintió su dureza contra su vientre, pulsante y lista. Marco... despacio, cabrón, o me vengo ya
, jadeó ella, arañando su espalda.
Él la levantó sin esfuerzo, piernas de Ana rodeándolo como enredaderas. La depositó en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso con un suspiro mullido. Se quitó la camisa de un tirón, revelando un torso esculpido por horas en el gym. Ana lo devoró con los ojos, lamiéndose los labios. Ven acá, pendejo. Quiero probarte
.
Marco se arrodilló entre sus piernas, besando un camino ardiente desde sus tobillos hasta el interior de sus muslos. El roce de su barba incipiente la hacía temblar, ondas de placer subiendo como mareas. Cuando llegó a su centro, ya húmeda y palpitante, inhaló profundo. Hueles a pecado, Ana. A pasion prohibida en su mejor capitulo
. Su lengua la tocó, un lametón largo y lento, y ella gritó, agarrando las sábanas.
El placer era una sinfonía: el chasquido húmedo de su boca, sus gemidos vibrando contra ella, el olor almizclado de su excitación mezclándose con el de él. Ana se retorcía, caderas alzándose para más.
¡Dios, qué chingón es esto! Cada roce me deshace. No pares, neta.
Pero él se detuvo, subiendo para besarla de nuevo, compartiendo su propio sabor en su boca. Ahora tú, mi reina
. Ana lo empujó boca arriba, desabrochando su jeans con dedos ansiosos. Su miembro saltó libre, grueso y venoso, goteando anticipación. Lo tomó en la mano, sintiendo el calor satinado, el pulso rápido bajo su palma. Bajó la cabeza, lamiendo la punta con deleite, salado y masculino.
Lo succionó profundo, oyendo sus gruñidos guturales, el sonido de su placer la empoderaba. ¡Ana, carajo! Eres una diosa
. Ella aceleró, lengua girando, mano bombeando, hasta que él la detuvo, ojos en llamas. Adentro, ahora. Te necesito adentro
.
Se posicionó sobre él, guiándolo a su entrada resbaladiza. Bajó lento, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo estirándola, llenándola por completo. El roce era exquisito, paredes internas apretándolo como guante. Comenzaron a moverse, un ritmo primitivo: ella cabalgando, pechos rebotando, él embistiendo desde abajo con fuerza controlada.
El cuarto se llenó de sonidos eróticos: piel contra piel, jadeos entrecortados, la cama crujiendo en protesta. Sudor perlaba sus cuerpos, brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Ana clavó uñas en su pecho, dejando marcas rojas. Más fuerte, Marco. ¡Dame todo!
Él obedeció, volteándola para ponérsela por atrás, una mano en su cadera, la otra enredada en su cabello.
Desde esa posición, la penetraba profundo, golpeando ese punto que la hacía ver estrellas. El placer crecía en espiral, tensión coiling en su vientre como resorte.
Es demasiado. Voy a explotar. Esta pasion prohibida, capitulo 90, es el mejor de todos.Gritos ahogados escapaban de sus labios, el clímax la golpeó como ola gigante: contracciones pulsantes, visión borrosa, un alarido que mordió para sofocar.
Marco la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro de ella, calor líquido inundándola. Colapsaron juntos, cuerpos entrelazados, respiraciones sincronizadas en el afterglow. Su piel pegajosa contra la de él, el olor a sexo impregnando el aire, un perfume embriagador.
Se quedaron así, acariciándose perezosos. Esto no puede parar, Ana. Eres adictiva
, susurró él, besando su hombro. Ella sonrió, trazando patrones en su pecho con un dedo. Ni lo sueñes, pendejo. Pero tenemos que ser cuidadosos. Luis no puede enterarse
.
Minutos después, se vistieron entre risas y besos robados, arreglándose el cabello desordenado. Salieron por separado, volviendo a la fiesta como si nada. Pero Ana sentía el eco de él en su cuerpo, la promesa de más capítulos en esta pasion prohibida.
Esa noche, en la cama junto a Luis dormido, cerró los ojos recordando cada roce.
Capitulo 90 completado. ¿Qué vendrá en el 91? Solo sé que no puedo esperar.El corazón le latía con renovada vida, saboreando el secreto dulce que la hacía sentir viva de nuevo.