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Noches de Pasion XXX

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Noches de Pasion XXX

La noche en la Ciudad de México te envuelve como un abrazo caliente y pegajoso. Las luces de neón parpadean en las calles del Centro Histórico, el olor a tacos al pastor y el humo de los elotes asados flota en el aire húmedo. Tú caminas por la avenida, con ese vestido rojo ceñido que resalta tus curvas, sintiendo el pulso de la ciudad latiendo en tus venas. Has venido a soltar el estrés de la semana, a buscar algo que te haga olvidar el pinche trabajo de oficina. Qué chido sería encontrar a alguien que me prenda como fogata de Día de Muertos, piensas mientras entras a un bar escondido, con mariachis tocando de fondo y el tintineo de vasos chocando.

Allí está él, recargado en la barra, con una camisa negra desabotonada que deja ver un pecho moreno y tatuado. Moreno chaparro, pero con ojos que te clavan como tequila reposado. Te mira, sonríe con picardía y levanta su vaso.

"¿Qué onda, güerita? ¿Te invito un trago o qué?"
Su voz es grave, con ese acento chilango puro que te eriza la piel. Te acercas, sientes el calor de su cuerpo a metros de distancia, el aroma a su colonia mezclada con sudor fresco.

Charlan de todo y nada: del tráfico cabrón de Insurgentes, de cómo el metro apesta a cebolla, de sueños locos que nunca se cumplen. Cada risa compartida es como un roce eléctrico. Él se llama Alex, carnal de un carnal tuyo, pero eso no importa. Lo que importa es cómo su mano roza la tuya al pasarte el shot de tequila, cómo el líquido quema tu garganta y despierta un fuego en tu vientre. No mames, este wey me está poniendo caliente sin tocarme. La tensión crece con cada mirada, cada sorbo. Sus ojos recorren tu escote, y tú sientes tus pezones endurecerse bajo la tela delgada.

La música cambia a un corrido romántico, y él te jala a la pista improvisada. Bailan pegados, sus caderas contra las tuyas, el ritmo lento que imita el vaivén de cuerpos enredados. Sientes su verga endureciéndose contra tu muslo, dura y prometedora. Pinche pendejo, ya me tienes mojadita. Te susurra al oído:

"Estas noches de pasion xxx se ponen mejor con compañía como la tuya, mami."
La frase te prende, evoca imágenes sucias de placer sin fin, y respondes mordiéndote el labio, presionando más contra él.

Ya no aguantan. Salen del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco contra vuestras pieles ardientes. Caminan rápido hacia su depa en la Condesa, riendo como chavos, tropezando con el deseo. El elevador sube lento, y ahí no esperan: sus labios chocan contra los tuyos, lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y menta. Tus manos en su cabello, tirando suave, mientras él aprieta tu culo con fuerza posesiva pero tierna. Sí, cabrón, así, no pares.

En su cuarto, luces tenues de la ciudad filtrándose por las cortinas. Te quita el vestido despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. El roce de sus labios en tu cuello, el mordisco suave en tu clavícula, te hace gemir bajito. Caes en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio oliendo a lavanda. Él se desnuda, su cuerpo atlético reluciendo bajo la luz, verga gruesa y venosa palpitando por ti. Te mira con hambre:

"Eres una diosa, güera. Déjame adorarte."

Te besa el vientre, baja lento, torturándote con la anticipación. Su aliento caliente en tus muslos internos, el olor a tu excitación llenando el aire. Lame tus labios mayores, suave al principio, luego chupa tu clítoris con maestría, haciendo que arquees la espalda. ¡Qué rico, wey! No pares, lame más fuerte. Tus jugos lo mojan la cara, gimes su nombre mientras tus caderas se mueven solas contra su boca. Introduce dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto G que te hace ver estrellas. El sonido húmedo de succión, tus jadeos mezclados con su gruñido animal, todo sube la intensidad.

Pero quieres más. Lo jalas arriba, volteas para montarlo. Su verga entra en ti de un solo empujón, llenándote hasta el fondo. ¡Ay, Dios! Está tan dura, tan gruesa. Cabalgas despacio al inicio, sintiendo cada vena rozar tus paredes internas, el roce delicioso que te hace temblar. Él agarra tus tetas, pellizca los pezones rosados, gimiendo:

"Muévete así, mami, qué chingón se siente tu panocha apretada."
Aceleras, piel contra piel chapoteando, sudor perlando vuestros cuerpos. El olor a sexo crudo impregna la habitación, tus pechos rebotando con cada embestida.

Cambian posiciones como en una coreografía perfecta. De lado, él atrás, penetrándote profundo mientras besa tu nuca, una mano en tu clítoris frotando en círculos. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola gigante en tu bajo vientre. Voy a venirme, pinche Alex, no pares. Él acelera, sus bolas golpeando tu culo, gruñendo ronco. Explotas primero, contrayéndote alrededor de su verga, chorros de placer mojando las sábanas. Él te sigue, corriéndose dentro con un rugido, semen caliente llenándote, pulsando una y otra vez.

Pero las noches de pasion xxx no acaban ahí. Descansan jadeantes, cuerpos enredados, su corazón latiendo contra tu espalda. Charlan susurros, risas pícaras sobre lo cabrón que fue. Te voltea boca arriba, besa tus labios hinchados, y su verga revive, dura de nuevo. Esta vez misionero, lento y profundo, mirándose a los ojos. Sientes cada centímetro deslizándose, el roce tortuoso que enciende nervios nuevos. Sus manos en tus caderas, guiando el ritmo, tetas presionadas contra su pecho velludo.

El segundo round sube más intenso. Él te come las tetas, succiona un pezón mientras embiste fuerte, la cama crujiendo bajo el peso. Tú clavas uñas en su espalda, dejando marcas rojas de pasión.

"Dame todo, carnal, hazme tuya"
, le ruegas. Él obedece, acelerando hasta que el placer es insoportable. Vienes de nuevo, gritando su nombre, piernas temblando alrededor de su cintura. Él se sale justo a tiempo, eyaculando en tu vientre, chorros calientes pintando tu piel morena.

Caen exhaustos, el amanecer tiñendo el cielo de rosa. Sudor evaporándose, aromas a sexo y amor flotando. Él te abraza, besa tu frente:

"Qué noche, güerita. Repetimos cuando quieras."
Tú sonríes, satisfecha, el cuerpo pesado de placer pero el alma ligera. Estas noches de pasion xxx son las que hacen que la vida valga la pena, no mames. Duermes en sus brazos, soñando con más noches así, en esta ciudad que nunca duerme.

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