Pasión Cap 2
Ana se paró frente al espejo del elevador, ajustándose el escote de su vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como una promesa pecaminosa. El corazón le latía con fuerza, un tamborileo que resonaba en sus oídos mientras subía al piso 15 del hotel en la Zona Rosa. Hacía una semana, en Pasión Cap 1, Diego la había llevado al borde del éxtasis en esa misma ciudad, y ahora, la anticipación la tenía mojadita solo de recordarlo. Olía a jazmín y vainilla, su perfume favorito, mezclado con el leve aroma salado de su propia excitación.
Las puertas se abrieron con un ding suave, y ahí estaba él, recargado en el marco de la suite, con una camisa blanca desabotonada hasta la mitad, dejando ver el vello oscuro en su pecho moreno. Sus ojos cafés la devoraron de arriba abajo, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios carnosos. “Ven acá, mi reina”, murmuró con esa voz grave que le erizaba la piel.
Ana se acercó, sintiendo el pulso acelerado en su cuello. Sus manos se encontraron, y el roce fue eléctrico, como chispas en la noche húmeda de México. Él la jaló hacia adentro, cerrando la puerta con un pie mientras sus bocas se fundían en un beso hambriento. Saboreó el tequila en su lengua, fuerte y dulce, mientras sus dedos se enredaban en su cabello negro ondulado. ¡Chingado, este hombre sabe besar!, pensó ella, presionando su cuerpo contra el suyo, notando la dureza que ya crecía en sus pantalones.
¿Por qué me hace esto? Cada vez que lo veo, pierdo el control. Es como si mi cuerpo gritara por él, pidiendo más.
La habitación estaba bañada en luz tenue de velas aromáticas a canela y mango, típicas de un fin de semana romántico en la CDMX. Música de fondo, un bolero suave de Agustín Lara, flotaba en el aire, envolviéndolos en un ambiente cargado de promesas. Diego la llevó a la terraza, donde la brisa nocturna jugaba con las luces de la ciudad. Tomaron copas de mezcal ahumado, el líquido quemaba su garganta y avivaba el fuego en su vientre.
“Te extrañé, Ana. Todo el pinche día pensando en tu piel suave, en cómo gimes mi nombre”, le susurró al oído, su aliento caliente rozándole la oreja. Ella se estremeció, un cosquilleo bajando por su espina dorsal hasta entre sus piernas. Sus manos expertas bajaron por su espalda, apretando sus nalgas firmes bajo la tela delgada. Ana jadeó, arqueándose contra él, sintiendo el calor de su erección presionando su monte de Venus.
Regresaron adentro, bailando pegados, sus caderas moviéndose al ritmo sensual. El sudor comenzaba a perlar sus frentes, un olor almizclado y excitante que llenaba el cuarto. Ana deslizó las manos bajo su camisa, tocando los músculos duros de su abdomen, arañando ligeramente con las uñas. “Eres un güey peligroso, Diego. Me traes loca”, le dijo riendo bajito, mordisqueando su labio inferior.
Él respondió quitándole el vestido con lentitud agonizante, besando cada centímetro de piel que revelaba. El aire fresco besó sus senos liberados, pezones endurecidos como piedritas rosadas. Diego los lamió con devoción, succionando uno mientras pellizcaba el otro, enviando ondas de placer directo a su clítoris hinchado. Ana gimió, un sonido gutural que reverberó en las paredes. Su lengua es fuego puro, me está derritiendo.
La tensión crecía como una tormenta. Ana lo empujó al sofá de cuero negro, arrodillándose entre sus piernas. Desabrochó su cinturón con dedos temblorosos, liberando su verga gruesa y venosa, palpitante de deseo. El olor masculino, a sudor limpio y excitación, la embriagó. La tomó en su mano, acariciándola de la base a la punta, viendo cómo una gota perlina brotaba. “Mírate, tan dura por mí. Qué rico se ve”, murmuró, antes de lamerla desde los huevos hasta la cabeza, saboreando la sal de su pre-semen.
Diego gruñó, enredando los dedos en su melena. “¡Ay, cabrona, qué chido! Chúpamela más profundo”. Ella obedeció, tragándosela hasta la garganta, el sonido húmedo de succión llenando el espacio. Sus mejillas se hundían con cada movimiento, saliva escurriendo por su barbilla. Él la miró con ojos en llamas, el pecho subiendo y bajando rápido.
Esto es Pasión Cap 2, el siguiente nivel. No puedo parar, no quiero parar. Su sabor me enloquece, me hace sentir poderosa, dueña de su placer.
Pero Diego no era de los que se rinden fácil. La levantó como si no pesara, llevándola a la cama king size con sábanas de algodón egipcio. La tumbó boca arriba, abriéndole las piernas con gentileza posesiva. Besó su interior de muslos, mordisqueando la carne suave, hasta llegar a su concha depilada, reluciente de jugos. El primer lametón fue largo y plano, saboreando su néctar dulce y ácido. Ana gritó, clavando las uñas en las sábanas. “¡Sí, ahí, no pares, pendejo!”
Su lengua danzaba en círculos alrededor del clítoris, chupándolo como un caramelo, mientras dos dedos gruesos se hundían en su interior resbaladizo. La follaba con ellos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía ver estrellas. El sonido era obsceno: chap chap chap, mezclado con sus gemidos ahogados. Olía a sexo puro, a deseo desatado. Ana se retorcía, caderas alzándose para follarse su boca, el orgasmo construyéndose como una ola imparable.
Justo cuando estaba al borde, él se detuvo, sonriendo malicioso. “Aún no, mi amor. Quiero correrme contigo adentro”. Se colocó entre sus piernas, frotando la cabeza de su verga contra su entrada, lubricándola. Ana lo miró suplicante, por favor, métemela ya. Con un empujón lento, la penetró, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos jadearon al unísono, sintiendo el calor apretado envolviéndolo.
Comenzaron a moverse, un ritmo pausado al principio, saboreando cada embestida. Sus pieles chocaban con palmadas húmedas, sudor goteando entre sus cuerpos. Diego la besaba con fiereza, mordiendo su cuello, dejando marcas rojas que mañana dolerían rico. Ana arañaba su espalda, dejando surcos rojos, “Más fuerte, cabrón, rómpeme”. Él aceleró, follando profundo y rápido, sus bolas golpeando su culo con cada estocada.
Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como una amazona. Sus tetas rebotaban, él las amasaba mientras ella giraba las caderas, moliendo su clítoris contra su pubis. El placer era cegador, pulsos latiendo en sincronía. Siento su verga tan honda, tocando mi alma. Diego se incorporó, chupando sus pezones mientras la ayudaba a subir y bajar, gruñendo como animal.
El clímax llegó como un terremoto. Ana se tensó primero, su concha contrayéndose en espasmos alrededor de él, gritando su nombre mientras chorros de placer la sacudían. “¡Me vengo, Diego, ayúdame!”. Eso lo llevó al límite; con un rugido, se hundió una última vez, eyaculando dentro de ella en chorros calientes y espesos, llenándola hasta rebosar.
Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Diego la abrazó por detrás, besando su hombro mientras el corazón les martilleaba en unisono. El aroma a sexo y velas impregnaba el aire, una sinfonía de satisfacción. Ana sonrió en la penumbra, sintiendo su semen escurrir entre sus muslos.
Esta es Pasión Cap 2, pero sé que habrá más. Con él, cada noche es un capítulo nuevo de fuego eterno.
Se durmieron así, enredados, con la ciudad susurrando promesas afuera. Al amanecer, Ana despertó con su mano entre sus piernas, lista para otro round. Pero por ahora, el afterglow era perfecto, un cierre dulce que la dejaba anhelando el próximo encuentro.